Blanquear y alargar dientes ya es parte de la preocupación por la imagen.

Es más fácil conseguir lo que se quiere con una sonrisa que con la punta de una espada. Cuatro siglos después, esta idea de Shakespeare se ha vuelto parte del capital erótico de una sociedad que cada vez menos considera los dientes como simples elementos para masticar. En la era de la alta exigencia y del culto al cuerpo, una dentadura blanca, bien alineada y con los centímetros precisos, puede representar un sutil pero decisivo valor agregado en la imagen personal; el pasaporte de entrada para un gran momento. Una buena sonrisa es sinónimo de seguridad y juventud. Y de poder entonces. Por algo, la enorme resonancia que tuvo el programa Sonrisa de Mujer, de Luisa Durán de Lagos.

El actual estilo de vida atenta contra una sonrisa armónica: la presión por el rendimiento, la falta de descanso, y el consiguiente estrés que ataca al hombre moderno desde la niñez, es una lima que va borrando dientes y sonrisa. Porque la forma más común de reaccionar a la tensión es apretando o rechinando los dientes, principalmente durante el sueño. Así aparece el bruxismo, cuyo impacto en la calidad de vida es enorme: dolor de cabeza, cuello, espalda, incluso oídos, el bruxómano despierta tan cansado como cuando se acostó. A esto se suma el deterioro estético: los dientes se gastan, quiebran, y en ciertos casos hasta se pierden, socavando la apariencia y la autoimagen.
Pero hay otros factores, además del bruxismo, que influyen en una mala dentadura: una dieta ácida y la alimentación deficiente, explica Katherine Slater, cirujano dentista de la Universidad de Chile y especialista en Odontología Bioestética graduada del tercer nivel de la OBI Foundation For Bioesthetic Dentistry en la OHSU, Portland, Oregón, USA.

LA DIETA ACTUAL POCO AYUDA. “El consumo de azúcares refinadas, de alcohol, de bebidas energéticas, gaseosas (aunque sean diet, son ácidas), van dañando el esmalte, y dejando los dientes más vulnerables. Además, muchas jóvenes que se someten a severas y desequilibradas dietas para adelgazar, en las que aumentan las secreciones ácidas del sistema digestivo, con el consiguiente efecto dañino en sus bocas. No estamos hablando de desórdenes alimenticios como la bulimia, sino de personas sin trastornos alimenticios que se ponen a un régimen sin una supervisión profesional apropiada. Hoy llegan pacientes de 22 ó 23 años con los dientes visiblemente desgastados”, explica Slater.
En este terreno es donde la odontología bioestética tiene mucho que hacer. También para los adultos que sin tener dolencias, deciden que es hora de invertir en sus dientes y revertir el desgaste.

“Lo primero es tratar de devolver la anatomía dentaria perdida, buscando estabilizar las articulaciones temporo mandibulares y restaurar los parámetros de protección. Porque nacemos con un cierto largo, ancho y forma de dientes, proporcionales a nuestro biotipo. En general, la gente de gran estatura no tiene dientes pequeños, las personas de tez cuadrada tienen dientes cuadrados y las de cara ovalada, dientes ovalados. La idea es devolver lo que la naturaleza nos dio y que se perdió a través de todas estas circunstancias vitales dañinas, para restaurar la función y la estética. Es sorprendente ver los cambios que se producen en la cara al restablecer estos desequilibrios: la relajación de los músculos faciales disminuye la tensión y por ende las arrugas; también se restaura la simetría facial. Se ven más jóvenes y vuelven a sonreír. Es una estética asociada a la salud”, explica Katherine Slater.
Con el tiempo se pierden parámetros y guías de la oclusión. “Por ejemplo, los caninos son de forma puntuda, para que cuando se lleva la mandíbula hacia un lado o el otro, sólo entren en contacto los caninos y no se desgasten los dientes anteriores o incisivos. La naturaleza hizo que los dos dientes del medio fueran un poquito más largos, para que guíen la mandíbula hacia adelante y protejan del desgaste a los dientes posteriores. Cuando se pierde ese largo es porque ha comenzado el desgaste y ya los dientes superiores casi no se muestran al sonreír, perdiendo estética y juventud”, cuenta.

Agrega que los mayores que no han tenido gran preocupación por sus dientes, suelen perder muchos de ellos, lo que les disminuye el tercio inferior de la cara y les envejece el aspecto. “Pero esa apariencia de ‘viejitos de mejillas vacías’ y labios delgados, también se ve en gente joven. Y ellos se dan cuenta, porque hay un impacto que va más allá de lo estético. La sociedad ha internalizado que una sonrisa es una puerta de entrada a un mejor trabajo, a una mejor relación personal, de pareja…”.

LOS PRINCIPALES TRATAMIENTOS ayudan a modificar color, forma y morfología. Uno de los más requeridos es el blanqueamiento. El más invasivo, recomendado para adultos con manchas y daño mayor, se realiza con peróxido de hidrógeno en diferentes concentraciones. Otro, con peróxido de cardamida, se utiliza en personas más jóvenes. Este es progresivo y en dos semanas hay resultados evidentes. Para reparar daños y modificar forma están las carillas. Las tipo lentes de contacto, son de mínimo espesor y no requieren tanto desgaste dental. Por su parte, las coronas —indicadas cuando la destrucción es mayor—  son de cerámica pura con núcleo de alta resistencia. También se realiza mejoramiento del plano oclusal, una serie de tratamientos con coronas y el reemplazo de amalgamas por materiales más estéticos.
Lo primero es el diagnóstico. El especialista estudia el caso apoyándose en exámenes, fotografías y modelos. Luego, se define el plan de tratamiento con el compromiso y colaboración del paciente. Si hay caries o urgencias, se tratan primero, la salud oral es básica para que la rehabilitación tenga éxito.

Algunas alternativas al tratamiento de la bioestética es hacer matrices, donde es posible agregar dos milímetros o más a los incisivos  y conseguir una sonrisa deslumbrante. Los materiales de relleno de hoy tienen un nivel de adhesión que hace innecesario desgastar el diente o usar anclajes complicados.
La conservación de estas restauraciones depende mucho de que las articulaciones estén centradas y el bruxismo controlado. Si esto no ocurre, a la larga pueden destruirse. Aun así, son de fácil reparación.
El cambio se observa en la cara completa. Al reponer los dientes, o devolverles el largo, disminuyen las arrugas, la frente se alisa, los labios se ven más llenos y los músculos de cara y cuello se relajan. La estética general se transforma. Con frecuencia, desaparecen las jaquecas. El bienestar es mayor. La doctora explica que el cambio es tal que no ha faltado el marido que quiere también tratarse luego de apreciar  el rejuvenecimiento, sin cirugía, de su mujer.