Macarena Meruane

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Macarena (42) fue la última en confirmar su asistencia a las fotos y la entrevista. El pudor y los nervios no la dejaron decir que sí al primer llamado de Caras Temas, a pesar de que quería hacerlo. A los 37 años fue mamá por primera vez y mientras esperaba su segundo hijo a los 39 el cáncer de mama que alguna vez tuvo, volvió .

“Toqué mi pechuga y encontré un poroto, por eso salí corriendo a hacerme los exámenes, ya que tenía antecedentes”. La traductora de inglés cuenta que le hicieron una ecografía y estando en
plena evaluación la radióloga le dio la mala noticia. Se sintió aterrada, porque significaba pasar por lo mismo otra vez. “Al comienzo me paralicé, a ratos pensaba que era un mal sueño, ya que solo tenía 40 años”.

Macarena emocionada cuenta que esos días fueron caóticos, no solo por el diagnóstico de cáncer, sino porque también estaba esperando guagua. “No pensé que podía volver la enfermedad, de hecho, si me hubiera dado cuenta antes, por ningún motivo los médicos me hubieran permitido volver a embarazarme. Sin embargo, la vida sabe porque lo hace y haber tenido mi segundo hijo es maravilloso. Así que rescato eso como positivo, volví a ser mamá”.

A punto de que Eloísa cumpliera un año a Macarena le diagnosticaron metástasis de huesos. Aunque la evolución de su tratamiento ha sido errática, esta luchadora parece conocer las razones. “Yo creo que esta enfermedad también se maneja desde la cabeza y me han pasado cosas a nivel personal, entonces el equilibrio no lo he logrado manejar bien”. Confiesa que ha pasado por momentos duros, pero también otros muy buenos. “Yo estaba bendecida desde antes en mi vida y esto me permitió saborearlo. Mi red de amigos y familia son maravillosos y por eso, estoy cosechando a manos llenas. Si quieres a tu familia, a tu marido, a tus amigas, invítalas y hazlas parte”, finaliza.

 

Tere Concha

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Es sin duda una de las productoras de moda más querida y reconocida en el medio. Con un look inconfundible, Tere llegó a la sesión fotográfica con su estilo chic y con su simpatía comenzó a conversar con las demás mujeres que pasaron por esta experiencia. “Ya cumplí cinco años después de hacermela primera radioterapia… estoy de alta”. La historia de Tere tiene una connotación familiar, pues perdió a su padre a los 18 años víctima de un cáncer que atacó los ganglios. Lo vio pasar por este proceso, por eso el dolor físico es algo que no la asusta ni la victimiza.

“Mi enfermedad fue grado uno, y súper inesperado, ya que soy rigurosa con ese tipo de exámenes, porque tengo el antecedente de mi papá que murió a los 48 años,
el bichito siempre está muy presente”.

“El cáncer a la pechuga es el que menos te esperas, más aún cuando año a año haces tus mamografías, pero bueno, así son las cosas y solo tomé acciones”. La primera medida fue operarla, luego vino la radioterapia durante 45 días. Siempre fue sola y con mucho ánimo, ya que lo vio como una enfermedad más.

Lo viví de forma rápida: sí hay que hacerlo. No hay tiempo para darle vueltas. Además, hoy con una mirada en retrospectiva siento que el dolor engrandece, da empatía, te hace mejor”.

Cuenta que cuando se enfermó estaba emocionalmente intranquila. “Justo unos días antes de enterarme le había enviado un mail a cada uno de mis cuatro hijos, diciéndoles que los necesitaba…No sé muy bien cómo surgió pero me nació hacerlo desde el corazón”. Más allá de creer que su cáncer se generó por tristeza, asegura que sus ganas de vivir y felicidad interior lo eliminó.

“Me encanta mi personalidad, soy en extremo positiva. He vivido situaciones fuertes, pero como mujer chora y feminista, hesalido adelante fortalecida… Creo que así somos todas las mujeres, maravillosas y con una fuerza interior salvaje”.

Paula Vial

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Paula notó el popularmente llamado ‘poroto’ en una mama… El médico al encontrarlo le dijo que no revestía problemas, pero sí debía estar observando y controlándolo. De un momento a otro este tuvo un crecimiento explosivo, por eso fue al ginecólogo y la derivó a un oncólogo, quien le señaló luego de efectuar una biopsia que tenía un cáncer de características agresivas, por lo se requería quimioterapia inmediata.

“En ese instante me llené de sensaciones, pero lo que más me afectó fue saber que se me caería el pelo, ya que es parte de mi distintivo personal. Ocupo una melena larga y voluminosa. Luego con el tiempo te das cuenta que es un detalle tan menor, pues hay cosas infinitamente más importante en este proceso. Fui a la peluquería y con mi mismo pelo me mandé a hacer una peluca.

