Dicen que ‘el ser humano es un animal de costumbre’ y esta semana lo comprobé. Ya no me quejo (tanto) de tener hambre, fui cinco días seguidos al gimnasio y, claramente, ahora estoy mucho más contenta con mi figura. Aunque algunos digan (los típicos envidiosos ;-)) que todavía no se me nota demasiado, uno sabe cuando el cuerpo cambia: los jeans me quedan más sueltos, mis brazos adelgazaron y ese rollito que tenía al sentarme se redujo considerablemente. ¿Qué mejor?

La fase 1 siempre es un agrado y admito que con mi amiga —que sufre y se alegra igual que yo— incluso hemos llegado a celebrar los granos, como la quínoa o el arroz integral; y sus galletas de avena y zanahoria son una auténtica delicia (¡y sin gluten!). Lo mismo que mi postre de quínoa con leche de arroz (que también cuenta como grano en la fase 1) y un poco de stevia para imitar el sabor de uno de mis platos favoritos: el arroz con leche. Y esto no está nada de mal.

No me di cuenta y el miércoles (Fase 2) se hizo presente con claras de huevo, pechuga de pavo cocida y tomates cherry al desayuno. Qué mejor incentivo para complementar mis rutinas de gimnasio con una caminata de 3 km hasta mi lugar de trabajo. Otra estrategia que adoptamos como hábito es la de juntarnos a almorzar durante esta etapa, para ponerle un poco más de ‘onda’ a las proteínas y verduras y olvidarnos del hambre.

Sentía que los días pasaban cada vez más rápido y hasta me atreví a ampliar esta segunda etapa y no volver a comer granos de manera tan radical, así que reduje un poco las porciones de avena y fetuccini sin gluten cuando estaba en la fase 3.

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Sin embargo, la rudeza me duró hasta que me topé con una ex primera dama (famosa por su campaña para comer sano) en un evento en su casa. Pero no fue una ensalada lo que me ofreció, sino que un humeante plato de ñoquis con salsa de tomate y queso fundido. Para flaquear. Ante su cara de sorpresa no me quedó otra que decirle la verdad: que en esta tres semanas no como trigo, ni lácteos, ni alcohol, etc… Terminó compartiendo conmigo algunos de sus secretos para mantener la línea, como dejar el azúcar y beber mucha agua. Después de todo, ¿a quién no le gusta verse y sentirse más sano?

El fin de semana fue ‘pan comido’, literalmente… Una tía celiaca me dio su receta de pan sin gluten integral. Harina de arroz, levadura, aceite de oliva, huevo y leche de arroz se mezclan y se dejan por 45 minutos en el horno. En el ítem alcohol no he pecado, pero sí confieso que he comido menos de lo indicado debido a un desorden de horarios, lo que según Pomroy afecta porque el metabolismo no se acelerará como se supone.

A pesar de que anoche Masterchef me torturó con cheesecake, volcán de chocolate y crème brûlée, superé mi ansiedad televisiva tomando té verde. A una semana de la meta, me siento cada vez más adaptada y adivinen, tengo más energía y sorpresa: ¡perdí otro kilo!

Veremos cómo siguen mis últimos siete días. ¡Vamos que se puede!

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