El abuso en la industria del espectáculo y el caso Nicolás López

Vino unos días a Chile, al cumpleaños de su sobrina y ahijada Julia, y para asistir al estreno de su última película American Huaso; una comedia romántica de campo donde Ignacia Allamand (37) hace el papel de ‘la rucia’, una prostituta de pueblo que se enreda en una balacera y termina en aventuras con el protagonista.

Hace casi un año que la actriz dejó todo: amigos, familia, 15 años de carrera, varios protagónicos en series de Chilevisión y roles en las películas de su amigo Nicolás López. Partió a México a buscar oportunidades laborales y también a iniciar una nueva vida. Estaba desencantada de cómo se manejan las cosas en Chile. Se enamoró de la capital azteca cuando fue de vacaciones en 2016 y de la cual, asegura, no pretende moverse por un largo rato. “Es una ciudad que vibra conmigo, muy viva, ubicada en un lugar estratégico, barata, multicultural y donde el mundo audiovisual dejó de mirar a Estados Unidos y empezó a generar un mercado más propio”.

Allá hizo un par de películas —Hazlo como hombre y Una mujer sin filtro— y acaba de terminar de filmar En las buenas y en las malas que se estrenará en marzo, a la vez que graba la teleserie juvenil Like, que transmite canal Las Estrellas (Televisa) y que ya se vendió a más de 15 países en Latinoamérica y Europa. Como si fuera poco, en diciembre hará una nueva cinta independiente, Naipes, la cual está contemplada llevarla al teatro con ella de protagonista. Una serie de proyectos que a Ignacia la tienen entretenida y le han devuelto el entusiasmo que había perdido en los últimos años.

“La industria chilena es tan pequeña, que una vez que logras cierto reconocimiento tu energía se enfoca en no perder ese lugar. Ahí debes mantenerte, mientras sube tu valoración y ganas cada vez más plata. Veo a mis compañeros actores, que están cada día más encerrados en sí mismos, encasillados en un papel. A mí jamás me probaron en otro tipo de personajes. México en ese aspecto ha sido una apertura; no siento que debo cumplir con expectativas ni que mis roles tengan que ver con mi apellido. Puedo ser perfectamente una colombiana de Pantaleón… Acá no tenía muchas oportunidades y además se prioriza otro tipo de personalidad. Yo soy más opinante, de decir lo que pienso. Y pasa que si no le caes bien a la persona que manda en un proyecto, ¡jodiste nomás!”.

—¿Por eso dejaron de llamarla de los canales?

—Fue una mezcla. Cuando me separé en 2011 (del actor Tiago Correa) Chilevisión me hizo una oferta súper buena, pero no me sentí emocionalmente apta para tomarla. Estaba viviendo una separación dolorosa, no quería amarrarme ni tampoco sabía si en cinco meses más iba a querer compartir elenco con mi ex. Me fui de viaje, siempre pensando que estarían las puertas abiertas. Regresé a fines de ese año, rearmada, dispuesta a reincorporarme, pero en CHV hubo una reestructuración y el nuevo director del proyecto, Vicente Sabatini, me dijo que no estaba considerada ni quería trabajar conmigo, entre otras cosas, porque yo traía problemas de camarín.

—¿Quiso decir que era conflictiva?

—Sí. Después supe que para esa teleserie (La Sexóloga) había contratado a mi ex marido y a dos actrices con las que se había metido durante nuestro matrimonio, pero resulta que la que generaba problemas ¡era yo! Fue una discriminación machista. ¿Por qué no le dijeron a él que traía problemas de camarín? ¿Porque es macho?… Me vino una desilusión grande con todo, cómo algo tan pequeño podía definir tanto. Me desencanté, me aburrí de hacer siempre lo mismo, de rogar que te consideren y poco menos que dar gracias porque te dan pega. Puedo gustar o no como actriz, pero me he preparado, formado, tomé cursos en España, pero al final todo se reduce en a quién hay que hacerle la pata…

—¿Ese fue el inicio de su alejamiento del medio?

