Cuando Afrodita nació desde la espuma del mar, Zeus temió que su belleza provocara riñas entre los otros dioses. Decidido, obligó a que la deidad del amor y el deseo contrajera matrimonio con Hefesto, el severo, cojo y malhumorado dios del fuego. Pero la lujuria de Afrodita era difícil de controlar y sus infidelidades se transformaron en un secreto a voces en el Olimpo. Mito o realidad, lo cierto es que desde los inicios el planeta ha girado en torno al erotismo.

El arte de amar es una pieza importante en la vida de los humanos, repletando leyendas, libros y películas. Ya sea un fruto prohibido o un engaño de la naturaleza para llevar a la reproducción, el sexo es el botón de encendido de un mundo que, entre tapujos y vergüenzas, intenta develar los detalles más lujuriosos de la raza humana. Precisamente eso es lo que hace el francés Philippe Brenot —junto a las ilustraciones de Laetitia Coryn— en su libro Sex Story, de editorial Éditions des Arènes que acaba de ser publicado en Francia e Inglaterra, relatando la historia de las relaciones carnales desde las cavernas hasta el sexo del futuro. Su autor es un psiquiatra, antropólogo y director de la facultad de Sexología de la Universidad Descartes, en París, y tiene un blog de sexualidad en Le Monde, por lo que es considerado una real eminencia en estas materias.

Según cuenta, los primeros homo sapiens del paleolítico ya eran unos verdaderos expertos en la cama. Conocían y practicaban una infinidad de posturas y plasmaban sus experiencias en dibujos y grabados, alzándose como un pionero kamasutra de las cavernas. Los tapujos no existían y sus comportamientos eran mucho más desinhibidos que los actuales, aunque las mujeres debían subyugarse ante los hombres.

“La antigüedad se organizó en base a la dominación masculina. Estaban los seres superiores, los que podían penetrar, y los inferiores que no podían y aquí se englobaba a mujeres, esclavos y homosexuales. Antes no había, por lo tanto, homosexuales o heteros, sino seres superiores e inferiores”, explica el autor en una entrevista para El País. Una excepción a esta regla fue el antiguo Egipto, en donde las mujeres gozaron de una independencia única en la historia.

Es que más allá de los baños en leche de cabra, el agua de rosas y su temperamento fuerte e indudable inteligencia, Cleopatra vivió el sexo con una libertad envidiable. Cuentan los pergaminos, que la faraona pasaba semanas junto a Marco Antonio disfrutando de encuentros íntimos en donde el pudor no tenía permitido el ingreso.

De hecho, la reina del río Nilo se hizo conocida por inventar el primer autoestimulante en la historia. Se trataba de un papiro en forma de cilindro en el que introducía abejas vivas para que su revoloteo provocara el movimiento justo que la llevaría a tocar el cielo. Lamentablemente, las mujeres tuvieron que esperar miles de años para poder volver a izar la bandera de la libertad.

La popularización de los besos se transformó en la puerta de entrada al paraíso. Fue en 1930 cuando el cine se encargó de convertir esta demostración de afecto en un aspecto primordial en cualquier relación amorosa. Antes que eso, las personas no solían besarse tan a menudo e incluso algunas tribus lo consideraban repugnante. Años después, el famoso encuentro entre el marinero y la enfermera al acabar la II Guerra Mundial se transformó en un ícono mundial y el acto de juntar los labios alcanzó un romanticismo incalculable.

“La pareja moderna empieza en los 70, cuando los dos miembros comienzan a tener los mismos derechos y deberes. Cuando el concepto de matrimonio a la antigua usanza, con el marido ostentando el poder absoluto, se sustituye por otro más democrático”, subraya Brenot.

Pero lo que parecía ser la receta perfecta, no resultó ser tan idílico. El incremento de los divorcios demuestra que este modelo tiene escasa probabilidad de sobrevivir, ya que las exigencias son cada vez mayores y las parejas no sólo demandan amor, sino que el sexo se ha transformado en el gran protagonista. Pese a esta desventaja, la libertad con que machos y hembras se desenvuelven en la actualidad es el sello más distintivo de nuestra época.

Polémicamente, la legalización del aborto y la existencia de métodos anticonceptivos serían las causas tras esta nueva época de bonanza. Es que gracias a ello, las mujeres se han atrevido a dar rienda suelta a sus deseos lujuriosos sin la constante inquietud de la maternidad. Para comprobarlo, sólo basta con comparar la era actual con el antiguo Egipto. Ambos períodos destacan porque las féminas tienen una posición similar a los hombres en el ámbito sexual, y el único factor que puede explicarlo es el uso de anticonceptivos.

Las egipcias practicaban el aborto y se impregnaban la zona íntima con diversas sustancias con propiedades espermicidas, lo que les permitía disfrutar del fruto prohibido sin remordimiento alguno. Pero el autor no sólo se queda con eso, sino que también se preocupa de esbozar qué pasará entre las piernas durante los próximos años.

Despenalización de la homosexualidad y el desarrollo de la autoestimulación serán las bases del sexo del futuro. Tanto así, que habrá máquinas y robots para aumentar el placer individualmente.

Una fórmula atrevida que hoy sacaría canas verdes a más de uno, tal y como lo está haciendo el libro en Francia e Inglaterra. Su lanzamiento ha generado sorpresa y críticas en las áreas más conservadoras y, aunque aún no existe fecha de publicación en nuestro país, la trama es prometedora. Esta seguidilla de anécdotas dan cuenta de que hablar de la historia de la humanidad es, más bien, hablar de sexo. Y que las mujeres modernas no tenemos tanto que envidiarle a Cleopatra.