“Recuerdo una fashion week en Nueva York. Una chica regresó después de desfilar y se cayó al suelo. Pensamos que se desmayaba como tantas, pero en realidad le dio una crisis cardiaca y murió a los 18 años”.
De recuerdos como éste está hecha la intensa, pero efímera vida de top model de la francesa Victoire Maçon Dauxerre. Una historia que comenzó hace cinco años como en las películas, cuando con 18 y mientras paseaba por el barrio gay parisino de Le Marais, un agente se le acercó para prometerle que la convertiría en la segunda Claudia Schiffer: “Me dijo que tenía una nariz increíble, ideal para las fotos y me invitó a inscribirme en su agencia. Nunca había soñado con ser modelo, yo quería estudiar Ciencias Políticas. El problema es que algunas semanas después no logré pasar el concurso para entrar a la universidad, y lo viví como un fracaso. Entonces lo llamé y firmé contrato”.

Apenas entró a la agencia, Victoire fue pesada y medida: 58 kilos para 1.88 cm de altura. Talla 36, y 92 cm de caderas. Pero la persona a cargo escribió en la ficha 88 cm: “Lo que está viciado en el mundo de la moda es que nadie te dice que tienes que perder peso, pero hacen ese tipo de cosas, como diciendo: ‘la fashion week es en septiembre, tienes tiempo, adelgaza’. Entonces en dos meses bajé hasta los 47 kilos para poder entrar en la talla 32, que es la de la ropa que se muestra en los desfiles, y que en realidad corresponde al cuerpo de una adolescente de 12 ó 14 años”, recuerda.
Su historia, que fue recogida por los medios europeos, está lejos de lo que sucede en las agencias serias de representación de modelos. En la gran mayoría de los casos se trabaja con equipos multidisciplinarios que incluyen nutriólogos y sicólogos además de profesores de pasarela. Y, cuando las modelos son menores de edad se necesita la autorización expresa de los padres. Pero no no fue el caso de Victoire.

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La top comenzó a comer tres manzanas por día como único alimento: “Yo sabía que quedaban dos meses por delante para la semana de la moda. Nunca había tenido problemas con la alimentación. Siempre me alimenté muy sano, porque así lo quiso mi mamá, pero comía muchos dulces también. En realidad lo único que me importaba eran mis notas, quería ser la mejor alumna. Y lo malo de este mundo es que termina atrayendo a todos. Cuando te dicen que puedes ser de las chicas más lindas del mundo es difícil decir ‘no’. Nunca vi el peligro, para mí era un desafío. Y pensé hacerlo por dos meses, luego volvería a comer normalmente aunque en pequeñas cantidades. Sólo que entré en el mecanismo de la anorexia, que es que mientras más adelgazas te encuentras más gorda. Comencé a tener crisis de angustia, y como sentía que no adelgazaba, tomaba laxantes, y después lavados”.

Tomó ansiolíticos para controlar la angustia. “Mi mamá tenía, y si no encontraba revisaba todos los botiquines de la casa. Además cuando conoces al farmacéutico después de mucho tiempo te venden también. Y lo que es peor, mi abuelo estaba enfermo de Parkinson y tenía medicamentos. Yo se los sacaba”.
Su salud se fue deteriorando.
“Se me cayó la mitad del pelo. No tuve la regla en ocho meses. La piel de la espalda me tiraba porque los huesos me salían por todos lados así que no podía dormir de espaldas. Me dolía el estómago constantemente. Intenté suicidarme y cuando llegué al hospital, me detectaron osteoporosis, y me dijeron que tenía el esqueleto de una mujer de 70. Necesitaba reconstruirme. Tenía carencias en todo. Y además, necesitaba ayuda sicológica”, recuerda.
Su familia se dio cuenta tarde de lo que estaba pasando.

