Ahora que está tan de moda hablar de la influencia del dinero y del poder, no puedo resistir comentar la filtración de conversaciones y cartas de Silvio Berlusconi, caído en desgracia por su afición a las mujeres jóvenes. Porque el dinero y el poder no sólo se cuelan en la política, sino que también en la cama.

El entonces primer ministro italiano le propuso a un amigo por teléfono:

“Esta noche tengo a dos niñas, una periodista y una brasileña, pero trae a las demás muchachas, somos viejitos, pero con poder”.

Todo este material fue incautado por la policía y ahora se comienza a conocer.

Pero la historia no termina ahí. Hace un par de semanas se supo que il Cavaliere considera que el dinero que seguía depositando a las señoritas que alguna vez asistieron a sus fiestas era un asunto de “generosidad y altruismo”.

En las cartas que envió a cada una de sus sobrinas (ellas lo llamaban ‘tío’), el magnate explicó así por qué debió terminar con sus mesadas:

“La ayuda que, siguiendo el impulso de mi conciencia, he continuado dándote a ti y a otras huéspedes corre el riesgo de ser increíblemente instrumentalizada. (Por eso) mis abogados, aunque comprenden la generosidad y el altruismo de mi iniciativa… me recomendaron no continuar con el apoyo económico mensual”.

¿Qué tal? A Berlusconi sólo le faltó decir que sus fiestas eran una máquina para dar trabajo.

Dejando el tema de la filantropía a un lado, hay una pregunta que todos nos hacemos de vez en cuando:  ¿Puede una mujer joven y bonita enamorarse realmente de un vejete con una atractiva cuenta corriente?  Porque, para rematarla, en las conversaciones Berlusconi les jura muy suelto de cuerpo a sus amigos que su gran problema es que “las mujeres siempre terminan enamorándose de mí”.

Luego de rezar tres avemarías y dar gracias a Dios por tener un marido al que no le alcanza el sueldo para practicar altruismo, decidí introducirme en el tema.

¿Y qué encontré? Un término —hipergamia— que me dio algunas pistas de la ecuación belleza + viejo verde.

La hipergamia es un concepto muy usado en las ciencias sociales para describir la energía que destina el ser humano para emparejarse con otro de mayor estatus económico, social o de casta. Se usa en hombres y mujeres, aunque los estudios la aplican más en el último caso porque, culturalmente —ya sea en la China imperial o en la Europa feudal—, las doncellas tenían como meta conseguir lo que hoy se conoce como un buen partido. Y esto, la mayoría de las veces, poco y nada coincidía con llegar al altar junto a un príncipe azul.

Además, según la sicología evolutiva, las mujeres se sentirían de forma natural más atraídas por hombres poderosos y económicamente exitosos; mientras que el sexo masculino lo haría por consortes jóvenes y atractivas. ¿La razón? La selección sexual darwiniana, según la cual las mujeres prefieren a un buen proveedor para su prole, mientras que los hombres se concentran en parejas fértiles que les aseguren una descendencia sana y numerosa.

Claro que esto de la hipergamia habría llegado a un punto de inflexión, de crisis, en el mundo moderno.

Casi todos están de acuerdo en que el marrying up (como dicen más coloquialmente los gringos) finalmente se explica por la desigualdad de recursos entre ambos sexos. ¿Pero qué ocurre cuando la mujer comienza a tener más estudios y a ganar más? Se trata de un fenómeno demasiado reciente como para arrojar certezas. Lo único que sabemos es que, desde el momento en que las mujeres se incorporan significativamente a la fuerza laboral remunerada, cada vez se hacen menos frecuentes los matrimonios entre jovencitas y Tatas Colores.

Sin embargo, casos como el de Berlusconi y sus Bunga Bunga (nombre que puso a sus fiestas gracias a su amigui Muamar el Gadafi) no son excepcionales y se dan en todo nivel, a cada rato.

Esto quiere decir, o que las mujeres somos unas santas y nos gusta cuidar abuelitos o, simplemente, el poder sigue siendo un asunto abrumadoramente masculino. Me inclino por pensar lo segundo.

Y ojo que no estoy proponiendo que nos convirtamos en unas “viejitas, pero con poder” y armemos nuestras propias Bunga Bunga…

… Aunque, pensándolo mejor, nunca está de más practicar algo de altruismo con jovenzuelos necesitados, por ejemplo. Total, el poco atractivo se corrige por patrimonio.