Son las 12:00 horas y María Ignacia Montt (18) se mueve ansiosa sobre la pista atlética. Toma el nivel de glucosa en su sangre casi al mismo tiempo que elonga para correr los 100 metros planos. Es campeona nacional escolar de 100 y 200 metros… Y además es diabética (tipo 1) desde los 12 años. Esto le significa ser absolutamente rigurosa con la alimentación porque cualquier descuido puede terminar en una hipoglicemia (baja excesiva de azúcar).

María Ignacia es la menor de siete hermanos, tres son diabéticas, por eso sabe bien cómo manejarse. “En el día a día uso una bomba que funciona con insulina ultrarrápida. Tengo que cuidar mucho las comidas, nunca saltármelas. Las colaciones antes, durante y después del entrenamiento son indispensables porque si no, no tendría energía para entrenar”.

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Cuando tiene competencia la dieta es distinta. “A medida que se acerca la fecha aumento las porciones de carbohidratos. El mismo día del torneo desayuno dos tazas de tallarines, lo que me obliga a pincharme más insulina de lo normal, pero no tanta porque los nervios y la ansiedad terminan bajándome el azúcar. Por otra parte, la adrenalina me sube los niveles así que ahí ocupo insulinas temporales; la bomba me permite aumentar la dosis basal en cierto porcentaje y por un período que yo determino. Por ejemplo, antes de competir en 100 metros, ocupo una basal de 130 por ciento”. El registro en una persona normal en reposo es menor a 120 mg/dl.

La diabetes se presenta cuando hay poca o nula producción de insulina (tipo 1) o cuando las células no responden normalmente a esta hormona (tipo 2), que se encarga de controlar la glucosa en el torrente sanguíneo, que es la que da energía a las células. Este trastorno hace que el azúcar se acumule en la sangre. Las causas de la diabetes 1 no están establecidas por lo que no tiene cura. La dos puede mejorar, pero es muy difícil de controlar porque se relaciona directamente con los hábitos personales más que con la genética, principalmente con el sedentarismo, la mala alimentación y el sobrepeso.

Como María Ignacia, el tenista junior número 38 del escalafón profesional chileno, Gerardo Irarrázabal (17) sabe lidiar con su enfermedad. Fue diagnosticado a los 5 años y a estas alturas su rutina no es muy diferente que la de sus amigos. Como todos los diabéticos, su mayor preocupación es alimentarse bien para prevenir hipoglicemias. Utiliza insulina basal y antes de cada comida insulina rápida. Mientras más fuerte es el entrenamiento menos insulina debe usar. Esta relación ya la maneja bien. “Entreno diariamente de 8:00 a 12:00 de la mañana. Luego voy a clases al colegio Olimpo, que adecua sus horarios para deportistas, y vuelvo a entrenar de 15:30 a 17:00 horas. Durante las prácticas y los campeonatos siempre tengo a mano bebidas para deportistas, jugos azucarados en caso de una baja de glicemia”.

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Pero muy pronto Gerardo comenzará a utilizar la insulina con el principio activo degludec, lanzada hace dos meses en Chile. Se trata de una nueva generación de análogos de insulina ultralenta con un mecanismo de absorción único. Como su efecto dura hasta 40 horas, permite más libertad en los usuarios.

“Estamos viendo el cambio con mi doctora. Estoy muy contento y entusiasmado, ya que el efecto prolongado es más seguro y eso para mí como deportista es muy importante porque me libera de estar pendiente de las comidas para mantener los niveles de azúcar mientras juego. Además, tendré menos bajas durante los partidos. Otra cosa buena es que me puedo pinchar en cualquier horario y no sólo en la mañana como debo hacerlo con la insulina que utilizo hoy.  Son puras buenas noticias”, cuenta Gerardo.

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Así como María Ignacia y Gerardo pueden compatibilizar su enfermedad con el alto rendimiento, los diabéticos deberían usar el deporte como ayuda para mejorar sus condiciones. “La actividad física favorece el traspaso de la glucosa hacia el interior de la célula de manera independiente de la insulina. El ejercicio regular mejora de manera significativa el control metabólico”, explica la nutrióloga Andrea Larrazábal.

En el Congreso Europeo de Diabetes (EASD 2014) en Viena quedó claro que los esfuerzos en esta área van en dos direcciones: estudios que buscan pistas sobre las causas y nuevos medicamentos y equipos para lograr que los enfermos lleven la mejor calidad de vida posible. Además de degludec, se destacó un nuevo sistema de monitoreo de glucosa flash que entrega la información del nivel de glucosa sin necesidad de pinchar los dedos. Para ello se instala un sensor diminuto (4mm) bajo la piel del brazo que permite escanearlo a través de la ropa. Puede usarse por 14 días sin ser calibrado, es resistente al agua. Además, almacena los datos por 90 días y muestra la tendencia (baja o alza) del azúcar. Por ahora está disponible en algunos países europeos. 