“Tengo dos hermanos pequeños, ellos no se daban cuenta, son chicos y hombres. Pero mis padres se demoraron demasiado y se los recrimino hasta hoy, porque considero que no me salvaron. Es cierto que yo les mostraba que tenía todo bajo control y además siempre he hecho las cosas solas. Cuando mi papá se atrevió a decirme que tenía que comer pollo, yo comía, pero luego me tomaba unos laxantes. Además, en el mundo de la moda la situación se normaliza. Cuando mi mamá venía a verme desfilar, ella me veía rodeada de chicas muy flacas entonces no le impactaba, ya no me veía delgada”.
La semana de la moda pasó y comenzaron las sesiones de fotografía publicitaria, cuando “te dan el derecho de engordar y la libertad de llegar a la talla 36”, explica con ironía Victoire. “Comencé a comer de nuevo, pero el problema es que hice funcionar mi cerebro. Todo el mundo dice que las modelos son tontas, pero claro, porque cuando uno no nutre sus neuronas se vuelve estúpido. No es un mito: la anorexia te come el interior, como uno no come comida, uno se come sus propios huesos, sus músculos, las neuronas, el corazón. Entonces poniendo mi cerebro en marcha y sin la adrenalina de los desfiles, me di cuenta de que me trataban mal, de que yo era un objeto y de que estaba poniendo mi salud en peligro. Y eso me volvió muy agresiva”.

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Después de siete meses como modelo Victoire decidió dejar su trabajo. “Pero en realidad no te dejan partir. Entonces caí en la bulimia, como yo no podía decir no, la comida decía no por mí, porque yo no entraba en la ropa. Mi agente me llamaba e insistía en que las revistas me pedían, que no podía negarme y comencé a sentirme como un animal en una trampa de la que nunca podría salir”. Ahí vino el intento de suicidio: “Me sentía tan sola e incomprendida, en la culpa y la vergüenza, nadie me entendía y mi agente no dejaba de llamarme. Pensé que esto nunca iba a pasar y que esa era la única solución”.
Entonces se tomó todos los medicamentos que había en su casa y en la de sus abuelos.
“Me encontró mi hermano de 12 años y de eso me arrepentiré toda la vida. Vino a mi pieza y vio los medicamentos y que me estaba durmiendo completamente. Fue a buscar a mis padres. Yo me desperté en el hospital”.

—¿Antes de eso trataste de hablar con alguien?
—El problema es que como caí en la bulimia tenía vergüenza. Me sentía fracasada por no haber podido conservar mi peso o por no durar en este oficio. Mis amigos no me entendían, para ellos yo tenía la suerte de viajar por todo el mundo, de usar ropa de marca, y de dormir en hoteles cinco estrellas. Para ellos yo no tenía derecho a quejas. Pasaba por una niña caprichosa, y sólo lo entendieron leyendo mi libro.
Dice que nadie le pidió disculpas. “Ya no espero nada. Pero me hubiera gustado una palabra de apoyo. Considero que me salvé sola. Que nadie me ayudó”.

Después de su intento de suicidio, Victoire pasó tres meses en un hospital siquiátrico, donde veía a un sicoanalista y una nutricionista que le enseñó de nuevo a comer. Además tomaba cursos de yoga, dibujo, teatro, grupos de palabras y sintió que “por fin estaba en buenas manos”. Luego retomó sus estudios: comenzó una licenciatura en filosofía en la Sorbonne y los cursos para ser actriz hasta que decidió viajar de intercambio a Londres. “Fue la primera vez en que todo iba verdaderamente bien. Tenía 21 años, me fui de la casa de mis padres pero no de manera impuesta, hablaba inglés todo el tiempo lo que me encanta, estudiaba teatro que es mi pasión, tenía un pequeño departamento, y por primera vez lograba comer normalmente, sin pensar”.

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Entonces supo que en Francia los diputados, como parte de una reforma a la salud, estaban incorporando dos medidas para luchar contra la anorexia en el mundo de la moda: un certificado de salud, que tome en cuenta la masa corporal de la modelo, y un texto que advierte cuando las fotos de moda han sido retocadas. Además se agregó la exigencia de un médico en los desfiles: “Entonces escribí a los diputados, felicitándoles por la iniciativa y les di montones de ejemplos sobre mi experiencia. Mi carta apareció en los medios de comunicación y el editor me contactó con la idea de escribir un libro titulado “Nunca suficientemente flaca” que vendió un primer tiraje de 25 mil ejemplares en tres semanas. Pero ha sido muy doloroso. He vuelto a caer en mis problemas alimentarios, subí siete kilos y me detesto” (silencio).

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—¿Te arrepientes de haberlo escrito?
—No, yo quise hacerlo y espero que esto me ayude de verdad a pasar la página. Si los problemas volvieron es que todavía no estaban curados. De lo que me arrepiento es de haber vivido esta experiencia.
—Escribir no ha sido terapéutico…
—No hasta ahora. Pero eso espero.
—¿Cuál es tu consejo para las chicas que quieren ser modelos?
—Que lean mi libro y vean que no todo es como uno lo imagina.