Hace unas semanas estuve de cumpleaños, cada vez más cerca del dorado medio siglo. Conversando con amigas chilenas y danesas me he dado cuenta que mientras en mi Chile natal los 50 representan casi la antesala de la tercera edad, aquí es el comienzo de una “tercera vida”.

Cuando era niña alguien de 30 años me parecía una persona viejísima, al borde de la momificación. Pero ahora que me estoy acercando a las vendas de Tutancamón, quiero decir, a los 50, me siento ¡más radiante que nunca!

Parece que mi vida en este frío y lejano mundo escandinavo me ha ayudado a relajarme con el tema. Para empezar, aquí en Dinamarca la edad nunca ha sido un ítem de conversación. Jamás. Ni siquiera en los gloriosos 20 o 30 años. Entre mis amigas danesas sólo escucho planes, miles de planes, desde aprender ruso o japonés hasta recorrer el mundo y, por qué no, comenzar una nueva relación sentimental, esta vez con un joven vikingo, probablemente amigo de uno de los hijos. ¡Tal cual! Aquí los 50 no son la antesala de la tercera edad, sino el comienzo de una “tercera vida”.

¿Crisis de pánico? Quizás. O tal vez es el momento en que descubren que todavía les quedan muchos años por delante. He visto hombres y mujeres que con los ’50 se sienten revitalizados y se lanzan con proyectos y relaciones que habrían sido impensables hace cinco décadas.

Hace unas semanas veía el documental sobre Iris Apfel y entendí por qué cuando ha pasado ya los 90 años, sigue siendo un ícono de estilo: es su actitud y la paz de quien disfruta lo que ha hecho con intensidad. Una mujer maravillosa y divertida, para quien las arrugas no son un tema sino el reflejo de una vida bien recorrida ¡Como nuestra Julita Astaburuaga!

Si llegas en paz a los 50 disfrutas de la experiencia que tienes, asumes tus debilidades y fortalezas, ¿qué más atractivo? ¿para qué suspirar por lo que fuimos a los 20 años si puedes llegar a los 50 como Sarah Jessica Parker, Madonna, Brad Pitt o George Clooney?     

Tengo un par de amigas que, acercándose al medio siglo, se han embarcado en relaciones con hombres que van dejando los 30. Mi yo-latino me hacía pensar que ellos estarían más interesados en chicas de 20, pero no; ellos dicen que les gustan estas mujeres seguras y que no se obsesionan por casarse ni ser madres. Físicamente, mis amigas se ven bien; no es que sean esculturales pero se sienten en paz, satisfechas y contentas con su cuerpo –sin obsesionarse con la edad ni con querer parecerse a la que alguna vez fueron— y viven su emocionalidad y sexualidad de una manera más relajada y consciente.

Y aquí estoy yo. Floja de alma para la actividad física pero finalmente le he encontrado sentido a apuntarme a las sesiones de yoga-kundalini; me río a morir cuando voy con mi amiga valenciana –15 años más joven que yo- a las clases de latin-mix y me pierdo en la mitad de los pasos, pero logro sudar al ritmo del merengue y la bachata. Que después de correr 5 kilómetros –con un par de paradas “técnicas”- en 30 minutos, sin haber entrenado, he encontrado motivación para seguir trotando. Que tras un nuevo cumpleaños y la perspectiva de acercarme a los 50 creo que mi cuerpo y mi personalidad son solo el reflejo de mi historia de vida y quiero ya planear lo que haré para celebrar el cambio de folio ¡Vivan los 50! ¡Bravo!

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