Ya pasaron cinco años sin Felipe. Excusa suficiente para aceptar escribir estas líneas. Aunque varias veces me pidieron que hiciera algo —incluso un par de ofertas par escribir una biografía— sentía que no correspondía, que no era el momento, que no era el tono. Pero el momento nunca llegó y el tono menos. Y en un suspiro pasaron cinco años… Como varios que lo conocieron y que convivieron con él, me quedé muda esa tarde de viernes cuando desapareció. Muda de palabras, de verbos también un poco muda de pensamiento. Quizás esta imposibilidad de hilar ideas en torno a Felipe, fue una manera de mantenerlo vivo en el recuerdo, sin intervenirlo ni modificarlo con anécdotas, ‘revelaciones inéditas’ y otras tantas versiones de la misma persona que abundan.
Y aunque no era íntima de Felipe, durante varios años lo entrevisté, una y otra vez. Y de tanto conversar fuimos armando algo parecido a la amistad. El tenía muchas virtudes, pero como todos también varias mañas, especialmente con la prensa y los medios que tanto lo perseguían.
Por eso, cuando se dejaba —como decía: “doy la pasada en serio”— era fiel. A través de él pude conocer a su papá y a su media hermana española. Y así fuimos armando un juego que se repetía cada año. Yo encontraba que todas las entrevistas me quedaban igual, que no había novedad, que todo estaba dicho, sabía para dónde iba, que estaba pensando, entonces trataba de sorprenderlo con preguntas y ángulos sobre los que él no hubiese reflexionado y Felipe iba cediendo —en su lenguaje campechano hoy diría que me pedía rienda y yo se la daba.
A veces él me daba rienda a mi—, entregando unos metros de su mundo interior cada vez y también de su territorio. A veces almorzábamos, nos juntábanos varias veces, caminábamos… Hablábamos y hablábamos. La primera conversación duró varias horas y fue casi una confesión. Fue en su casa de Chicureo. Me hizo un tour por todas partes, siempre mostraba las monturas, los aperos… Era cariñoso y esa misma vez insistió en regalarme un conejito para mi hijo que también se llama Felipe.
La entrevista que más me gustó fue en la que decidió mostrar su lado político y se declaró bacheletista. Fue muy larga, nos reímos mucho y pelamos. Teníamos el compromiso de hacer algo en el sur, quizá en la patagonia o en Chillán. Siempre decía que ibamos a estar con bastón haciendo las entrevistas.
Nunca se arrepintió de algo dicho, nunca me pidió ver una frase, se entregó desde el comienzo y fue siempre de una línea. Si no quería algo lo decía de frente… Le gustaba desafiarme, coquetear, pero nunca le resultó porque aunque era muy guapo, lo conocí de potrillo… Teníamos un pacto: cuando se encendía la grabadora eramos periodista y entrevistado, no había vuelta atrás.
Pero las conversaciones en off, eran eso y ahí se quedaron. El resto, lo publicado quedó impreso en letras de molde para siempre. Estas son algunas de esas conversaciones.
La muerte
—”(…) Cuando vi morir a mi mamá (febrero de 2006) me di cuenta de que la muerte es parte de la vida y desde entonces pienso en ella como algo concreto. Uno le tiene miedo a lo desconocido y la muerte es lo único asegurado que tenemos. Entonces leí algunas cosas que me hicieron sentido como que la muerte es el premio a la vida, lo encontré tan bonito… Tenemos miedo a morir y la muerte es el descueve… es la muerte (…)”. 
La política
—”(…) Hay algo muy particular en Chile: los líderes de opinión no tienen opinión. Siempre dicen: “Felipe Camiroaga es un líder de opinión”, pero cuando opino me critica la mitad del país. Yo creo que no estamos en la época del Si o el No, no estamos en la época si eres pinochetista o no, ahora uno perfectamente puede decir si te gusta Frei, y seguir trabajando y abrazarte con tus amigos de derecha y no pasa nada, hoy no pasa nada de eso. Creo que la gente es más tolerante y la gente nueva está en otra también. Me interesa porque todo lo que pasa en el diario vivir pasa por la política; desde los impuestos que pagamos hasta las construcciones en que vivimos, las leyes laborales, matrimoniales, ¿cómo no me va a interesar la política? (…)”
El sufrimiento
—”(…) En cierto modo he sido sobreviviente y en vez de justificarme con esa chapa de la sobrevivencia como esa gente que pasa por la vida dejando la cagá, y los demás dicen: “puchas es que sufrió tanto…”. Y le dan el derecho a hacer huevadas. Yo me hice cargo de mi pasado, de mi sufrimiento y salí adelante más o menos bien y eso me permite estar bien parado a los 40 años para enfrentar los segundos 40 años de la vida de mejor manera.
