El secreto para bajar de peso pareciera no estar en la suma y resta de calorías, sino que en el efecto que los componentes de ciertos alimentos ejercen en nuestro cerebro. Disponibles en cualquier almacén, quiosco o supermercado, están siempre ahí, listos para proporcionar placer y felicidad cuando más lo necesitamos.

“Algunos alimentos liberan hormonas que provocan respuestas neurológicas y emocionales rápidas, lo que nos hace considerarlos adictivos”, asegura la nutricionista María Fernanda Bunster, experta en tratamientos basados en ADN y parte del equipo de Psicoalwa.

Según un estudio de la Universidad de Michigan, la fórmula irresistible estaría en la suma de grasas saturadas y azúcares refinados. “Esa mezcla genera dependencia; incluso hay personas que pueden llegar a sufrir del síndrome de abstinencia cuando deben abandonar su consumo”, explica Lidia Henríquez. Según esta nutricionista, algunos alimentos “generan el mismo efecto que la cocaína”, debido a que neurotransmisores como la dopamina, cuya función se asocia al placer y a la motivación, se liberan en el cerebro especialmente en el núcleo accumbens, el mismo punto donde las drogas hacen efecto. Así lo comprobó también el científico Bart Hoebel, quien demostró que una alta dosis de azúcar “produce acciones similares a las de morfina y nicotina”.

Wp-helados-450

A su vez, especialistas también han comprobado que ‘sensaciones’, como oír un “crunch crunch” mientras comemos, nos genera dependencia ya que potencia el componente adictivo, como asegura la experta Bárbara Contreras.

¿Cuáles son esos malditos? Aquí los 7 alimentos con los que hay que irse con cuidado.

ADICCIÓN Nº 1: EL CHOCOLATE

Está comprobado, y todo se explica en su composición basada en sustancias químicas muy similares a la cafeína, como la teobromina, perteneciente a la planta del cacao, y anandamida. Estos compuestos, “provocan satisfacción y felicidad a nivel cerebral”, afirma la nutricionista María Fernanda Bunster. “Por ese motivo que no podemos evitar repetir la experiencia”, agrega la experta Lidia Henríquez.

Wp-pasteles-chocolate-450

ADICCIÓN Nº2: LOS PASTELES

El doctor Robert Lustig de la Universidad de California es uno de los especialistas que le declaró públicamente la guerra al azúcar calificándola de “pandemia”, generando verdaderos adictos en Estados Unidos. Grandes portadores de azúcar, se combinan con grasas saturadas: “El azúcar por sí sola es adictiva, más aún si va acompañada de crema, manjar y otros ingredientes grasos”, afirma la especialista María Fernanda Bunster.

ADICCIÓN Nº3: LAS PAPAS FRITAS

Los especialistas aluden a las ‘de bolsa’ y concuerdan en que su composición de sodio y grasas saturadas es elevado. “Eso genera aceleración en la liberación de dopamina, y por ende, el efecto placentero”, afirma María Fernanda Bunster. Y Lidia Henríquez denomina como efecto crunch a la adicción por sentir resonar la comida en el cerebro. Para Bárbara Contreras “la crujencia y el masticar el alimento hace saborearlo más, lo que provoca ganas de comer sin parar”.

Wp-papas-fritas-chips-450

ADICCIÓN Nº4: LAS CABRITAS

Su elevada concentración de azúcar se suma al efecto del crunch. Lidia Henríquez además afirma que “el ritmo es reconocido por el cerebro e impulsa a repetir la acción una y otra vez, debido al placer que genera”.

ADICCIÓN Nº5: LA PIZZA

El queso y los alimentos que acompañan sus preparaciones, como el pepperoni, generan dependencia por sus elevados niveles de grasa según explica Lidia Henríquez. Pero la gran revelación de la especialista con respecto a la pizza está en “la noción que tiene el cerebro de oler y comer a la vez y luego, querer volver a hacerlo”.

Wp-pizza-queso-450

ADICCIÓN Nº6: LOS HELADOS

Sus componentes lo condenan. Son una gran fuente de grasa y azúcar “y estos en sí son adictivos”, afirma la especialista Bárbara Contreras. Añade otro factor: “Tomar helado se ha transformado en un proceso inconsciente, lo ingieres caminando por la calle o viendo una película y no te das cuenta”.

ADICCIÓN Nº7: LAS BEBIDAS

La culpa la tendrían los azúcares simples, como la sacarosa y glucosa, y la elevada concentración de cafeína. Ingerir estos componentes “produce un incremento instantáneo de energía y son rápidamente absorbidos por el cuerpo, seguido de una caída brusca de energía”, que según María Fernanda Bunster llevaría a consumir más bebidas. Y no hay que engañarse: el efecto ocurre con bebidas light, zero o normarles. A esto, la especialista Bárbara Contreras añade el factor del gas, el cual “produce la sensación de frescura” y por tanto, las ganas de querer consumirlo más veces.