Luego del tratamiento se me cayó, y mi marido me cortó lo poco que quedaba. Ese acto de complicidad nos unió muchísimo”, dice.

La ex defensora Penal Pública tuvo que pasar por 18 sesiones de ‘quimio’ que a su juicio no la hicieron sentir tan mal, por eso se hacía el ánimo para continuar trabajando, aunque con ciertos cambios, porque instaló una oficina en su casa. Algunos días de la semana salía a reuniones importantes y audiencias.

También siguió haciendo tres clases en la universidad. “Creo que me las di demasiado de Wonder Woman, debería haber bajado el ritmo, haber ido a alguna terapia con un sicólogo que me ayudara a sobrellevar esto, ya que después de un año de tratamiento y de hacer como si nada pasaba, me dio un bajón importante, aunque ya estaba completamente sana”.

Paula reaccionó muy bien al tratamiento: seis meses de quimioterapia, operación y otros seis meses de radioterapia. Todo tuvo la evolución esperada a pesar que se aceleró su proceso de menopausia.

“Estar de buen ánimo es crucial. Además, mi familia estuvo muy cerca, incluyendo la ex mujer de mi marido, que nos ofreció ayuda con nuestros hijos. Yo tengo uno de un matrimonio anterior y ellos fueron papás de tres. Vivimos todos juntos este proceso y desgraciadamente ella murió hace un año, así que conservo los mejores recuerdo y quiero a sus hijos como míos”.

La abogada cuenta que la enfermedad se vivió de manera muy natural, incluso cuando andaba sin la peluca en la casa, los niños ya ni si quiera se sorprendían.
“Pienso que la sociedad debe aprender a convivir con gente enferma, porque es parte de la vida y no puede ser que quien no se siente bien deba esconder sus momentos malos para que los otros piensen que puede ser ineficiente. Lamento, en parte, haber hecho con mis clientes como que no me pasaba nada”.

Paula luego de esta experiencia está convencida de que la vida debe aprovecharse con pasión. Asimismo, considera que el autocuidado y la prevención son esenciales, porque hacen la diferencia entre continuar viviendo y pasarlo mal con una patología que se complica. “A pesar de ser corajuda me da algo de aprensión hacerme los exámenes.
Aprendí que nadie está exento de que le ocurra algo grave. También acepté que puedo darme espacios para ser frágil, pero sin olvidar la fortaleza interna para sobrellevar los desafíos complejos. El optimismo es vital y apoyarse en quienes te equilibran”, sentencia.

 

Carolina Paulsen

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“Tenía un poroto hace como cuatro años en la pechuga derecha y no lo pescaba mucho, porque pensaba que era un quiste sin importancia. Tampoco tenía conciencia del cáncer de mama”, dice la actriz Carolina Paulsen. Se decidió ir al médico porque le contó a unas amigas que su mama se comenzó a  retraer. “Ellas me mandaron volando al doctor, y sin necesidad de biopsia ni exámenes, se dio cuenta de que era cáncer”. Cuenta que el especialista fue muy directo, le aseguró que al menos tendría una año y medio de tratamiento. Además, le sugirió someterse a un  mastectomía total.

La comediante cuenta que al escuchar todo esto, lloraba, pero no sentía nada. “Quedé en shock, era yo quien tenía una tremenda enfermedad”. Angustiada recuerda que lo único que quería era que le extirparan el c cáncer, independientemente de si esto significaba quedar sin sus pechos. “En ese momento de vulnerabilidad estuve muy acompañada con mi familia y mis amigos alentándome todo el rato”. Hoy, con 43 años y casi cinco años después del diagnóstico, revela que el único momento en que su fortaleza flaqueó fue al llegar a su casa y verse frente al espejo con un gran parche en su pecho.

“¿Qué tantas cosas malas he hecho para perder mi pechuga? Yo no soy una persona envidiosa, egoísta o malintencionada. No entendía ¿por qué me pasó esto? Fue atroz ver mi cuerpo herido”, pensó. Consciente de que lo que pasaba era real y peligroso, Caro se preparó alimenticiamente para no debilitarse con las 16 sesiones de quimioterapia que solo se las realizaba por prevención, ya que se suponía que la operación había extirpado el cáncer.

“Siempre he pensado que la vida me había dado una nueva oportunidad, de hecho para darle sentido a esta experiencia comencé a interesarme por el tema de la decodificación. Esta teoría apela a que la pechuga derecha tiene relación con el padre, la postergación, la infelicidad y la traición a las propias emociones. Me hace completo sentido, porque perdí a mi papá y en mis relaciones de pareja siempre he estado en último lugar”.

