Antes de subir los tres escalones de la entrada, se detiene, respira hondo y toma valor. Un doloroso ritual al que acude incansablemente con la fuerza que le da la esperanza. Saluda al guardia y a los empleados de limpieza que le sonríen amablemente, para luego desaparecer por los pasillos en busca del ídolo dormido.

Afuera dos hombres alcanzaron a entregarle una carta de aliento, mientras el mural hecho por los fanáticos permanece como silencioso testigo del dolor. “Fuerza Gus”, “nuestro niño dormido no se da por vencido”, “fuiste, sos y serás lo que me hace más feliz” o “cada día que pasa, es un día menos para que vuelvas”, son algunas de las desgarradoras frases que alimentan la inagotable fe de sus seguidores. Hay incluso alegorías a las letras de sus más famosas canciones a modo de profecías musicales. En algunos carteles se puede leer “te veremos volver en la ciudad de la furia” o “va ser mejor que te levantes de una vez” de su bailable Te hacen falta vitaminas.
Días antes de cumplirse dos años del accidente cerebrovascular sufrido por el artista en Venezuela, algunos fans se juntaron a remodelar el mural desgastado por el paso de los meses. Querían reafirmar el pacto de lealtad con su ídolo y darle una señal a su madre de que no la iban a abandonar en la lucha.
Así lo han hecho durante estos 24 meses. Se juntan cada tanto en el emblemático planetario de Buenos Aires, allí donde se filmó el videoclip de Zoom, para cantar, rezar y reunir fuerzas. Organizan cadenas de oración que se repiten en todo el continente, se ponen de acuerdo para escuchar el mismo tema a la misma hora y realizan multitudinarios recitales con la presencia de bandas tributo a Soda Stereo.
El último parte médico, dado como es habitual en fechas emblemáticas, no entregó mayores novedades acerca del estado de salud de Cerati. Palabras más, palabras menos, todo permanece igual. “Gustavo sigue internado manteniendo un estatus neurológico y clínico estable, con asistencia respiratoria mecánica, en buen estado nutricional y sin ningún tipo de lesiones asociadas, sin complicaciones actuales y bajo el mismo esquema de cuidados y tratamiento multidisciplinario”, dice el comunicado de la clínica.

LILIAN ES CAUTA. En todo momento cuida y elige con precisión sus palabras. Se la ve sincera, lejos de armados discursos. Nadie le maneja su agenda “mediática”. Habla cuando tiene ganas y lo hace con el corazón. Nos avisa que lo que menos quiere es derrochar un falso optimismo que ilusione a quienes esperan la vuelta de su hijo.
“La gente cree que la voz de la mamá puede solamente transmitir sensaciones, pero yo miro monitores, no solamente lo miro a él”.
Wp-Cerati-300—¿Y a Gustavo cómo lo ve?
—Gustavo está fuerte, entero, con una cara fresca. No abre aún los ojos, pero esperamos reacciones positivas más adelante. Veo respuestas lógicamente pequeñitas. Esto es lento, pero no va para atrás. Sabemos que es una enfermedad larga y difícil, pero no perdemos la esperanza. Gustavo escucha. ¡Gustavo está! Y mientras él esté, la fe sigue intacta.
—¿Continúa conectado a un respirador?
—Está todavía conectado pero tiene momentos en que respira por sí mismo. Poco a poco. Ese también es un proceso lento en el que hay que ser muy prudentes.
—¿Qué pronóstico le dan los médicos?
—Lamentablemente el cerebro sigue siendo un gran misterio. No se sabe cómo va a salir de esto. Lo importante es que vuelva a ser Gustavo.
—En estos dos años que han pasado desde el AVC, ¿cuáles han sido los momentos más duros y los de más optimismo?
—El momento más duro fue cuando tuvo que ser tratado por una infección hace unos meses. Y lo más reconfortante es la rapidez con que él sale de cualquier proceso difícil. Demuestra que tiene un organismo fuerte decidido a pelearla. No solamente nosotros la peleamos, él también.

Lea la entrevista completa en la edición del 25 de mayo.