Con Horacio Croxatto nos ha ocurrido como a un príncipe árabe con su harem: ¿Por dónde empezar?
Es una difícil decisión saber qué destacar de él por la riqueza de su vida y su carácter, pero sobre todo por su franqueza sin filtros. En lo religioso, desde luego, su caso resulta poco común. Educado en los SS.CC., miembro devoto del Opus Dei en parte de su juventud, profesor de la Universidad Católica casi toda su vida, hoy a los 77 años es ateo confeso y militante. “Todo eso está out y es mitología”, dice al hablar de las creencias cristianas. “A ningún niño deberían enseñarle religión antes de los 12 años, cuando ya sea capaz de pensar un poco por sí mismo. Hacer otra cosa es un abuso”.

Excepcional resulta también su caso como investigador y padre de cinco hijos (entre ellos, la actriz Luz Croxatto). No hay otro chileno que sepa más de anticoncepción, otro que haya creado y patentado tantos artilugios para evitar embarazos no deseados, ni otro al que le consulten e inviten de todo el planeta por su prestigio científico en reproducción humana.
Más sorprendentes que otra cosa parecen sus experiencias como hijo. Nos cuenta que su padre, el doctor Héctor Croxatto, Premio Nacional de Ciencias, le hizo cariño una sola vez en toda su vida, recuerdo que le acompaña y le duele. Nos cuenta, también, de su madre (una mamma de sangre italiana como casi todos sus antepasados), y la experiencia es peor. “Ella no me hizo cariño nunca. Sólo le importaba la disciplina. Era un carabinero”, dice muy serio, sin detenerse a suavizar sus palabras. El doctor Croxatto mete el bisturí sin poner anestesia.
Tampoco hace esfuerzos por esconder su explicable satisfacción de ser tal vez el mayor especialista vivo del mundo en materia de reproducción y fertilidad humanas, aunque su abuelo era un inmigrante italiano que se ganaba la vida atendiendo su emporio en el sur de Chile.
Lleva medio siglo investigando.

No oculta la irritación que le producen médicos chilenos muy influyentes que no pierden oportunidad de criticar sus ideas e inventos relacionados con la anticoncepción. A él se le puede considerar el mayor especialista del mundo en los métodos de anticonceptivos usados bajo la piel o implantes subcutáneos. También, como el que más sabe sobre las trompas uterinas o de Falopio, esos mínimos conductos que relacionan los ovarios con el útero matriz, esenciales en la ovulación, fecundación y embarazo.

“Puede ser lo más importante que yo haga en toda mi vida”, nos dice al anunciar que por estos días tiene muy avanzado otro anticonceptivo. Se trata de un anillo vaginal que no usa hormonas, como los actuales, que a menudo producen efectos colaterales: cáncer o aumento del vello sobre el labio. El nuevo anillo que ensaya reemplazaría las hormonas por un elemento mejor, que por ahora no puede identificar.
No titubea al elegir el anillo vaginal de progesterona en lugar de la píldora anticonceptiva, a pesar de los eventuales efectos secundarios. De las mujeres que optan por las píldoras, afirma, el 7 por ciento se embaraza a lo largo de un año, ya sea por olvido, o por lo que sea. En cambio, las que ocupan anillo vaginal, considerando un tiempo de uso cinco veces mayor, sólo se embaraza una. O menos. Su eficacia resulta incomparable.

Croxatto no recibe con indiferencia las críticas a la píldora del día después y a otros anticonceptivos:

Wp-Doc-193—Nunca han investigado este tema los médicos que más escriben y protestan. Se dedican a otras cosas. Uno de esos colegas es neurobiólogo; otro, pediatra, y otro, genetista. Lo único que hacen es leer lo que otros publican, o escuchan lo que se dice, y lo interpretan de un modo acomodaticio, porque quieren a toda costa que la píldora sea considerada abortiva. No pueden aceptar bajo ninguna condición que no lo sea. Es un disparate decir, por ejemplo, que la píldora de emergencia, incluso la de efecto más prolongado, de un máximo de cinco días, pueda ser abortiva. Y no lo es porque no impide la implantación del embrión en el útero de la madre, pues sabemos que la implantación se produce siete días después de la ovulación.
Reconoce: no es ciento por ciento eficaz la píldora del día después. Por ejemplo, si tiene que prevenir 16 embarazos, sólo lo hace en 10, porque a menudo la mujer la toma tarde, cuando ya se produjo la ovulación. Y esto es explicable, señala, porque ella no sabe cuándo ovula. Se trata de un proceso silencioso, imperceptible. Agrega:
—Previene el embarazo sólo cuando se toma antes de la ovulación. La píldora de emergencia actúa cuando se toma en la fase folicular, llamada así porque en esa etapa se desarrolla el folículo, en el cual se encuentra el futuro óvulo. Hay gente que todavía no incorpora eso a su razonamiento. Si esta píldora fuera ciento por ciento eficaz, sería necesariamente abortiva, y no lo es.
Creador del EllaOne, anticonceptivo de emergencia de última generación, este médico, investigador, biólogo y fisiólogo no duda al mencionar a sus pares que le combaten. Los nombra como al pasar, pero sin saltarse ninguno, olvidando como siempre poner anestesia antes de usar el bisturí.
—¿Cómo explica que en 2013 exista un debate tan apasionado alrededor de la píldora del día después y otros anticonceptivos de emergencia?
—No es por falta de investigación, desde luego. Hay más que suficiente para demostrar que no tienen efectos abortivos. Lo que existe es ignorancia. Al menos en Chile, lo que pasó es que durante el régimen de Pinochet, un gobierno tan modernizador en otros aspectos, algunos movimientos religiosos conservadores adquirieron gran poder y lo utilizan para todo. Por desgracia, son fanáticos. Me parece inobjetable que ellos piensen de una determinada manera y tengan una conducta personal muy estrictamente pegada a esos principios. Lo que no está bien es que le impongan esos valores a toda la gente, creyentes y no creyentes. Eso es una inaceptable dictadura moral. Un abuso.

