No lo voy a negar: cinco kilos menos me alegraron la vida en todo sentido. Y lo mejor… ¡no he vuelto a subir de peso! Es por eso que mi amiga y yo seguimos con la Dieta del Metabolismo de Haylie Pomroy. Y con días que bordean los 30 grados de temperatura y unas vacaciones en la playa a la vuelta de la esquina, el sólo hecho de que la ropa quede más suelta sube el ánimo de mis mañanas frente al espejo y a la balanza. Y seamos francos, no hay mejor sensación que ponerse jeans sin tener que aguantar el aire…

Pero más allá de los kilos (sin desmerecerlos, obvio), la Dieta del Metabolismo Acelerado cambió mi forma de vivir en todo sentido. Comer cada tres horas y por ningún motivo saltarme comidas no sólo ha aumentado la velocidad de mi metabolismo (la principal misión de Haylie), sino que ha sido mi estrategia clave para combatir esa permanente ansiedad de comer ‘algo dulce’ a deshoras.

También aprendí ‘el arte de reemplazar’. Cambié mis golosinas por piña y manzana deshidratada, que se puede encontrar fácilmente en mini-markets, cafeterías y supermercados para las fases 1 y 3 (ojo que algunas tienen azúcar). Y lo mismo hice con el café y mis dos litros de coca cola diarios, a los que reemplacé por té verde e infusiones de hierbas, como el rooibos y el cedrón.

Pero no voy a mentir… Algunas de mis debilidades persisten. Una vez a la semana me permito un par de cuadraditos de chocolate bitter sin azúcar de la chocolatería Bozzo y cada jueves, mi amiga se toma su café (decaf) con leche de soya en Starbucks. Y bueno, no voy a negar que no me he tomado una copita de vino uno que otro viernes en la noche, pero tampoco es el fin del mundo… Nada que hacer, ¡somos humanas!

Aún así, dejé de comer lácteos y me olvidé del pan al cien por ciento. La avena es un must de mis desayunos de la fase 1 y la quínoa no falta en mi despensa, ya que sirve para preparaciones saladas y dulces. También evito los carbohidratos cuando no son necesarios y las proteínas como el pavo y las legumbres son la base de mi dieta para entrenar durante horas en el gimnasio. Incluso me he atrevido a ampliar la fase 2 un días más, como aconseja Haylie una vez que se terminan los primeros veintiocho días.

Mucho más segura de mí, lo mejor es que hoy como sin la culpa que antes me angustiaba. Disfruto cada comida y admito que hasta le agarrado el gusto a cocinar: mi pan y el queque sin gluten cada vez me resultan mejores. Lo más difícil es el comienzo, pero el resto es sólo costumbre. Con un promedio de 500 gramos menos cada semana, el estómago más plano y mis piernas cinco centímetros más delgadas, el desafío sólo está en mantener esta rutina que incluso hoy siguen más de siete amigas, todas unidas a través de nuestro grupo en whatsapp, lejos la mejor forma, se los recomiendo, para animarse a bajar de peso.

¿Alguien más se une?
¡Claro que se puede!

@fernandaguirren

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