Fue una revelación. De esos momentos en que una se da cuenta de que ya no es tan joven, al menos para usar un jeans demasiado apretado.

Vamos a los hechos.

Me encontraba en una fila eterna. Por delante, la espalda de una flaca estupenda concentraba mi atención.

Usaba una blusa vaporosa y botas ligeras en un look muy hippie chic. Su pelo, larguísimo. Lo único que me hizo ruido fueron unas medias gruesas, como de viuda, que llevaba debajo de una mini extrema. 

Atrás, un grupo de hombres, muy básicos, apostaban a un eventual ‘bolocazzo’ por lo arriesgado de la pollera. 

En eso estaban cuando, ¡Zas!, la flaca regia se dio vuelta y se cayeron todos los paradigmas. “¡La abuelita de Barbie!”, gritó uno de los ‘básicos’ en la fila.  El apodo me dolió como si yo fuera la aludida. En efecto, no se trataba de una adolescente, ni siquiera de una cuarentona, sino de una señora de las siete décadas o más.

Esta escena cruel fue el mejor argumento para mi teórica creencia de que una no puede seguir usando hasta la tumba lo que vestía a los 20 años. Y digo teórica porque, para ser honesta, siempre me han tentado las tenidas sub 20.

 No faltarán quienes me acusen de amargada y retrógrada, sobre todo las defensoras de un estilo forever young. Pero, atención, que no estoy proponiendo vestir mañanitas. Sólo quiero decir que hay algunas licencias que, pasados los 40, una ya no puede permitirse, a menos de que quiera que la acusen de publicidad engañosa.

Tampoco estoy de acuerdo con esos listados que proponen un manual de estilo para vestir según la edad: a los 20 años (la edad para “experimentar”), a los 30 (el momento de “definir un estilo”), a los 40 ( faldas no más arriba de la rodilla), a los 50 (privilegiar el traje-pantalón), a los 60 (calidad y sofisticación), y así hasta los 90 o más, cuando ya no quede más remedio que confiar en el buen gusto de la enfermera.

Y no creo en esos mandamientos, simplemente, porque cada caso es distinto. Hay niñas de 20 a las que una mini les queda fatal, mientras mujeres de 50 pueden mostrar unas piernas estupendas.

Sin embargo, como los puntos ciegos que tenemos son muchos, no está de más escuchar uno que otro consejo de especialistas. De la inventora de la minifalda, por ejemplo, quien sentenció: “una mujer es tan joven como sus rodillas”. Esta frase de Mary Quant da una pista sobre hasta cuándo usar este tipo de ropa.  

Los jeans, en cambio, no tienen edad. Todo está en llevar el modelo y la talla adecuada. Las poleras sin mangas y los vestidos con pabilos dependen de lo cómoda que una se sienta con sus brazos. El largo del pelo es asunto polémico y mi único consejo es evitar crear muchas expectativas cuando una está de espalda. Ahora, las canas no conviene teñirlas hasta los 100 años porque llegará el momento en que resulten el mejor complemento. Por último, los accesorios arriesgados, estilo botas con flecos o joyas tatuadas, sólo les quedan bien a quienes no parecen disfrazadas y se sienten genuinamente confortables, como señoras pachamámicas o  Sarah Jessica Parker

Oscar Wilde, agudo observador de la naturaleza humana, se quejaba de que las mujeres modernas cometían el error de maquillarse para parecer más jóvenes, en cambio, “nuestras abuelas lo hacían para hablar con brillantez”. 

 Y, para terminar, una historia en las antípodas de la ‘abuelita de Barbie’: el otro día miraba a una mujer muy estilosa. Chaqueta y pantalón de lino, pero en un celeste deslavado como blue jeans. Debajo, una polera blanca sobre la que un rústico collar de malaquita vestía el conjunto. En los pies, ballerinas. Su dueña no era una veinteañera, sino una señora mayor que mi mamá, en sus ochenta y tantos para ser honestas. Envidié su estilo.

¿Será que estoy madurando?