¿Qué hace una señora ‘bien’ y aburrida una tarde de domingo? Mirar en internet el trailer de Cincuenta sombras de Grey, por ejemplo.

No soy fanática de la novela, pero me ganó el morbo y quería saber por qué el adelanto de la película obtuvo el récord de 100 millones de calentones like en una semana. En esos pasos andaba cuando me llevé una sorpresa que me aguó más el domingo: las escenas eran desabridas, incluso naif, y eso que la historia de una joven seducida por un millonario buenmozo y bueno para la cama  incluye prácticas de bondage y sado-masoquismo (BDSM, para los entendidos), entre otras cochinadas.

Después de este bluff, me quedé pegada observando las reacciones de las fans de E.L. James mientras veían el trailer por primera vez. Y esto sí que fue una experiencia hardcore, violenta y retorcida. Mujeres y uno que otro hombre sensible gritando, aullando, sudando oh, my God!

Fue una especie de revelación de por qué miles de lectoras se volvieron devotas del romance entre el misterioso Christian Grey y la virginal Anastasia Steele. Parece que detrás de todo este éxito hay mucha soledad, falta de comunicación y, en algunos casos, de un ‘peor es na’ con quien, por lo menos, irse a tomar un helado.

Por favor, que no se entienda mi observación como un machista “a estas minas les falta…”, ustedes saben. El asunto es más existencial y apocalíptico porque lo que de verdad pide esta humanidad demasiado conectada a audífonos, pantallas y otros gadgets invasivos, es regresar a la carne impura y pecadora de forma sencilla y natural. Volver a tocar, a oler y escuchar a un simple mortal, aunque éste sea un chileno promedio con olor a parrillada y no el súper exquisito y perfumado Mr. Grey.

De todas las fanáticas del bestseller, la que mejor refleja esta ensoñación soft-porno es una mujer que firma como NuttyMadam y que ya tiene un nombre como comentadora de trailers súper ventas. Es cierto que su performance es casi una caricatura, pero las aletas dilatadas de su nariz y el temblor de sus manos, como empanaditas de queso en aceite caliente, son reales. Demasiado auténticas. Lo interesante es que el éxtasis se apodera de Nutty con sólo observar a Mr. Grey (el actor Jamie Dornan) tocar con sus dedos un escritorio o cuando por primera vez  hace contacto visual con Anastasia (Dakota Johnson). Algo absolutamente inocente y colegial. “Eyes, eyes, eyes, please!”, grita, y no “Ice, ice, ice!” por la calentura, como yo —la única mal pensada en este cuento— supuse en un comienzo. Otras seguidoras mostraban reacciones orgásmicas frente a la imagen de un piano o ante la insinuación de un perfume. Y cuando aparece la famosa pieza roja donde Mr. Grey ata a la heroína, una fan casi rompe un cable de la pura emoción… Por fortuna, sin lamentar consecuencias.

Puede que la novela esté lejos de ser una maravilla, pero E.L. James es una maestra a la hora de describir con lujo de detalles los sentidos involucrados en una historia. Ella promete volver al paraíso perdido de la carne pecadora sin moverse del escritorio y por eso Cincuenta sombras de Grey atrapó a una generación que pasa mucho tiempo en la soledad de una pieza y cuyo único touch es con una pantalla a la que le hablan, gritan y hasta gimen.

Lo bueno de este aburrido domingo es que volví a mirar con malos ojos a mi marido. No será Christian Grey, aunque peor es “mascar  lauchas” o morder el cable del iPad y morir caliente… aunque sea por achicharramiento.

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