—Hace siete años sí, empecé a ver las cosas desde otro lugar, me di cuenta de que en esto un día sirves y al otro no. Entonces me concentré en hacer películas con la productora Sobras, un poco de teatro y comencé a hacer radio, que me cambió la cabeza. Durante mucho tiempo llevé una vida muy hermética, con una relación de pareja compleja y me hago responsable de haber estado ahí, de haber escogido esa pareja, aunque no de que me pusieran el gorro.

—¿Por qué fue tan complejo su matrimonio?

—Hubo muchas mentiras, mucha infidelidad, no de parte mía… Dudaba de mi propio instinto, sentía y percibía una cosa, pero a la vez me decían que no era así. Justo en ese tiempo estaba partiendo la farándula y yo, alguien público, ¡tenía terror de que apareciera en la portada de LUN mi pareja con otra persona! Me fui para adentro, sentía vergüenza, de estar pisando huevos todo el tiempo. Sin embargo, a la vez, tenía una relación linda, una casa bonita, amigos, ¡una doble vida! Fue complejo, tuve que rearmarme. De pronto me vi sin casa, sin marido, sin pega y con el cartel de problemas de camarín. Pero esto ayudó a darme cuenta de que al final no es lo más importante tener cierta pega, sueldo o auto.

—¿Lo económico pasó a ser lo más importante para usted?

—Era importante, aquí en Chile eso es lo que te valida. La manera en que la sociedad te ve, modifica tu conducta y vives tratando de cumplir esas expectativas. Pero cambié mi forma de vivir. La energía que gastaba por mantener una estructura, podía ocuparla para establecer otra cosa que me hiciera más feliz. Me volví más cercana, entré a la radio, me gustó hablar con la gente, me relajé. Cuando no tienes que andar escondida porque tu marido te caga, eres más tú, bajas tus barreras. Entendí que soy sencilla, que no necesito muchas cosas. Me pasaba que si quería ir a un evento o exposición, tenía que ir vestida de tal manera. Las redes sociales cambiaron el juego, se perdió el respeto. El like se convirtió en el dedo del circo romano. Por eso mis ganas de estar en un lugar donde pudiera concentrarme en mí, levantarme y decidir qué ponerme y qué hacer sin pensar que mi papá, que mi apellido, que mi ex… ¡que lata!

SU MIRADA DEL CASO NICOLÁS LÓPEZ

—Estando en México se desató la ola de acusaciones por abuso sexual en contra de Nicolás López. ¿Qué pasó con usted y por qué su silencio?

—Es un tema delicado, somos muy amigos. Cuando surge un escándalo de este tipo, la gente se apresura en pedir explicaciones o en buscar responsabilidades en el entorno más cercano del acusado, sin considerar que ese entorno también vive un duelo, que está frente a una situación nueva y no siempre sabe cómo reaccionar. Hay poco respeto por ese espacio emocional, como pasó con Paz Bascuñán y Miguel Asensio. Se exige de manera violenta e irrespetuosa que demos una opinión acabada de una situación que los denunciantes demoran 10 o 12 años en hablar. Y para condenar el abuso, muchos sin darse cuenta caen en abusos verbales, en los insultos. Tiene que haber respeto por el derecho del otro de no querer hacer un comentario público sobre una situación privada.

—Pero la gente querrá conocer su postura.

