La Paula volvió de sus vacaciones caminando como si fuera directamente a subirse al caño. En otras palabras, volvió algo calentona.

¿Y a ésta que le pasó?, nos preguntamos varias en la oficina. Entonces se largó a contar cómo las novelas eróticas que se llevó al viaje le cambiaron la vida. Acto seguido, comenzó a pasar las uñas pintadas de un verde lujurioso por sus muñecas mientras emitía sonidos que nos dejaron entre escandalizadas y envidiosas. “Esto se llama bondage”, nos explicó sin ocultar que ahora se creía la muerte.

¿Y por qué no intentarlo entonces? ¿Por qué no subirse al caño, leer páginas poco santas y practicar con cuerdas y otros artilugios?

Soy una chilena promedio, es decir, con miedo a caer en el pecado de pasarlo chancho porque sí nomás. Reconozco que leía las columnas de la Carolina Errázuriz Mackenna en The Clinic media escondida, porque no vaya a ser que alguien piense que el sexo es mi vicio o, peor aún, que ando falta de Dios, como se dice.
El asunto es que partí a comprar Desnuda y la trilogía Crossfire, novelas herederas de Cincuenta sombras de Grey. A pesar de mi falta de convicción en este tipo de literatura, por un mes me concentré en ritos de dominación-sumisión. Fue más fuerte mi deseo de llegar caminando como la Paula y convertirme en una pantera negra de película.
¿El resultado? Un fiasco. En lugar del felino misterioso, me mandé un numerito a lo Pantera Rosa que es más mi estilo, torpe y algo desgarbado. Un estilo que no se lleva bien con el bondage.
Cuando me lancé a consumir los best seller del momento, la lección del bochorno fue que por más Grey que leyera, no iba a cambiar mi naturaleza sexual.

Conocerse a sí misma; saber qué se quiere y poder comunicárselo a la pareja, es lo que los gringos llaman inteligencia sexual. Es cierto que han abusado de títulos como La inteligencia económica, La inteligencia digestiva y un largo etc. Pero el último libro del doctor Marty Klein Sexo inteligente (ediciones Urano, 2012) advierte una verdad que vale por un millón de sombras: “El sexo no es una actitud sino una idea”.

Lo que el terapeuta quiere decir es que el sexo se ubica en el cerebro. Así de claro.

Lo que el terapeuta quiere decir es que el sexo se ubica en el cerebro. Así de claro.
Es cierto que no somos ángeles y que nuestro cuerpo fue diseñado para reproducirnos igual que las panteras o las tortugas. Pero el placer es otra cosa y lo que la inteligencia sexual propone —término acuñado por Sheree Conrad y Michael Milburn a mediados de los ’90— es que para sentirse eróticamente vigente se necesitan tres pilares: información, autoconocimiento y conexión con la pareja.
Wp-Sexo Triple S 193Cuando me lancé a leer Cincuenta sombras… sólo cumplí con el primer pilar, es decir, con informarme, pero me olvidé del autoconocimiento: siempre me han resultado matapasiones tanto los juguetes sexuales como los rebuscamientos estilo Grey. Mi ‘yo sexual’ —como lo llaman algo siúticamente Conrad y Milburn— es más naif, aunque no descarto que esto esconda algo todavía más retorcido.

Y, por cierto, me olvidé por completo del tercer predicamento. Ese que tiene que ver con la empatía; con saber qué es lo que el otro espera de un encuentro sexual.
“La inteligencia sexual es lo que conduce de las relaciones sexuales de adolescente a las de adulto. Es lo que lleva de la sexualidad inducida por las hormonas a la sexualidad elegida. Es lo que te ayuda a pasar ‘del sexo tiene que reafirmarme’ al ‘yo reafirmo mi sexualidad’. Es lo que permite adaptar la sexualidad a ti, en vez de que seas tú quien se adapte a tu sexualidad˝, dice el doctor Klein.
Esa noche en que me las di de pantera, mi pareja pensó que le estaba tomando el pelo y cuando le conté que todo se debía a Cincuentas sombras de Grey, me dijo que yo siempre había tenido mejor gusto literario y que esa era una de las razones por las que le gustaba, así que no me las diera de felino en celo porque más parecía jirafa laceada. Fue una desinteligencia.

En fin, que nadie diga que al menos no intenté andar así, como calentona por la vida.
Me equivoqué de libro, eso es todo.