Con este sortilegio por años se las arregló para mostrarse ante el público como el hombre exitoso, dueño de un jet privado, amigo de Sir Richard Branson, como uno de los primeros accionistas en Google donde —dijo— invirtió 10 mil dólares. En fin, un adelantado a su tiempo que tenía en su portafolio de negocios a marcas como Uber y Snapchat, que aseguró haber estudiado en Stanford, aunque ahora en la prestigiosa universidad de Palo Alto nadie ha escuchado hablar de él…

¿Cómo Alberto Chang logró engañar a tanta gente y durante tanto tiempo? Y estamos hablando de personas con educación, con redes y conocimiento del sistema. No como los que creyeron a pie juntillas en los quesitos milagrosos de Madame Gil, o en los tentadores resultados de AC Inversions. Aunque lo que los une a todos, desde el mismo Chang para abajo, es la ilusión del dinero fácil, la magia de multiplicar los pesos o dólares de forma rápida. Así nadie cuestionó y si no hubiesen mermado las ganancias, la ilusión seguiría intacta. Por eso el personaje de la semana tiene que ver con el engaño de cuello y corbata que se vuelve evidente cuando el daño ya ha calado muy profundo. Con esa antigua debilidad por la pillería.

Su capacidad para construir realidades, corregidas, mejoradas y aumentadas, eran las artes del hipnotista. También demostró ser todo un profesional del escapismo: desde el 12 de marzo que se ignoraba su paradero hasta que apareció en Malta —una pequeña república insular ubicada al sur de Italia, sin tratado de extradición—, donde tiene una casa. Desde ahí dijo que su exitoso negocio no era un engaño, que estaba en conversaciones con los fiscales y que devolvería hasta el último céntimo de los 100 millones de dólares que le confiaron sus más de 800 clientes… Aunque después fueron los mismos fiscales quienes lo desmintieron y levantaron una alerta ante la Interpol.

Hoy sus abogados, Carlos Castro y José Hinzpeter descartaron que su defendido sea un prófugo de la justicia. Mientras Chang, en su acto final, mantiene el suspenso y apuesta al que probablemente será su mejor acto: el gran escape.