—La vida no es tan simple, y uno no puede estar en contra o a favor de una situación que tiene dos puntos de vista y que se nos ha permitido conocer sólo uno. Nicolás quiere dar su versión, pero por temas de su defensa y de fiscalía no puede hablar. Entiendo que hay mujeres que se sintieron profundamente incómodas con algunas conductas inapropiadas de Nicolás que claramente él no vio ni leyó. Una conducta abusiva siempre será responsabilidad del abusador, ¡siempre! Y también creo que hoy más que nunca tenemos que ser muy claras, entregar las señales correctas desde el principio para no exponernos a vivir situaciones dolorosas. La seducción y la conquista tienen un lenguaje no verbal, por eso cuando algo no nos parece y no nos acomoda, ¡debemos expresarlo! Este proceso social de denunciar es necesario y me parece bien que se investigue. Ninguna mujer debiera sentir jamás que debe comportarse de tal manera por miedo a las reacciones de un hombre. Pero también pienso que por los anticuerpos que genera la personalidad de Nicolás e incluso sus películas, existe permiso para decir cualquier cosa sin que nadie averigüe cuáles son ciertas y cuáles no. Hay información en ese reportaje que no es verdad (de revista El Sábado).

—¿A cuáles se refiere?

—Nicolás no consume drogas. Después sale una persona hablando que fue su ex pareja pero no dan ese antecedente. La presentan como la dueña de la agencia Versus y que supo de tal situación, ¡y es la ex polola! Insisto, no digo que Nicolás no se haya equivocado bastante, pero también creo que se está hablando con liviandad. Lo mediático del caso hace que muchas cosas se salgan de proporción. Hace años viví una situación compleja cuando se me detuvo en un control de tránsito y yo iba con alcohol. Asumí mi responsabilidad, pedí perdón de inmediato, pero ocurrió que salieron reportajes que no tenían relación con la realidad. Mi alcoholemia marcó 1.2 y se hablaba de 2.2 y 2.8… Además, me pasa otra cosa. Si mi opinión es importante y siendo yo una de las actrices que más ha trabajado con Nicolás, ¿por qué no me contactaron de revista El Sábado? No se me permite hablar en on, sin embargo, luego que sale el reportaje se me critica por no hacerlo. No me dieron la oportunidad de referirme al tema en el minuto que corresponde. ¿Por qué tampoco llamaron a las actrices que tienen buenas experiencias laborales? Sé que con esto algunas personas me van a atacar, pero estamos hablando de un amigo, y uno a los amigos los acompaña.

—Junto a las denuncias de abuso, hace unos días se sumó en contra de Nicolás López una querella por violación a una menor de edad.

—Me parece brutal, espantoso que hubiera hecho algo así hace catorce años. No lo conocía… ¡¿Qué hago?!, ¿no le hablo nunca más?, ¿termino nuestra amistad?

—¿No sería motivo?

—La amistad es todo lo contrario a eso… Ahora, si se comprueba que es verdad, sería difícil… Tendría que estar en el momento…

—¿Cuáles son sus límites?

—Es una situación que no puedo pensar. ¿Qué pasaría si fuera mi hermano? ¿Dónde está la compasión? También me pongo en el lugar de las denunciantes. Me imagino que sus amigos las están apoyando, hoy me tocó estar al otro lado. ¿Qué clase de amiga sería abandonar en este momento a alguien que siempre ha estado en las buenas y en las malas conmigo? Existe el criterio de que cualquiera que esté acusado merece quedar solo, que lo pateen en el suelo y nunca más pueda trabajar. Yo me he mandado miles de cagadas y creo que todos tenemos derecho a evolucionar. De esta situación espero que el rol de las mujeres salga fortalecido y que Nicolás se convierta en una mejor persona; porque sí, es soberbio, agresivo. Él se creó y jugó con una imagen pública de irreverente que no está a la altura de estos tiempos.

—¿Nicolás López reconoce que se sobrepasaba?