La actriz aprendió a huir de todo lo que no le hace bien, así como a valorar la importancia del amor propio y el orgullo de sentirse valiosa con sus luces y sombras. Como parte de su tratamiento preventivo, Carolina tomará tamoxifeno por 10 años, porque su cáncer fue hormonal. Esta medicación, le provocó una menopausia prematura, aunque no le complica, “gracias a dios tengo un hijo. Solo tengo que asumir mi condición a tan corta edad. Pasé por un proceso
maravilloso conmigo misma y ha sido el de amarme por completo. Yo sé que la pareja va a llegar como un regalo y será una persona que esté en los mismos niveles de conciencia que yo”.

Isabel Tolosa

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Isabel tiene 43 años y tuvo cáncer de mama a los 37, justo un año después de ser mamá. Con tiempo limitado, llega al estudio a hacerse las fotos y comenta que pidió permiso en el canal para poder ausentarse toda la mañana. El cargo de editora de reportajes de Mega le demanda muchas horas y esfuerzo, pero lo disfruta. Ito, como la apodaron en su trabajo, cuenta que su cáncer le provocó un verdadero shock.
“Mi mamá murió de esta enfermedad cuando yo tenía 22 años y por eso soy muy rigurosa en mis evaluaciones. Partí a los 32 años con palpaciones a cargo de mi ginecólogo y luego vinieron las mamografías”.

No recuerda muy bien por qué pidió una hora al médico cuando no le correspondía por fecha. No obstante, fue y su doctor al verla en la consulta aprovechó de mandarla a hacerse exámenes.
“La radióloga vio algo extraño y al tener antecedentes, me pidió de inmediato una biopsia. Lo normal es que te tomen hasta cuatro, pero a mí me hicieron 12 muestras. Ahí sentí que
algo malo pasaba”.

Ito tenía células cancerígenas en la mama derecha, “recordé de inmediato el tratamiento de mi mamá y se me vino a la cabeza mi hija que solo tenía dos años recién cumplidos. Estaba muy angustiada”. No obstante, todo fue desarrollándose de manera muy rápida. La operación fue casi de inmediato al diagnóstico, por lo tanto no hubo espacio para deprimirse.

Cuenta que el equipo médico la contuvo de forma muy cariñosa. “Me dijeron que no tuviera miedo, porque lo que le había ocurrido a mi mamá había sido distinto”. A Ito le practicaron una mastectomía, pues así ella lo decidió evitar pasar por tratamientos de quimio y la radioterapia.

“Luego me vino el bajón, cuando me estaba recuperando de la operación estaba con el expansor para la futura reconstrucción mamaria. En ese minuto como que me di cuenta de todo lo que había pasado, pero con el apoyo de mi familia y saber que tenía una hija, no podía caer. Soy la prueba viviente de que la prevención funciona”.

Isabel a partir de ese tránsito cambió su alimentación y sus hábitos. “Ahora tengo una vida súper normal, pero sana y controlada. También tengo mayor conciencia del autocuidado, por lo que sagradamente voy a mis controles. Hay que hacerse cargo”.

Paula Aninat

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“En septiembre de 2009, iba bajando por Avenida Las Condes y no sé por qué giré hacia la clínica para ir a hacerme los exámenes ginecológicos de rigor, que recién me tocaban en marzo del siguiente año. Me senté en la sala de espera y al ver a la radióloga le dije que venía a control y ella me responde que no tenía hora, pero que si quería hacérmelos debía esperar. Así lo hice”, dice Paula Aninat de 53 años.

Los resultados fueron claros, un quiste se alojaba en su mama derecha, se trataba de un linfoma no Hodgkin. Le realizaron un análisis más profundo, donde le dicen que no es necesario aún sacar el tumor, pero que sí se requiere comenzar un tratamiento de
quimioterapia.

Ella con una tranquilidad que abisma, le pregunta a su doctor si se morirá, a lo que él le responde, “sí, pero no de esto”. Esa respuesta la hizo no parar de llorar en tres días, aunque se percató que no podía seguir así, ya que les traspasaba una angustia doble
a sus hijas.

“Determiné que no lloraría más, así que me fui a la peluquería y pedí que me raparan entera, no fue tema. No concibo esa preocupación tan superficial”, afirma. Como broche de oro se compró un convertible negro que había sido su sueño de siempre.

“Era muy divertido, porque con el viento me tenía que agarrar la peluca para que no se me cayera”. Confiesa que lo pasó mal, pero no flaqueó, a pesar de que le debieron hacer una extirpación de la mama derecha.

