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ComoyExisto

Sabor a sur

Entre más lluvia cae, más recuerdo y más ganas me dan de volver al sur. El fin de semana pasado me invitaron a Caburga y fue maravilloso.

Daniel Trujillo

Felipe Berríos, el sembrador

Probablemente para quienes conocieron de cerca a Felipe Berríos antes de que se hiciera misionero en África no resultaron tan sorprendentes las lúcidas reflexiones del sacerdote jesuita, en la entrevista que le hizo Juan Manuel Astorga. He conocido a muchas personas que le agradecen el sentido de servicio y sensibilidad social que les infundió y no me extraña el cariño y la admiración que le profesan. También tuve oportunidad de conocer curas así, de verdad consagrados al prójimo y concientes de cuál fue el mensaje de Jesús. Pero son la excepción y no veo por qué habríamos de aplaudirlos si al fin y al cabo esa y no otra es su pega. Sin embargo, creo que las palabras de Berríos merecen una ovación, no tanto por las cosas que ha dicho, sensatas y evidentes para cualquiera que piense, sino sobre todo por el valor de llamar sepulcros blanqueados a la raza de víboras de la institución a la que aún pertenece y a la oligarquía a la que durante años sirvió, lleno de autocomplacencia.

Julita Luco

Museo Ralli, un must en la ciudad

Cuántas veces pasé por fuera de este lugar y nunca había entrado…No tenía muy claro de qué se trataba, pero al entrar me encontré con una de las más grandes colecciones de arte latinoamericano contemporáneo, también con obras europeas y esculturas de artistas internacionales, entre ellos Dalí, Rodin, Ernst y otros.

Rodrigo Astorga

La nostalgia casetera no muere

Para muchos la llegada del invierno es sinónimo de una verdadera mudanza en el hogar, se guardan las poleras y se sacan las parkas y abrigos. En medio de ese proceso natural de cada año y que por desgracia aún no termino, aparecieron muchos recuerdos, entre ellos unas cajitas transparentes con algo de polvo encima y que formaban una perfecta y compacta unidad con una cinta magnética en su interior.

LucyPop

Tarde de BFF

“¿Quieres sacarte una foto conmigo?”, me dice. Después de una conversación de 20 minutos en un set armado como para la TV, sesión de fotos con un telón de fondo con su nombre estampado del techo al suelo y un grupo de diez personas monitoreando cada interacción entre nosotras, parece que le caí en gracia a Paris Hilton.