El éxito del libro Los mitos me tienen gord@ y enferm@, que en la primera semana de ser publicado fue best seller, junto a la connotación mediática que alcanzó su autor Pedro Grez hace un par de años con su revolucionario método para adelgazar a costa de comer grasa por la mañana y de manipular el horario de ingesta de los alimentos, llevó al terapeuta multidisciplinar español y autor de Tu salud en los nuevos tiempos, Sergi Recasens, a pensar que lo que planteaba Grez respondía a algo más profundo, a una energía que iba más allá de la simple comida.

Quien más que él sabía que el exceso de grasa corporal que hoy nos tiene como el país más obeso de Sudamérica tiene que ver con otros factores, en su caso, con la pena de haber perdido a su padre a los 8 años, que lo llevó en el tiempo a un comer emocional y a acumular 46 kilos de sobrepeso. Pedro, por su parte, había ganado 26 kilos en un período marcado por frustraciones y estrés. Con estudios sobre las energías que forman al ser humano con lo que ha ayudado a miles de personas a revertir trastornos de obesidad, adicciones, depresión, insomnio, cáncer, entre otros, Recasens le propuso a Grez escribir algo juntos; dar a conocer un mensaje y expandirlo, y que no tenga que ver solo con la alimentación sino, como dice él, con un tema relacionado con lo más profundo del ser humano y es ¿qué nos está ocurriendo como sociedad?, donde —a su juicio—, existe “una desconexión aberrante de alma, cuerpo, mente y espíritu. ¡Una desconexión total!”, advierte.

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Fue así como estos dos ex obesos se conectan y escriben Las emociones me tienen gord@ y enferm@, que a los pocos días de su lanzamiento ya figuraba entre los libros más vendidos. Un viaje que —aseguran— ayuda a los lectores a descubrir el origen emocional de condiciones y enfermedades como obesidad, diabetes, fibromialgia, estrés, hipotiroidismo o esclerosis múltiple y, lo más importante, el camino para resolverlas. Un libro que para Grez viene a cerrar el círculo virtuoso que comenzó con Los mitos me tienen gord@ y enferm@, donde lo primero y central era sanar el cuerpo a través de la alimentación, para luego preocuparse de las emociones. “Cuando no te amas, no te quieres mirar al espejo, te sientes frustrada, te odias y no te perdonas, esas emociones están conectadas a cómo te sientes físicamente, que hace que vivas en una baja frecuencia emocional. En mi caso, el impacto que tuvo la emoción en mi proceso, hizo que me sintiera deprimido, con resentimiento, y eso me generaba mayor ansiedad. Y comía carbohidratos, que me daban ganas de consumir más carbos y me quedaba atrapado en ese círculo vicioso”, recuerda.

¿Qué pasa entonces si cambias lo que comes?, pregunta Grez, y luego responde: “Pierdes grasa corporal, te sientes mejor, aumenta tu autoestima y comienzas a vibrar en una mejor frecuencia. Ese cambio de estado permite recién comenzar a pensar en el alma, en cuestionarte otras cosas. Ahí es cuando empiezas a conectarte con las emociones. En el fondo, cuando cambias de vibración —que, insisto, se parte por la comida—, te sales de esas aguas revueltas en las que está todo el mundo y te sumerges en otras aguas”, asegura Grez. Lo esencial, complementa Sergi, es descubrir qué nos impulsa a comer: ¿dolor?, ¿tristeza?, porque primero hay una emoción, después la acción, explica.

“Cuando tu alma da un grito de auxilio es cuando te preguntas qué te pasaría corporalmente si cambiaras algo. La tristeza, una pena profunda, la depresión, la ansiedad, los nervios, que no te sientas feliz, son los primeros llamados del alma que te dicen: ‘despierta, empieza a trabajar’, y lo primero que hay que trabajar es el cuerpo, para soltar ese lastre y comenzar a sentirte mejor. Y ojo que detrás de ese torbellino de emociones no solo se esconde la gordura, también la diabetes, fibromialgia, el estrés entre otras enfermedades”, señala Recasens. Agrega que la desconexión total de alma, cuerpo, mente y espíritu que existe en la sociedad chilena nos tiene infestados de enfermedades y también de zombis que viven en ‘modo automático’.

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“¿Cuántos se detienen y preguntan ¿esto es lo que quiero?, ¿estoy realizado en el trabajo? La mayoría actúa de manera similar, porque la sociedad te dice ¡dale, dale! produciéndose un quiebre total en las personas. ¿Cuántas mujeres han sido madres sin querer serlo?, ¿cuántas miles de otras con fibromialgia que lo dan todo por la familia y que están enfermas de pies a cabeza porque se han borrado ellas mismas de ser parte de su propia película? A pesar de las tecnologías y de los avances, estamos en retroceso porque el ser humano dejó de ser el centro”, sostiene Recasens. En ese sentido, Grez invita a cuestionarse.

