Mi amiga Berta me preguntaba hace unas semanas en Facebook qué tanto de cierto había en un artículo con el que se había topado en la red sobre la forma que los vikingos hablaban de sexo con sus hijos. Rápidamente lo leí y pude contestarle que efectivamente era como se describía: de manera abierta, clara y desde muy pequeños.

Debo confesar que yo, criada y educada en la provincia chilena, en un tiempo en que el sexo era un tabú, me complicaba el sólo pensar qué respondería cuando las mini vikingas tocaran el tema. Y el día llegó; cuando la mayor tenía unos 3 años preguntó cómo había llegado a estar en mi panza. Y mientras yo no me recuperaba del impacto, el vikingo contestó sin siquiera inmutarse y mientras preparaba el desayuno: “Creciste de una semilla que yo puse en mamá para crear un bebé”. Tal vez como era muy pequeña la respuesta la dejó satisfecha y se acabó el tema con total naturalidad.

Aquí en Dinamarca el sexo y la sexualidad se tratan como cualquier tema cotidiano. En el colegio a los 11 años enseñan todo lo relacionado con la pubertad, el desarrollo y los cambios físicos del cuerpo, mientras a los 14 los temas se centran en las funciones corporales, enfermedades de transmisión y temas como el sexo seguro y la prevención del embarazo.

Pero considerando las bajas tasas de natalidad en el reino y en Europa en general, hoy la preocupación está en cómo incentivar el crecimiento de la población. Estadísticas recientes mostraban que el 2014, por fin, hubo alrededor de 1000 nacimientos más que el año anterior, lo que significaba el primer aumento en la tasa de natalidad en cuatro años. Y ahí tenemos la campaña de Spies con el comercial que invita a los vikingos a salvar el “futuro del reino” con unas vacaciones románticas. Y hay un premio si demuestras que un mini vikingo o vikinga fue concebido en esos días, ¿tentador, no?

Naturalmente el comercial generó cierta controversia, pero la gran mayoría se lo tomó con humor. “Sex og Samfund” (Sexo y Sociedad), una organización que se ocupa principalmente del tema de la educación sexual, al igual que el Ministerio de Educación, han modificado ligeramente su línea de enseñanza para mostrar la procreación de una manera más positiva, sin perder de vista el énfasis en la responsabilidad y la madurez para afrontar la relación sexual, según me cuentan mis hijas.
Yo, lo admito, sigo admirándome y agradeciendo esa visión sana y natural del cuerpo y la sexualidad, que ha hecho que sea un tema de conversación como cualquier otro y que permite que el vikingo hable con nuestras niñas con mayor naturalidad que yo. Su apertura permite que podamos conversar sobre valores, discutir y reflexionar sobre actitudes y sentimientos sin vergüenza ni tapujos.

Me gusta esta apertura de mente y la confianza para preguntar. Claro que cuando te asaltan un día cualquiera, antes de la cena, con un “¿mamá, qué es un dildo?”, como quién pregunta qué hay de comer, todavía me dejan en jaque…

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