—No estoy metida en su cama ni en sus citas, ni siquiera en sus WhatsApps, tenemos otro tipo de relación. Para mí es un confidente. A muchas de las mujeres que lo acusan no las conozco, y a otras que las he escuchado estar pasándolo mal, durante años las vi en alfombras rojas o en cumpleaños con él, siguieron siendo sus amigas. Entonces, ¿cómo podría haberme dado cuenta de que había un problema? Que alguien piense que vi situaciones de abuso y no reaccioné, significa que no me conoce… Hay gente que me dice: “Bueno, pero tú estabas en esa fiesta donde las mujeres subían a una pieza secreta”. ¿Perdón?, ¿en qué momento nos convertimos en encubridores de una red secreta? Yo no lo viví así, para mí es muy raro todo lo que me dicen. ¿Estaré tan mal que había una red de prostitución a mi alrededor y no la vi?

—¿Cómo espera evolucione este caso?

—Creo que vivimos en un momento en el cual todas las prácticas obsoletas saldrán a la luz para que tengamos la posibilidad de sanarlas. Por eso estamos conscientes de que la manera en que se ha tratado históricamente a las mujeres no puede seguir. En ese sentido, Nicolás tendrá que revisar su manera de relacionarse con las mujeres y modificarla, porque hay cosas en su comportamiento que son moralmente condenables. Pero si hay o no delito, eso lo tiene que decidir la justicia. Las mujeres estamos en un momento histórico, en que al fin nos escuchan y nadie nos silencia ni cuestiona. Estamos sentando un precedente maravilloso, lo que conlleva también una responsabilidad gigante en cuanto a que hoy más que nunca tenemos que ser muy precisas con nuestros testimonios. No podemos permitirnos ser ambiguas o descuidadas con la verdad. Es fundamental que exijamos respeto demostrando ese mismo valor, sin doble estándar. Porque acusar a una persona que de alguna manera ya fue condenada socialmente y no decir nada sobre otra con la que se tiene más historia, me parece de un cinismo brutal.

—¿Lo dice por Josefina Montané?

—Sí, hablo de Pin Montané y también de Lucy Cominetti. Josefina fue a fiscalía a relatar una salida a comer con Nicolás, que pudo haber sido muy inadecuada, pero que según sus palabras él nunca la tocó. Sin embargo, no tiene nada que decir sobre Herval Abreu, el director que la descubrió, con quien hizo varias teleseries y que hoy tiene dos denuncias de violación por parte de actrices. ¡Es raro! Cuando quieres ser parte de un movimiento como el que estamos llevando hoy las mujeres, debemos entregarnos enteras, ¡poner las tripas afuera! y no omitir información. Creo, además, que hombres y mujeres debemos hacernos cargo de nuestra responsabilidad en las situaciones que vivimos. Aquí estamos hablando de personas adultas que voluntariamente se reúnen; no me acomoda el rol de la mujer que dice: “No sé por qué voy, no sé por qué tomo”. Si vas a denunciar una situación así, tienes que ser impecable con tu memoria, con la verdad, y ser consecuente.

—¿Cómo ha visto a Nicolás en estos días?

—Depende de los días. Él está esperando la oportunidad de defenderse. Yo ni siquiera estoy aquí, simplemente sigo el caso y me da terror esta entrevista porque sé que algunos ¡me van a hacer mierda! Pero el miedo a la crítica no nos puede paralizar a la hora de reflexionar. Somos una sociedad contradictoria y nos polarizamos. Basta ver cómo criticaron a la abogada de Nicolás (Paula Vial) por defenderlo tratándose de una feminista que genuinamente cree en su inocencia. Lo increíble es que nadie cuestionó ni dijo algo sobre que el mismo abogado de las denunciantes de Nicolás, Juan Pablo Hermosilla, también defienda al ex profesor de Derecho, Carlos Carmona, uno de los casos más emblemáticos de abuso de poder y acoso sexual de la Universidad de Chile.

—¿Qué pasó con la gente de la productora Sobras?

—En este minuto los temas personales priman. ¿A mí qué me importa? Que las personas se hagan responsables, desde el que escribe sobre el tema, los que denuncian hasta quien es acusado. El juicio público no ayuda a esclarecer los hechos en favor de nadie, solo genera más ruido. Para eso existe la fiscalía.