Hay quienes buscan ser consecuentes durante toda su vida. Se pasan buscando dañar lo menos posible el planeta y quieren darle un uso amigable hasta a sus desechos.

Hacen de la 3R su mantra, por eso se preocupan hasta el último minuto de su vida de dejar una huella hídrica o de carbono lo más baja posible. Y justamente son ellos los que han inspirado una curiosa pero positiva forma de reemplazar los ataúdes por cápsulas elaboradas de plástico de almidón y que son biodegradables, esto con el fin de crear verdaderos cementerios verdes.

La idea, llamada Cápsula Mundi, surgió en Italia y consiste en poner a la persona fallecida en una cápsula, luego es enterrado y sobre él se planta un árbol o semillas a elección. Con el tiempo en lugar de un cementerio lleno de lápidas se podría ver mucho verde y árboles, un bosque al que han llamado “el bosque sagrado”.

Aún en la categoría de proyecto – al menos en Italia la legislación no permite esta forma de enterrar los cuerpos, por orgánica que sea- ha captado la simpatías en diversos puntos del globo y ha llevado a muchos a reflexionar sobre la ayuda que podemos dejar utilizando recursos como la madera.

Aunque en nuestra cultura la muerte tiene tintes de tabú, hay que ser prácticos y ya que ese momento llegará inevitablemente es mejor pensar con tiempo qué nos gustaría que ocurriera con nosotros.

Al menos a mi me encanta la idea de ayudar en el crecimiento de un árbol bajo cuya sombra mis seres queridos encuentren refugio.

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