Gonzalo Mena (27) nunca se creyó un niño genio. Esto, a pesar de que a los nueve años pedía enciclopedias para Navidad y jugaba a resolver problemas matemáticos en su computador. Hoy, el hermano menor de la cantante Javiera Mena pasa sus días en Nueva York trabajando con un afamado equipo de científicos que busca descifrar el código neuronal para crear una prótesis de retina que les devuelva la vista a personas ciegas.

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El hábitat de Gonzalo es Morningside Heights, el barrio universitario del Upper West Side en Manhattan. Llegó a Nueva York becado por la Universidad de Columbia a estudiar un doctorado en estadísticas enfocado a la neurociencia. Entre su oficina en Columbia, el departamento que comparte con un amigo, los boliches del barrio y las casas de amigos que viven cerca, pasa sus días abocado a la investigación y a tratar de disfrutar lo máximo posible de la vida.

El hermano menor de Javiera Mena y primo del nuevo subsecretario de Medio Ambiente, Marcelo Mena, está comprometido en generar, a través del desciframiento del código neuronal, prótesis de retina que puedan devolver la vista a personas ciegas. “Ahora podemos hacer que la gente sin visión pueda ver bordes, pero creo que en no más de 10 años, se podrán ver colores y entregar una experiencia visual a una persona ciega”. A Gonzalo le fascina su trabajo. “Imagínate, trabajo con verdaderos genios que crean conexiones para que gente que está totalmente paralizada pueda mover las prótesis con señales provenientes de sus pensamientos, de su cerebro”.

Mena cuenta que siempre existió este interés por el conocimiento. De hecho, cuando tenía 12 años ganó un concurso en un programa de la televisión chilena llamado Jugando a saber, animado por Savka Pollak, su primer amor platónico. El premio fue cumplir el sueño de muchos niños: conocer Disney World.

—Por qué crees que están de moda los Mena. Tu hermana, tu primo y ahora tú.

—De chicos igual éramos súper competitivos (risas). Mi primo (Marcelo Mena, subsecretario de Medio Ambiente), todavía me molesta porque dice que a mi edad tenía más logros que yo (risas), porque también es científico. El es ingeniero ambiental de la Chile y de la Universidad de Iowa, así que no creo que sea mejor que yo (risas). La verdad es que es un tipo súper dedicado al tema ambiental y a tratar de mejorar las cosas en ese sentido. Lo respeto y quiero un montón. Mi otro primo Fernando vive en Boston y estudia enfermería y siempre nos juntamos.

Gonzalo ama vivir en Nueva York. Principalmente porque cree que puede estar en contacto con culturas de distintas partes del mundo. “Mi sueño es conocer hartos lugares de todas partes, pero como no puedo, vivir acá por lo menos te ayuda a conocer a gente de diferentes lugares y acercarte a esas culturas”.

La perspectiva que da vivir fuera le ha sacado prejuicios relativos a las personas y a diversas culturas. “Cuando conoces a la gente te das cuenta de que todos somos esencialmente iguales”. El respeto y el prejuicio es un tema delicado y esencial para él. Y es que a pesar de que anhela volver a Chile, siente que es un país conservador y doble estándar, en el que no existe respeto ni consideración por los otros. Para el joven científico, los recursos para la investigación es otro aspecto crítico en Chile. “A las empresas les falta atreverse a ponerse con recursos para la investigación, porque las universidades igual tienen gente trabajando en eso”.

—No está en tus planes volver a Chile. 

—Igual me gusta cierta tranquilidad que hay. Creo que lo rico de Chile es que se cultivan las relaciones, la familia; allá se puede tener una buena vida si es que tienes la suerte de tener o crear medios para eso. Me gustaría que hubiera instituciones como universidades, ojalá públicas, que se preocuparan de la investigación con consecuencias sociales.

Gonzalo nos confiesa que en Estados Unidos tampoco es todo color rosa. A pesar de que las grandes empresas como Google, IBM o Microsoft invierten mucho en investigación e innovación, en general los fondos provienen para indagaciones farmacéuticas o financieras.

“Los computadores son siempre más rápidos, entonces en mi campo será más fácil producir información rápida entre el ojo y el cerebro. Lo que nosotros hacemos es poner computadoras en la retina, entonces mientras más capacidad y más rápidos sean, más fácil será producir resolución de los objetos. La gente ya distingue bordes, pero pronto podrán ver. ¿Te imaginas eso?”.