¿Hay algo más esquivo que una noche de buen sexo? Pues sí y esto es encontrar una escena sexual de calidad en una novela o en un cuento.

Como quien no quiere la cosa, el otro día me enteré que existe un premio —el Bad Sex in Fiction Award—  que cada año la revista Literary Review entrega al autor de la peor escena erótica jamás publicada.

Lo que este galardón pretende es denunciar el mal gusto, el lugar común, la falta de prolijidad, la inverosimilitud, la crudeza, la redundancia y un largo etcétera que deben sufrir los lectores cuando se ven enfrentados a la descripción de un acto sexual, incluso cuando tienen en sus manos lo que en términos globales se considera un buen libro.

Pues bien, este año los honores fueron para el escritor africano Ben Okri, quien en su novela The Age of Magic muy suelto de cuerpo anotó este joyita: “Cuando mi mano acarició su pezón, fue como si activase un interruptor y ella se encendió (…) En algún lugar de la noche un cohete desviado explotó”. ¿Interruptor? ¿Cohete desviado?

En el pasado también ganaron este premio infame algunos nombres consagrados como Norman Mailer y Tom Wolfe; o best sellers como Las Benévolas a cuyo autor no le tembló la mano cuando escribió: “Si aún pudiese empalmarme, pensé, usaría mi pene como una estaca endurecida por el fuego…”(Jonathan Littell). Otros, como Haruki Murakami o J K Rowling casi, casi logran el honor concedido por Literary Review.

El jurado del Bad Sex Award tiene cada año abundante material de donde elegir, pero los ganadores suelen caer en los mismos errores al abusar de metáforas de corte naturalista del estilo “Sus manos encuentran mi arbusto y con dedos ligeros revolotea allí como si fuera una polilla atrapada dentro de una lámpara” (Rachel Johnson). Otra debilidad de los escritores nominados parecen ser las comparaciones de tipo cósmico como la que sigue: “Luchamos como súper héroes a través de los soles y los sistemas solares, nos zambullimos en bancos de quarks y núcleos atómicos” (Manil Suri). ¿Se habrá inspirado el autor en una volada sexual del físico Stephen Hawking?

Sí, yo sé que después de leer estas líneas dan ganas de salir corriendo y convertirse en un ser asexuado, en una ameba discreta. A mí me pasó lo mismo y sólo el vicio me dio fuerzas para seguir leyendo una noche completa. Quería encontrar una respuesta a la pregunta que comenzó a torturarme más que estas lecturas de pacotilla: ¿Por qué cuesta tanto poner en el papel una escena sexual? Después de darle mil vueltas al asunto me vino a la memoria una novela que leí hace años donde se describía, con un cinismo no apto para menores, cómo la pasión desbordante de una pareja se transformaba con el tiempo en un acto mecánico, desabrido y hasta patético. Al final, lo único que movilizaba los cuerpos de los amantes era un impulso nervioso propio de los vertebrados y que consiste, en el caso de la hembra, en elevar la grupa y, del macho, en montarla, tal como lo hace una rana. Todo lo demás serían fuegos de artificio, mala literatura.

¿Conclusión? O el sexo es tan sublime que no existen palabras para describirlo o es tan prosaico que se agota en la imagen de un anfibio que se aparea sin pretensiones.