Yo pedí ayuda a un siquiatra después de mucho tiempo, muy a regañadientes porque me rebelaba (…)” 
La TV
—”(…) La TV acompaña a la gente sola para Navidad, para Nochebuena, a los que están postrados en los hospitales. Su única ventana hacia el mundo es la TV, por eso creo que es mucho más que una caja de entretención. Soy súper agradecido de trabajar en televisión y de poder acompañar a la gente en las cárceles, por ejemplo, para ellos su libertad es la tele. Por eso me duele cuando se mal utiliza solo con fines económicos, porque hay gente que está ganado dinero con la TV y le importa un soberano pucho lo que pueda emitir en su pantalla. ¡Eso me indigna! (…)” 
La felicidad (fue elegido el más feliz de los chilenos)
— “(…) Creo que tengo todo y más de lo que necesito, en todo sentido. Yo que he sido muy criticado por no casarme y no tener hijos y un montón de cosas más, parece que mi fórmula está resultando. Son 43 años llenos de vivencias, que incluyen buenos y malos momentos. Con extrema tristeza y alegrías. He conocido a mucha gente muy interesante, entonces he vivido todo a concho y eso me hace estar en una parada distinta, no es que me duerma en los laureles, pero sí en una situación de mucha comodidad y tranquilidad. Te lo he dicho en otras oportunidades, pero soy una persona muy feliz, agradecido y privilegiado. Es curioso pero yo no tengo ambiciones profesionales, estoy sobregirado sobre todo lo que pensé que iba a lograr. Siempre se han ido superando las expectativas de lo que he hecho (…)” 
Amenazas
—”(…) Recibí amenazas antes de animar por primera vez el Festival de Viña del Mar. No quisiera darle importancia, pero en ese minuto me descolocó, porque uno lo ve en las películas nomás. Me decían que me iban a desenmascarar, que en la conferencia de prensa de los animadores se iban a mostrar fotos homosexuales mías. Me quedé callado, no se lo conté a nadie, a nadie. Y no pasó nada porque no había nada (…)” 
El sexo
—El sexo es mejor ahora a los 40, tal vez no en cantidad pero sí en calidad. Es con más conciencia y compromiso. Porque yo viví mi época de potrillo loco… época de locuras. No puedo contarte mucho, porque el pasado me condena… pero nunca obligué a nadie
—¿Por qué no ha sido domesticado el potrillo loco?
—Me han echado el lazo, lo que pasa es que me lo he sacado. Hay caballos que son así, que están acostumbrados y se sacan el lazo.
En todo caso, hoy soy una caricatura de lo que fui.
—¿Pero tienes fama de mujeriego?
—Es una fama alimentada por los medios de comunicación, por la fantasía del solterón… Hay algo de verdad, pero tiene que ver con la proyección de mis compañeros del Buenos Días que me molestan con ese tema porque se proyectan, porque son todos unos macabeos que se casaron a los 20 años. (…) pero esa etapa de latin lover ya pasó.
—¿En qué etapa estas ahora?
—De solterón patético… porque uno se pone mañoso, me acuerdo que antes a las doce de la noche me llamaba una amiga y me levantaba, me bañaba, perfumaba y partía, hoy no lo haría por nada del mundo. No hay nada que supere mi intimidad, mi metro cuadrado.
Las mujeres
—”(…) Me cargan que me marquen… alguien que lo haga es como que dijera: “¡Camiroaga arranca!”, porque encuentro que esta vida es tan corta y tan rica, que no puede una persona a huevearte. Yo te o he dicho, soy una persona feliz, invito a mi pareja a que venga disfrutar y aumentar mi felicidad, pero que no me venga a quitar la paz que me ha costado tanto construir (…)”