Según el Ministerio de Salud, las chilenas de más de 40 años, y sobre todo de estratos altos, están pasándose de copas y
no se enteran cómo un simple pisco sour está conectado con el cáncer de mama, dolencias cardiacas o neumonías.

Aceptado socialmente como un infaltable en cualquier celebración, hasta para hacer compañía leyendo un libro, el alcohol tiene una cara nada alegre ni glamorosa tipo Sex and the city.
De acuerdo con un estudio realizado en 2010 por el Senda (Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol) del Ministerio del Interior, casi el 60 por ciento de la población bebe alcohol, siendo las mujeres del nivel socioeconómico alto las que más están cayendo en su abuso.
Champagne, vino, cerveza o vodka tónica, el alcohol siempre produce un efecto tóxico y sedante. Su ingesta en exceso y prolongada conduce a carencias nutricionales, deficiencia de vitaminas y anemia, lesiona el aparato digestivo, el cerebro, el corazón y la piel.
Arturo Schönffeldt, médico internista y toxicólogo de la Clínica Santa María, explica que aún se desconoce por qué algunas personas son más propensas a la estimulación que el alcohol causa en los neurotransmisores del cerebro y que conducen a la dependencia. “Se puede ser un bebedor excesivo si se toma todos los días en demasía, si se llega a embriagar una vez a la semana o al mes, pero cuando hay incapacidad de detenerse hasta caer en coma alcohólico o de abstenerse de tomar a diario, aunque sea en poca cantidad, hay un problema”, aclara.

LOS QUE SE CONSIDERAN BEBEDORES EXCESIVOS Y NO ‘ALCOHÓLICOS’, ESTÁN EXPUESTOS A LOS MISMOS DAÑOS. Lo grave estaría no tanto en la cantidad, sino en la concentración de alcohol por bebida.
Mientras un litro de cerveza tiene seis gramos, 150 centímetros cúbicos de ron equivalen a 18 gramos, aproximadamente. Y si piensa que la resaca es lo único malo que puede pasarle después de unos tragos, el círculo del autoengaño se cae como castillo de naipes entre los 40 y 50 años, cuando las enfermedades derivadas por el gusto por el trago, comienzan a manifestarse.
El cóctel incluye hipertensión, daño mental y neurológico —ya que deprime el sistema nervioso y favorece la depresión—. Otras graves patologías, que flotarán como hielos en su vaso, son la miocarditis alcohólica, que dilata el corazón hasta llegar a la insuficiencia coronaria. También las úlceras de estómago y de duodeno, la pancreatitis crónica, la acumulación de grasa en el hígado y la obvia cirrosis hepática, ya que es el hígado el que metaboliza el 95 por ciento del alcohol, eliminándose el resto a través del aliento, la orina, el sudor, el excremento y la saliva.
En los bebedores excesivos también es frecuente la neuropatía o alteración de las terminaciones nerviosas en las extremidades inferiores, que causa sensación de adormecimiento, dolor y cansancio. Asimismo, surgen complicaciones en el sistema inmunitario, por lo que el bebedor padece neumonías con más asiduidad. Además, ve disminuido su rendimiento intelectual y su capacidad de reacción y tiene más fatiga. En los hombres, se ven aumentados los niveles de hormonas femeninas, contribuyendo a la impotencia.

El abuso del alcohol tiene un peligroso efecto cancerígeno —sobre todo junto a otras sustancias como el humo de cigarrillo—, con casi un 70 por ciento de incidencia en el cáncer de esófago, boca, garganta y laringe.
Para las mujeres, beber en exceso tiene un efecto dilatador de los capilares de la piel, por lo que la cara se ve hinchada, mientras la nariz se vuelve rugosa y de color rojo oscuro. Y, como alimento, contribuye a engordar. Se acumula grasa en el bajo vientre y en las caderas. El doctor Schönffeldt recalca que aunque la persona que ha bebido en exceso se someta a un tratamiento por alguna enfermedad y deje de beber, las secuelas causadas por el abuso del alcohol durante años, no se recuperan jamás en un 100 por ciento.
Las mujeres, particularmente en la cuarta década, son vulnerables a las lesiones cardiacas y a otras enfermedades causadas por el alcohol.

“Las que toman tres tragos al día incrementan su riesgo de cáncer de mama hasta en un 40 por ciento y la posibilidad aumenta con la edad”, explica Matías Sánchez, oncólogo de la Clínica Santa María.
Más alarmantes son las investigaciones del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que coinciden en que beber sólo un par de copas a la semana eleva en más del 30 por ciento el peligro de desarrollar un tumor hormonalmente sensible —por la interferencia del alcohol con el metabolismo del estrógeno— en las mujeres posmenopáusicas. De hecho, en este grupo etario, tres o más copas de una bebida alcohólica por día eleva el riesgo en un 51 por ciento. Peor aún es si la paciente presenta obesidad, puesto que las células de grasa producen estrógeno, que impulsa el crecimiento de la mayoría de las variedades de cáncer de mamas.

El doctor Sánchez explica que si bien los estudios no corresponden a la población chilena, los factores de riesgo habituales —como antecedentes familiares, no haber amamantado a hijos o el exceso de peso—, son similares y por eso se puede extrapolar. “Lo relevante es que por cada 10 gramos de alcohol diarios, hay un 10 por ciento de aumento del riesgo de tener cáncer de mama”, primera causa de muerte oncológica en el país.
El problema ahora no es pasar las llaves, sino dejar la copa o llenarla con jugo.