Trata de cambiar las bujías de un auto con el motor encendido… ¡Imposible! Este debe estar detenido y dejarlo enfriar por un momento. Ese es el concepto que comprendió el doctor estadounidense John Gibbon en 1953, cuando tras varios intentos fallidos, logró detener los latidos del corazón de una joven. Era él, la paciente y la máquina extracorpórea, aquel motor artificial que hacía bombear la sangre del cuerpo mientras el corazón era intervenido en contra del tiempo.

Hoy, 60 años después la tensión en el quirófano es totalmente distinta a la que vivían los científicos en esa época.
Cuatro años más tarde, la osadía de estos obstinados doctores fue realizada en Chile por Helmuth Jaeger para intervenir a una pequeña niña de 9 años, quien estuvo dos meses internada en recuperación y no recibió el alta definitiva hasta los 19 años, cuando pidió el permiso para casarse.
Pero volvamos al siglo XXI, donde esas frías salas de operaciones son reemplazadas por pabellones híbridos que mezclan herramientas y equipos de alta tecnología, como las máquinas de rayos que reproducen lo que el cirujano está haciendo sin intervenir invasivamente al enfermo. Aquel siglo donde se realizan operaciones al corazón y es posible que a las cinco horas el paciente salga de la UCI y al día siguiente ya esté caminando con los kinesiólogos de la clínica.

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Dicen que la ciencia no tiene límites y, por lo menos, en lo que a avances de medicina concierne, la frase toma bastante sentido.
En la búsqueda mundial por adquirir nuevas técnicas quirúrgicas y aminorar el impacto que un tratamiento cardiaco produce en una persona, es que esta área de la medicina se ha transformado en una verdadera revolución.
Ejemplo de ello es lo que explica el doctor Michael Howard, jefe de servicio de cirugía cardiovascular de la Clínica Alemana. “La enfermedad coronaria, la más típica en Chile, antiguamente se trataba sólo con cirugía de Bypass y ahora esto está evolucionando. La tendencia es hacer una operación mínimamente invasiva llamada Angioplastia realizada de forma percutánea, es decir, haciendo unas pequeñas incisiones de no más de dos centímetros a través de la piel para desobstruir una arteria que amenaza al corazón con un infarto”.

Este tipo de operaciones son llamadas procedimientos híbridos, una mezcla de técnicas quirúrgicas que logran solucionar problemas al corazón sin siquiera abrir la zona del pecho, pues a través de una pantalla instalada en el pabellón logran ver todo lo que está sucediendo por dentro.
“Las cirugías de válvula aórtica ahora son mínimamente invasivas, casi un 85 por ciento de pacientes son operados sin abertura del esternón y en cambio se hace una incisión de seis o siete centímetros en la zona submamaria”, revela Michael Howard. ¡Casi sin dejar rastros!

“Las personas de alto riesgo pueden cambiar su válvula aórtica por vía percutánea, simplificando tremendamente el proceso”, detalla el doctor Rienzi Díaz, cardiólogo de la clínica Reñaca y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso. Adelanta que en el futuro, en Chile se podrán hacer terapias con células madre, una pronta realidad que, según la Clínica Mayo, los experimentos van en sentido correcto.
Dicen que el primer acercamiento a la robótica fue en la época del Renacimiento y nada menos que por el hombre emblema de esta corriente cultural e ideológica. El creador de la misteriosa Gioconda y de la simbólica Ultima Cena fue un propulsor de los estudios sobre anatomía, ingeniería civil, óptica e hidrodinámica. Y es en honor a él, a Leonardo, que el robot considerado uno de los últimos avances en tecnología médica, lleva su nombre.
Si bien la medicina es un arte, la cirugía robótica también. El robot Da Vinci no podría haber sido mejor bautizado.

Lo que hace esta compleja máquina es un trabajo detallado y acucioso. “Es una tecnología que permite meter las manos dentro del corazón a través de instrumentos que son milimétricos. Mientras realizas los movimientos afuera, sin abrir al enfermo, por dentro hay micromanitos que están haciendo lo mismo. Manipulas los elementos en el aire y por dentro el robot hace su trabajo. La máquina que opera el corazón aún no llega a Chile, sin embargo, áreas de la medicina como la urología y la ginecología, ya están disfrutando de su aporte a la medicina”, cuenta el doctor Howard.
Tranquilo, pero con un notorio tono de preocupación, Osvaldo Pérez, jefe de Cardiología de la clínica UC San Carlos de Apoquindo, habla de alarmantes números. Cifras que según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) demuestran que Chile tiene un porcentaje de mortalidad por enfermedades cardiacas de un ocho por ciento intrahospitalario versus un 12 por ciento en todo el país. Como consecuencia, la causa de muerte por infartos al miocardio es una de las más altas en comparación con los países de la zona.

Sin embargo, desde que el infarto forma parte de las patologías Auge, ha disminuido la mortalidad por esta afección.
El doctor trata de hacer entender la difícil misión que un cardiólogo tiene al educar a una sociedad llena de vicios que dañan el corazón y, por ende, a todo el cuerpo.

“Son muy importantes los cambios de hábitos, adquirir una alimentación baja en grasas, cuidar el sobrepeso, mantener el colesterol en menos de 200, tratar la hipertensión, no fumar y hacer ejercicio; no sólo para verse bien sino que para mejorar el funcionamiento del cuerpo entero. Todo está relacionado con el bienestar general y el colesterol. Al bajar el colesterol, disminuye inmediatamente la posibilidad de tener nuevos eventos”.

Un celular suena porque le ha llegado una notificación. Quizá la más importante del día. Un monitor de signos vitales le ha enviado un informe completo sobre el estado de un paciente, algo no anda bien y el médico de cabecera debiera sugerir que el afectado vaya inmediatamente a la clínica. Sin embargo, esta conexión que existe ente el convaleciente y su doctor, evita que la persona sea rehospitalizada, pues mediante el monitor que ambos comparten, el médico es capaz de estar acompañándolo y monitoreando al enfermo hasta que se estabilice. Es el proyecto del ‘alta temprana’ llevado a cabo hace ya más de un año por la Universidad Católica.

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“Algo parecido sucede en la VII Región, en el hospital público de Talcahuano donde, desde una consulta ambulatoria monitoreada en un laboratorio central, se hacen diagnósticos a pacientes que están a 200 kilómetros de distancia a través de un televisor. De esta forma, los puedes ver cara a cara, hablar con ellos, revisar electrocardiogramas, test de esfuerzo, etc. Es decir, las personas que viven en localidades más alejadas, evitan varios días internadas, ahorran dinero y viven un post operatorio más tranquilo”, cuenta el cardiólogo Pérez.

En pocas palabras, la forma en cómo se manifiestan las enfermedades no ha cambiado, pero hoy existe mayor conocimiento en sus causas, nuevos y mejores tratamientos para combatirlas.

Quitar el estigma que conlleva una enfermedad al corazón es bastante difícil, pero sin duda alguna, por el camino que va la ciencia, no sorprendería que en un par de años más ni siquiera haya que operar a un paciente con problemas al corazón. Menos intervención en el cuerpo humano y más beneficios para la vida