“¿En qué medida estás escribiendo la historia de tu vida? Porque lamento decirte, que si no te gusta la vida que estás viviendo, tú la creaste y eres el único con el poder para cambiarla. Esa es nuestra invitación, cambia tu alimentación porque es la base, ese es el primer paso. Tu cuerpo es como si fuera una casa; si está a mal traer o cayéndose a pedazos, no puedes tener adentro muebles impecables, que vendrían siendo las emociones. Tienes que arreglar primero tu casa, tu jardín, dejar tu estructura bien armada, y cuando esté todo perfecto por fuera, te metes a afinar por dentro”.

Recasens agrega que en la actualidad, así como existen gordos que con una dieta son capaces de revertir su sobrepeso y mantenerse en el tiempo, hay una gran masa de obesos que son enfermos emocionales, que van de dieta en dieta y fracasan una y otra vez. “La comida es un placer, pero el ser humano no necesita ponerse como un cerdo para comer. Es cuando debes preguntarte ¿qué te impulsa a comer constantemente? En mi caso llegué a tener 46 kilos de más por una carencia de la figura paterna, que me llevó a consumir todo tipo de alimentos autodestructivos. Lo mío fue ciento por ciento emocional, que me acarreó este problema alimentario del que fui consciente muchos años después. Me saqué ese peso a base de gimnasio y alimentación”. Pedro insiste en su punto: “Un problema emocional lo puedes intentar resolver de muchas maneras, a través de tomar conciencia, meditación, terapias alternativas, pero si no modificas lo que comes, será muy difícil, porque transformando tu físico se producen cambio bioquímicos y hormonales que no manejas y empiezas a vibrar en otra frecuencia”.

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EL MENSAJE DE LAS ENFERMEDADES

La invitación de ambos autores entonces es a conectarse, a abrir los ojos. “Este libro es un viaje para que el alma de los lectores encuentren respuestas, ya que está escrito desde el dolor y el sufrimiento”, aseguran. Insisten en que así como la obesidad es la respuesta a una determinada emoción, lo mismo ocurre con otras enfermedades como el estrés, diabetes, hipotiroidismo, esclerosis múltiple o fibromialgia.

“La fibromialgia, por ejemplo —explica Grez—, es una condición en la cual aparecen todos tus exámenes e indicadores de salud perfectos, sin embargo, te duele el cuerpo completo. Muchos médicos, para no decir que no saben lo que tienes, te indican que tu problema es inmunológico o idiopático y te bombardean con pastillas o corticoides, cuando la causa es emocional. Hay dos millones de mujeres en Chile con esta enfermedad, porque se sienten postergadas. Nuestra idea es mostrar en fácil una faceta de tu vida, que te conectes con ella para entender qué te está pasando, y que detrás de cualquier enfermedad o condición hay una emoción escondida que al final el cuerpo lo termina manifestando como un dolor”.

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—La enfermedades vendrían siendo el mensaje, entonces.

—Pedro: ¡Exacto! Entonces, lo que tú deberías ver en las enfermedades es el mensaje, lo que hace 20 años era impensado plantear. Hoy, sin embargo, la gente está abierta a creer, por ejemplo, que el cáncer se produce por problemas emocionales y que algunos lo pueden revertir cambiando la emoción. Hay libros con testimonios maravillosos de personas que lo han visto como una oportunidad de parar y replantearse sus vidas y en ese replantearse cambian la emoción y empiezan a vivir diferente. Y ese cambio genera transformaciones físicas. Recuerda que nuestra molécula más chica es un átomo, compuesto por un electrón y un protón. Si el protón fuera una manzana, el electrón equivale a un grano de sal. Y la distancia que hay entre ellos son de dos kilómetros, o sea, ¡somos vacíos! Entonces, ¿pueden nuestros pensamientos lograr que la vibración, esa energía de la que estamos compuestos, cambie? ¡Obviamente! lo hacemos todo el tiempo: lo que crees, creas.

Ambos advierten que para dar con lo que nos pasa no existe receta, cada cual vive su proceso de manera personal para conectarse, es una búsqueda. “Aunque hay una primera pregunta —aconseja Recasens— que uno debiera hacerse y que no falla: ¿la vida es una mierda o mi vida es una mierda? Si alguien se la plantea, ¡tiene oro! Porque si te han puesto en esta vida, es para que rías, disfrutes, procrees y quieras; para gozarla sin ser juzgado, criticado, ni tildado ni nada”.

—Pedro: ¿La clave? empieza por quererte, aceptarte y perdonarte, porque si no te amas no puedes construir desde ahí.

—Sergi: Cuando empiezas a perdonar y perdonarte, comienza la magia de la vida. Es lo central de todo.