Santiago está estampado de lunes. Son apenas las 10 de la mañana y las caras de trabajadores y estudiantes gritan por un poco más de licencia dominical. Es un típico inicio de semana para todos, y eso incluye al equipo liderado por Sussy Tapia.

Poco más de una decena de mujeres y hombres forman una escenografía móvil en las dependencias del Centro de Trasplante y Oncología Integral (TROI) del hospital Luis Calvo Mackenna. Narices de payaso, ropa de colores, sombreros y pañuelos son su uniforme laboral. ¿El trabajo? Sacar, por un instante, a niños, niñas y familiares del trauma que significa un tratamiento contra el cáncer o un trasplante de médula. 

El lugar es un festival para los sentidos. Grullas gigantes cuelgan del techo que está pintado con nubes. En las paredes, entre árboles, dibujos y folletos informativos para padres y pacientes, está Jeringoso, una escultura hecha por los niños del TROI con catéteres, jeringas, agujas y demases. Elementos que, para ellos, ya son cotidianos.

La chispa y vitalidad con la que muchos de los niños luchan por recuperarse están vivas allí. Hiperquinéticos y llenos de energía, los personajes no dejan de moverse ni de actuar por un segundo. Los chicos miran maravillados este mundo de burbujas y canciones que viene a visitarlos entre tantos antibióticos y controles médicos.

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Nos conocimos en la Escuela de La Mancha”, relata Sussy Tapia. El grupo se formó en enero del 2007 de la mano de Magdalena Soto y Santiago Carcelén, quienes dejaron a Sussy como coordinadora. La iniciativa se mantiene funcionando con el esfuerzo de la Fundación Vivir más Feliz y el hospital Calvo Mackenna.

Somos actores profesionales y tenemos mucho cuidado en el método y la técnica de nuestro trabajo. Esa prolijidad es súper importante porque adquirimos responsabilidad en el proceso de sanación”, comenta.

Los miembros de Célula Roja se reúnen semanalmente para ensayar. Una mezcla de canciones, juegos, chistes y dinámicas que involucran a los pacientes y los hacen moverse y participar. Cada miembro del equipo tiene un personaje. Así existe Covadonga, Menopausia, Carlitoscopio, Furia, Inoportuno y los demás.

Desarrollamos el clown armando un personaje con las propias inseguridades, las trabajamos y sacamos a flote”, dice Sussy. 

Al medio de la sala, los padres, abuelos y hermanos de los niños miran. Algunos cansados, otros agobiados, pero todos participan del jolgorio aplaudiendo, cantando o riendo.

Hay familiares que nos han dicho que les salvamos la vida, que si no fuera por esta labor ellos no sabrían cómo lidiar con ver a sus hijos enfermos”, relata Sussy.

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La terapia de clowns en hospitales se remonta a mediados de los ’80. La ciudad de Nueva York fue pionera en esta disciplina y fue la primera en contar con un equipo estable de actores que se dedicaban a animar a pacientes, especialmente a niños en el hospital.

El método ayuda a los enfermos a canalizar ciertas emociones que pueden ser problemáticas dada su corta edad y lo invasivo del tratamiento; en particular la ansiedad, el miedo, la soledad y el aburrimiento.

Bernie Warren es actor y profesor en la Universidad de Windsor. En 2001 fundó el colectivo Fools for Health (Ridículos por la salud) que se dedica a investigar en profundidad los efectos de la terapia de clowns en recintos clínicos. En una entrevista para la Universidad Brock, en 2005, Warren describió el trabajo de los clowns:a diferencia de los payasos que hacen visitas ocasionales a los enfermos, más que nada para entretenerlos; los clowns son entrenados para aportar sistemas de soporte específicos y humor terapéutico a los pacientes, sus familias y los trabajadores (…) nadie es inmune al poder curativo de la risa, y los clowns reparten esa medicina a todos por igual”. 

En Latinoamérica, el clown de hospital está en Brasil, Perú, Colombia y Argentina. Célula Roja es el primer grupo chileno.

Se reúnen previamente con el equipo médico del niño, se informan sobre su enfermedad, el tratamiento que viene y sus principales miedos o inseguridades. “Así, si el niño por ejemplo les tiene miedo a las jeringas, nosotros resignificamos ese objeto y lo usamos como un lápiz, o como un teléfono, de forma de que el niño se familiarice con esta cosa de una forma más amigable y cercana”.

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Es difícil convivir con dramas día a día, “pero ahí es donde nuestra formación profesional nos ayuda. De cierta forma la nariz roja permite salir de ti mismo y es el personaje el que comparte con estas historias”.

Además del TROI en el Calvo Mackenna, Célula Roja visita niños en el hospital El Carmen de Maipú, el Instituto de Neurocirugía y la Clínica Alemana, entre otros.