Acabo de terminar el libro “S = EX2: La Ciencia del Sexo” y quedé como medio confundida y con mi carne pecadora lista para irse al infierno. Por favor, no crean que una mujer de misa dominical como yo anda por ahí comprando libros con títulos dudosos. Nada que ver. El último texto del periodista y científico Pere Estupinyà cayó en mis manos por casualidad, como del cielo. ¿Y a quién no le flaquea la carne con capítulos como “Tener un orgasmo con el poder de la mente” o “A los científicos les cuesta encontrar el Punto G”?

En fin, necesitaba pruebas científicas, estudios realizados por gente seria de Oxford o Harvard para caer en la cuenta que mi vida sexual estaba tan fome como la de una ameba medicada con antidepresivos. ¡De cuántas cosas me había perdido por Dios!

Para empezar está lo del Punto G. Cuando la literatura científica comenzó a hablar de esta letrita yo aún no sabía nada de la vida. Nada. Luego crecí y llegaron los puritanos de la procreación, las feministas bigotudas y los aguafiestas que decían que el orgasmo era uno, uno y nada más, como dice la canción.

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¿Sabía usted que los órganos femeninos se mandan solos, es decir, no hay concordancia entre la respuesta fisiológica y la experiencia subjetiva de sentirse excitadas? En todo caso, las páginas que más me llamaron la atención fueron las dedicadas a Barbara Carrellas, mundialmente famosa por asegurar que algunos de sus alumnos logran llegar al orgasmo a través de la mente. ¡Era que no!

Estupinyà se dio el trabajo de hacer un taller en el centro de Carrellas que, entre otros ejercicios, solicitó respirar lo más profundo y rápido posible antes de tirarse al suelo y soltar toda la energía para así llegar a un orgasmo corporal, superior al genital.

Advierto que el proceso para llegar a este estado es mucho más complejo de lo que alcanzo a describir en estas líneas y por eso mejor recomiendo leer el texto de Estupinyà. A menos que usted pueda ir al centro de yoga Atmananda, en Manhattan.

En un momento de debilidad comencé a realizar estos ejercicios de hiperventilación recomendados por Carrellas porque en una de esas… Pero como bien dice el refrán “la curiosidad mató al gato”. En lugar de llegar al Nirvana, terminé con una extraña e incómoda sensación que me hizo empatizar con los hombres que sufren una erección inapropiada y quedan así como tiesos y con la bala pasada.

Claro. Según la ciencia, lo que me ocurrió fue una “activación del sistema simpático por hiperventilación”. Pero yo, mujer de bien, creo que fue algo más simple: castigo divino.