Estuve enamorada de un hombre complicado. Un filósofo atormentado que me atormentó a mí. Como que estaba poseída por el ‘coludo’, por el deseo, por el placer.

Resulta que ese amor de loca juventud tenía en su pieza una foto gigante de la Jane Birkin con una frase en francés que era el título de una película: Tan serio como el placer.

Pues bien, igual que en la historia de esa olvidada comedia francesa allí estábamos siempre los tres: la actriz con su boca preciosa, el tipo sexy y yo, muerta de celos. Pero me aguantaba nomás porque ese hombre complicado me juraba que era mejor que la Birkin y no me quedaba otra que tragarme el cuento. No me importaban las odiosas comparaciones porque durante el tiempo que estaba en su cama me sentía una diosa del pecado.

¿Por qué con él siempre tenía ganas? Por la sencilla razón de que me hacía sentir la mujer más deseada del mundo. Esa era la clave, y no necesité ninguna prueba de laboratorio ni estudio científico para comprobarlo.

Mi experiencia me lleva a mirar con recelo la noticia de que la FDA aprobó una droga para ayudar a las mujeres que sufren de falta de deseo sexual. En un mundo mandado por hombres, el ‘Viagra femenino’ como le dicen, me parece otro invento machista que subestima lo complejo de la sexualidad femenina.

El dato de que el laboratorio que creó la droga Flibanserina —cuyo nombre comercial es Addyi— proclame que su plana ejecutiva está sólo compuesta por mujeres, me hace sospechar de una eficaz estrategia de marketing. Lo mismo que las celebraciones de organizaciones feministas por la decisión de la entidad reguladora en EE.UU. de liberar su comercialización para octubre. Parece que hace tiempo que estas chiquillas no tienen algo más cochinón que celebrar.

Para ser más clara, a continuación enumeraré mis dudas:

1) El éxito del Viagra (Sildenafil) se debe a que no fue pensada para activar en los hombres el deseo sexual (ellos siempre tendrían ganas). La pastillita azul funciona directamente en la entrepierna masculina, aumentando el flujo sanguíneo y facilitando así una eficaz y más duradera, ¿cómo lo digo sin ponerme colorada?… erección. Como muy bien lo grafica larevista Scientific American, el Viagra real ayuda al mecanismo ‘hidráulico’ de sus usuarios que, como vemos, es bien básico al punto de que existe una expresión que dice algo así como ‘Piensa con él %#*¥¶#’

2) A diferencia de la pastilla azul, la Flibanserina pretende actuar sobre el deseo femenino porque los científicos terminaron por aceptar que el principal órgano sexual de la mujer es su cerebro. Es un avance, claro, pero el problema es que detrás no hay ningún descubrimiento muy brillante ya que lo que la droga hace es alterar el equilibrio de dos neurotransmisores súper conocidos: la dopamina y la serotonina. La dopamina es la sustancia encargada de regular la motivación y la recompensa y lo que la Flibanserina busca es aumentar sus niveles. La serotonina, en cambio, es el neurotransmisor que popularmente se asocia a la felicidad, aunque ahora se sabe que está más relacionado con la paciencia y la sensación de plenitud o saciedad. En efecto, la mayoría de los antidepresivos funcionarían ‘aumentando’ la sustancia lo que trae como efecto colateral la falta de deseo sexual. La mala noticia es que el ‘Viagra femenino’ trabaja al revés; es decir, reduciendo los niveles de serotonina. ¿Significa esto que las mujeres recetadas con antidepresivos deberán elegir entre tener más sexo o tener buen ánimo? ¿Qué gano con transformarme en una loba que escucha el llamado de la selva si después me dan ganas de tirarme por la ventana? ¿Y todo para tener 1.5 veces más sexo al mes como dicen los estudios que avalan la píldora?

3) Si la nueva droga actúa sobre el cerebro deberá ser recetada por un especialista, vendida con receta como cualquier sicotrópico y tomada todos los días. De hecho, sus primeros efectos recién comenzarían a sentirse a los dos meses de iniciado el tratamiento. El Viagra, en cambio, puede ser tomado sólo un rato antes de que su usuario decida tener sexo, lo que es una gran ventaja. No quiero ser esclava de una nueva droga más. Me basta con los anticonceptivos y el agua de las carmelitas.

4) Entre los efectos adversos se encuentran: baja de presión, latidos cardíacos irregulares —y si una se tomó un pisco sour— falta de aliento y hasta desmayos. Mi legítima duda es ¿cómo voy a distinguir si todos estos síntomas son producto de un gran orgasmo o estoy al borde de ‘estirar la pata’?

5) Por lo que he visto, el color elegido para teñir la pastilla es el rosado. Yo sé que no es un argumento científico, pero me parece un color como de niñita, demasiado dulzón para algo salvaje como es el buen sexo. El rosado es también el color oficial del imperio Playboy. ¿No es esto machista acaso?


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Creo que la etiqueta del nuevo medicamento debería advertir que la Flibanserina no mejora una relación aburrida, ni una pareja que ‘se dejó estar’ y que apuesta todo en la cama a que funcione ‘la hidráulica’ del sexo masculino. Menos todavía alivia el resentimiento y cansancio que provoca un mal matrimonio.

Los años han pasado desde que me enamoré de ese hombre complicado, pero hasta ahora no se ha inventado una droga mejor que sentirse sexy, deseada, aunque sólo sea una fantasía poco santa.

Por último, un consejo para los científicos que andan tras la fórmula ideal: cuelguen en la pared del laboratorio una foto de la Jane Birkin con la frase: ‘Serio como el placer’ y corten la chacota, por Dios.