 Pero más allá de inventos y tecnologías, una de las grandes discusiones fue cómo combatir la obesidad, la principal culpable de que la diabetes 2 se esté convirtiendo en epidemia. Aproximadamente 383 millones de personas en el mundo la sufren. En Chile el 10.2 por ciento de la población la tiene, lo que nos ubica por sobre la media mundial que es de 8.3 por ciento.

Y esto se relaciona directamente con que el 26 por ciento de los adultos chilenos son obesos. Y si se suma a los con sobrepeso, tenemos a la mitad de los habitantes con problemas serios de peso.

Sin embargo, lo más difícil de cambiar son las costumbres. Por eso varias de las discusiones del EASD giraron en torno al peso y su impacto en el manejo metabólico de la salud.

“Es conocida y muy estudiada la relación entre sobrepeso y obesidad, ya que el tejido adiposo produce citoquinas (proteínas que actúan sobre otras células modificando su acción) que influyen sobre las células musculares y del tejido adiposo prediciendo una insulino resistencia, esto quiere decir que la insulina que el mismo cuerpo produce es menos efectiva en disminuir la glicemia, por eso el páncreas debe aumentar su producción y en el caso de que no pueda deben usarse fármacos”, señala la nutrióloga Andrea Larrazábal.

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Así como el peso influye en la glicemia lo hace en otras funciones del organismo. “Aumenta la prevalencia de la hipertensión, los males cardiovasculares, produce problemas renales… avanza hasta que deteriora todo el organismo, incluso el ciclo de sueño. El manejo de la obesidad es la llave para atacar la epidemia global de diabetes, que una vez diagnosticada no tiene regreso”, señala Melanie Davis, profesora del departamento de cardiología de la Universidad de Leicester. Por eso varios grupos en el mundo buscan la forma de controlar el apetito. “Su regulación y la ingesta de energía es un proceso complejo en el que el sistema nervioso central integra al hormonal, neuronal, sensorial y sicológico. En la última década nuestro conocimiento y comprensión de mecanismos por los que varias hormonas (grelina, péptidos, colecistoquinina…) influyen en el equilibrio de la energía de los obesos ha sido fundamental. La clave está en la regulación y en eso estamos trabajando”, explica el doctor Jens Juul Holst de la Universidad de Copenhagen.

Otros estudios sugieren que las alteraciones en el reloj interno del cuerpo también tienen responsabilidad en el trastorno.

“Los estilos de vida de hoy, con actividad las 24 horas y los 7 días de la semana, alteran de forma constante los ciclos naturales de sueño y vigilia del cuerpo. Factores como las luces nocturnas, el trabajo por turnos y comer en momentos inusuales pueden alterar al reloj corporal y ayudar a desarrollar diabetes”, explica la doctora Valentina Morel, asesora médica de Novo Nordisk.

 Independientemente de cuáles pudieran ser las causas adicionales, en estos momentos el peso es uno de los pocos factores modificables que ayudan a gestionar la diabetes 2. “Si las personas pierden entre el 5 y 10 por ciento de su peso corporal pueden hacer una diferencia fundamental en la diabetes”, enfatizó Melanie Davis.

En Chile la primera dificultad con que se encuentran los médicos es la incredulidad de los pacientes. “Cuando son diagnosticados no lo aceptan, van saltando de consulta en consulta buscando que les digan lo que quieren oír y pierden tiempo valioso sin combatir la enfermedad. El azúcar en la sangre es como un corrosivo que va destruyendo igual que el sarro, hasta que llega un momento en que rompe las cañerías, en el cuerpo humano eso equivale al aparato circulatorio, al sistema nervioso… El daño se acumula a lo largo de los años, por eso las complicaciones se manifiestan principalmente en los mayores de 40”, señala Valentina Morel.

Los síntomas pasan desapercibidos porque son achacados a la edad. “Hay baja de peso y todos se alegran por eso, vista borrosa que se confunde con presbicia, mucha sed y orinar con frecuencia. La enfermedad avanza en silencio a través de los años (entre 7 y 10 demora en diagnosticarse) hasta que se manifiesta con otro problema, por ejemplo una infección urinaria rebelde, una neumonía, eso porque la diabetes baja las defensas”, agrega Morel.

Luego viene una segunda traba: la adherencia al tratamiento. Para los diabéticos 1 es más simple porque crecieron así, es parte de su vida. Los tipo 2 deben cambiar sus hábitos e incorporar las medicinas que deben ser con horario y calendario rigurosos. “Cuando empiezan a sentirse bien se descuidan y dejan el tratamiento, pero la enfermedad no se va. La diabetes se mantiene, silenciosa, subyacente y haciendo su trabajo destructivo como una hormiguita”, dice Morel.

Quizá por estos problemas es que sólo la mitad de los diabéticos está bien diagnosticado y sólo la mitad de la mitad logra los objetivos metabólicos. De hecho, hay cientos de personas que no saben que tienen la enfermedad. La única manera de pesquisarla es haciendo una glicemia anual desde los 30 años.

Por eso es tan destacable que dos jóvenes diabéticos chilenos como Gerardo y María Ignacia nos representen a la par de deportistas sanos. Ellos ya tienen ganada la competencia a la diabetes.