Jamás dejó de hacer ejercicio, no pidió licencia, no faltó a las reuniones de colegio, ni tampoco dejó de ir a los lugares que la invitaban, de esa forma lo tornaba normal como cualquier enfermedad. Ella lo define como una “gripe tremenda” y agrega: “Se puede seguir adelante, donde se debe tener el tiempo para sentirse linda. Darse ánimo, porque la gente comienza a sentir lástima de ti de forma inconsciente y eso se vuelve en contra”.

Aninat reconoce la importancia del núcleo cercano: “Tuve el apoyo de muchos familiares y amigos, así como hubo personas muy cercanas que no estuvieron conmigo en este momento crucial que duró ocho meses. Sin embargo, ya no guardo rencor, ni tampoco quiero recibir excusas, ya no sirven. Mis hijas fueron un siete, lo tomaron con valentía, madurez y me entregaron mucho amor”, dice Paula.

Esta mujer de hablar convincente aconseja a todas las mujeres realizar sus chequeos
anualmente, ya que es la alternativa de estar bien o poder perder la vida, pues
esta enfermedad tiene un excelente pronóstico si se detecta a tiempo.

“No me cabe la menor duda de que las cosas son por algo y para algo. Aprendí que hay que hacerle caso al cuerpo. Las mujeres nos sentimos gordas y comemos solo lechugas, no descansamos, pasamos frío porque no queremos abrigarnos, ya que el vestido que andamos trayendo es espectacular. Hoy yo ya no discuto y no comparto en ambientes que me incomoden”.
Paula, por otra parte está convencida de que la fuerza familiar es la base de toda recuperación, pues es lo que entrega contención en estos momentos tan difíciles. Hoy, luego de 33 años de trabajo en la banca, se retiró para disfrutar la vida y está dedicada a viajar por el mundo con su pololo.

 

Maeva Atam

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Maeva Atam (34) es una mujer entusiasta y cuando le contamos de esta iniciativa de inmediato quiso participar. Sin embargo, por la distancia, no pudo estar en la sesión de fotos para la portada. Gracias a la tecnología pudimos rescatar su testimonio.

“Superé hace cinco años el cáncer y me convencí de que no va a volver, que nunca más voy a sufrir por esta enfermedad y que ya quedó atrás. Le traspaso esa información a mi cuerpo y a mis células todos los días”. En 2010, quedó embarazada de su primer y único hijo. Mientras él crecía dentro de su vientre, Maeva empezó a sentir que algo también comenzaba a desarrollarse en su mama.

Todo se complica en uno de los lugares más aislados del mundo, en donde no existen médicos especialistas y la única posibilidad de ser atendido para este tipo de consultas es mediante la visita que una vez al año realizan profesionales de la salud de las Fuerzas Aérea de Chile (FACH).

Las sospechas continuaron hasta cuando nació su hijo en mayo de 2011, cuyo problema se hizo más evidente, debido a que la mama afectada no producía leche, lo que elevó las alarmas de la isleña que trabaja en la oficina turística del Sernatur. Después de escuchar todo tipo de diagnósticos y consejos, la duda se disipó: incubaba un tumor del tamaño de su mama.

Maeva tenía que tomar una decisión  crucial para realizarse exámenes y empezar un tratamiento, en cualquier caso, tenía que dejar de amamantar a su hijo, que en ese entonces, solo tenía cuatro meses. Luego de pensarlo mucho, la isleña prefirió no cortar la lactancia, según dice “porque el bienestar de su hijo está por sobre todo”.

A un año de este suceso, volvió a tratarse, por lo que de urgencia tuvo que dejar todo y viajar a Santiago. No había otra solución que una mastectomía radical unilateral derecha. Para recuperarse, Atam recalca la importancia de su familia, de sus amigos que son ‘la familia que tú eliges’ como dice y también de la Corporación Yo Mujer que la hizo entender que existen más chilenas que están pasando por lo mismo. “Soy una convencida de que un pecho no te hace más o menos mujer, pero hay una sensación de mutilación que ves al comienzo que requiere mucho trabajo para dejar de verla así, es súper fuerte.

“Especialmente cuando vives en Isla de Pascua, donde el 70% del año es verano y tenemos la cultura de ser súper libres y no tener pudores con el cuerpo”. Después de tres años, Maeva empezó a principio de 2017 con el proceso de reconstrucción mamaria que la tiene muy contenta y asegura que la clave de esto, es convencerse a sí misma de que se puede salir adelante: “Lo importante es entender que no estamos solas y que no eres la única, habemos muchas más. Hay que pedir ayuda, apoyarse en la familia y los amigos, no encerrarse”.