“En Chile no tenemos idea lo que estamos comiendo”, fue la frase lapidaria que me lanzó hace algunos años un bioquímico e investigador –dedicado al tema–cuando le pregunté cómo podíamos reconocer la presencia de transgénicos en la comida.

Quedé impactada y me pregunté cuánto de esos elementos desconocidos y no rotulados habría en mi cuerpo, en el de mis hijos, de mis amigos, el de la humanidad toda. Porque cuando nos comemos un choclo de esos lindos, perfectos y de comercial…sin duda hay transgénicos detrás. El problema es que no sabemos cuáles y qué efectos tienen cada cosa contenida en lo que nos echamos a la boca.

El objetivo de modificar genéticamente un producto, como el maíz, introduciéndole un gen de otra especie no es capricho, el objetivo es que dicho alimento tenga una mejor respuesta frente a una plaga, y en el caso específico del choclo, a los coleópteros. El asunto es que no sabemos cuáles han sido modificados con el fin de resistir plagas, y de paso mejorar las arcas del productor, y cuáles podrían dañarnos.

Tomaré un ejemplo que me dio el mismo científico que en ese momento trabajaba en el INTA: Si una persona es alérgica a un aminoácido de la castaña de Brasil la consumirá igual porque no sabe que está presente en la soya. No basta sólo con no comprar soya porque también se usa en la preparación de alimentos como las vienesas. El pequeño gran detalle es que prácticamente la totalidad de la soya que se cultiva es transgénica. Y no siempre es voluntaria. Basta que una plantación lo sea para que por efecto del viento y las polinizaciones naturales las semillas lleguen a otro predio cercano, que hasta ese momento “virgen” de transgénicos. Por eso, muchas veces ni los productores saben que en sus tierras crecen productos transgénicos.
Hace pocos días volvió a salir a la luz, no en muchos lados la verdad, el tema de la multinacional Monsanto –que maneja productos transgénicos–, que se adjudicó en 2011, vía votación del Senado, los derechos de algunas de las semillas indígenas y campesinas de nuestro país. Ahora esta votación tiene que ser ratificada. ¿Qué quiere decir esto? Que los agricultores no tienen derecho a guuardar semillas propias, sino que tienen que comprarlas obligatoriamente a Monsanto (de propiedad de David Rockfeller).

El 25 de mayo habrá una manifestación en contra de esta medida y de los transgénicos. Creo que es buena idea escucharlos y ver que se note que a la comunidad le importa lo que ocurre en torno a esto. Mientras, es bueno tener en cuenta que no basta con mirar con cuidado al comprar soya, maíz, algodón o canola, alimentos en los que transgénicos son más comunes. Lamentablemente ni la intuición más desarrollada podría detectar su presencia, sólo un examen de laboratorio.

-Links de interés:

  • www.sag.cl
  • www.ecosistemas.cl
  • www.chilesustentable.net
  • www.yonoquierotransgenicos.cl
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