Mientras escribo estas líneas ya van 35 femicidios en Chile, según los registros del Ministerio de la Mujer. La cifra aumenta a más del doble si se consideran los asesinatos entre convivientes e incluso los ocurridos entre pololos y que, sorprendentemente, aún no son considerados como tal en nuestra legislación…

Continúo el balance y miles de imágenes —buenas y malas— vienen a mi mente: la muñeca inflable, el feroz ataque contra Nabila Rifo —al cierre de este blog nuevamente internada en el Hospital de Coyhaique, supuestamente por un nuevo caso de violencia intrafamiliar—, la marcha de #NiUnaMenos —con 50 mil personas que salieron a la calle sólo en Santiago—; el show de Natalia Valdebenito y que marcó la consigna feminista a comienzos de 2016. Así como el más de un centenar de femicidios frustrados, impunes ante la Justicia y que no obstante dejaron a muchas mujeres hospitalizadas, imposibilitadas de trabajar y mantener a su familia, heridas de cuerpo y alma…

No puedo dejar de mencionar la reciente noticia de los marinos de la fragata Lynch que espiaban a sus compañeras —y las grababan— mediante cámaras ocultas instaladas en sus dormitorios…. Todo se entremezcla en un balance a ratos dulce, a ratos bastante amargo…

Si bien compruebo con ‘estadística’ decepción que las cifras de mujeres asesinadas aún no tiene cómo detenerse y recién en noviembre la Presidenta Michelle Bachelet firmó el Proyecto de Ley sobre el derecho de las mujeres a vivir “una vida libre de violencia”, que pretende por fin castigar la violencia entre pololos y convivientes de hecho… También pienso —con cierto alivio y, por qué no decirlo, también con alegría—que este 2016 fue, como nunca, el año en que hombres y mujeres gritamos ¡basta!. Y empezamos a sancionar aquellos mensajes, actos, conductas que antes se toleraban con una sonrisa cómplice, a lo más con cierta incomodidad, pero antes los cuales la sociedad reaccionaba nada más que como simples salidas de norma y no como un antecedente maligno y necesario de extirpar de un buena vez.

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Cuando el diario La segunda tituló en portada “El hombre detrás del golpe de timón de Carolina Goic, luego de que la presidenta de la DC dijera que con el partido “no se juega” y se restara del comité político en el escenario post municipal, las redes sociales ardieron y acusaron al diario de un machismo inaceptable. Cuando un grupo de mujeres conformaron el colectivo #NiUnaMenos y convocaron a una marcha, nos sorprendimos frente a la masiva convocatoria que incluyó mujeres y hombres, y que sacó incluso portada en LUN.

Y para el episodio de la famosa muñeca infalible, créanme: si esto hubiese ocurrido hace dos o tres años, habría sido una excentricidad más del siempre “ingenioso” presidente de Asexma, Roberto Fantuzzi. Pero se transformó en un hecho noticioso que dio la vuelta al mundo, indignó —y avergonzó— a miles de personas y dejó en evidencia lo que a mi juicio es lo más relevante de este 2016: que el país cambió, qué digo: ¡el mundo cambió y ya era hora de que nos actualizáramos! Y hoy tenemos que pensar muy bien antes de efectuar cualquier comentario o acto.

Porque las mujeres, y eso hay que dejarlo claro, exigimos respeto. Tan simple como eso: respeto. Respeto por nuestras vidas, por nuestras capacidades, por nuestro aporte a la sociedad, por nuestro trabajo, por nuestras ideas, por nuestras vidas y por nuestro cuerpo. Y espero sinceramente que a fines de 2017 nos sigamos sintiendo genuinamente escandalizados —y reaccionemos— ante cada muerte, ante cada asesinato impune, ante cada sueldo injusto, ante cada titular desatinado, ante cada uno de esos pequeños y grandes actos de machismo cotidiano. E incluyamos en nuestra lista de propósitos para este año un rotundo, gigante ¡basta ya! ¡Ni una menos! ¡Respeto!