Muy alejados de la posición de Croxatto están los doctores Patricio Ventura-Juncá, con estudios de Teología que participa en comisiones de la Conferencia Episcopal y del Vaticano; Ricardo Cruz-Coke Madrid, genetista de la U. de Chile, ex presidente de la Academia de Médicos Católicos San Lucas; Sergio Valenzuela Yuraidini, genetista de la UCH,  profesor de religión y moral; Manuel Jesús Santos Alcántara, genetista de la PUC, diplomado en Bioética, y Fernando Orrego Vicuña, profesor de la Universidad de los Andes, regentada por el Opus Dei, y también de la Chile, autor del libro La píldora del día después (2005), donde, previendo una polémica creyó necesario advertir al lector sobre el carácter de su texto: “No hay ningún adjetivo puesto, ninguna calificación moral. No toco la ética, simplemente biología y medicina”. Fue presentado con una Reflexión Preliminar del investigador Juan de Dios Vial Correa, presidente de la Academia Pontificia para la Vida y profesor del Departamento de Biología Celular de la PUC, quien dijo que se trata de “un estudio científico serio y cuidadoso que permite situar y comprender un problema social y moral de gran envergadura”.

El mismo Vial, años antes, había comunicado a su ex alumno y amigo Horacio Croxatto que debía abandonar la titularidad de su cátedra en la PUC por decisión de ciertas autoridades vaticanas, quienes afirmaron: “No queremos que este médico abortista esté en la lista de profesores de la UC”. Se comentó eso —alega el afectado—, a pesar de que en el texto que objetara el Vaticano, Croxatto empezaba diciendo que él no era partidario del aborto. Se trató de una carta abierta enviada por él al Parlamento, en la cual rechazaba con mucha energía un proyecto de ley que presentara el senador UDI Hernán Larraín. Dicho proyecto sancionaba con 10 años de cárcel a la mujer que abortara. Se subía así al doble la pena vigente en ese momento. Además, a la mujer sancionada se le negaba derecho a excarcelación.
“Una atrocidad; una falta de sentido común y social”, dice Croxatto. No había que subir las penas a quien aborta, sino darle más acceso a los anticonceptivos y más educación sexual. Además, las mujeres pobres serían las que irían a la cárcel, puesto que quienes se hacen abortos en buenas condiciones rara vez van a un hospital y nadie las va a delatar.
Al final, el proyecto no pasó. Tal vez por la carta.

Perdió dos tercios de su renta al dejar la docencia, pero Croxatto siguió por un tiempo en la PUC, dedicado sólo a la investigación, con fondos extranjeros. Finalmente, optó por formar un centro propio, con algunos colegas interesados en el tema: el Instituto Chileno de Medicina Reproductiva, ICMER. Y hace un año dirige el CIMIS, un centro de investigación en la Universidad Andrés Bello llamado Center for Integrative Medicine and Innovative Science. Desde ese lugar neutro desde el punto de vista religioso y político opina con mayor libertad, asegura. Al referirse al reciente caso de la pequeña Belén, embarazada por su padrastro, Croxatto dijo que algunas personas sostenían que ahí primaban los derechos del feto por sobre los de la madre. ¿Qué piensa él? “Antes de las 12 semanas, cuando aún no se forma el sistema nervioso, el embrión no es todavía una persona. Es un puñado de células. El embrión no sabe de su propia existencia, no quiere, no siente. Entonces resulta poco razonable argumentar que sus derechos primen sobre los de su madre. En mi opinión, es legítima la interrupción del embarazo antes de las 12 semanas si la madre cree que ello es crucial para su propia vida”.

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—Pero el doctor Patricio Mena González, creador de la Sociedad Chilena de Regulación Natural de la Familia, pide respeto del embrión desde el primer instante y no desde la semana 12. Postula que cada ser humano “ha sido engendrado directamente por Dios y por sus padres, en virtud de un acto procreador. Este acto, único en el orden creado, reviste una especial sacralidad y exige un humilde y agradecido respeto”. Subraya, como verá, que ese ser “ha sido engendrado directamente por Dios y por sus padres”. ¿Qué cree usted?
—No creo que haya un Dios que ande metido en semejantes cosas. Ni menos cuando hay violación de una niña.
El doctor Ricardo Cruz-Coke, después de leer una carta de Juan Pablo II estaba muy contento porque el Papa rechazaba la interrupción del embarazo en cualquier momento, formulando la idea de la “animación instantánea”.  “Después de dos mil años de controversias”, dijo Cruz-Coke, “podemos dar respuesta fundada a la pregunta que Juan Pablo se formulara al iniciar su carta. ¡Ya sabemos que el alma se infunde en el cuerpo humano en forma instantánea en la fecundación!”.
—¿Qué le parece a usted que se diga “hecho el amor, hecho el alma”?
—Nada puede sorprenderme a esta altura de mi vida.
Lo que sí tiene claro es que no quiere ver en el cuerpo del hombre un monasterio, sino una especie de parque de recreación. Siempre ha rechazado la antigua doctrina religiosa de que el sexo es legítimo sólo para procrear.
“El sexo es una cosa rica, buena, unitiva y recreativa.La verdad es que sin el peso de la Iglesia Católica, en el sexo se puede pasar mejor; pero no es por la Iglesia misma, sino por la jerarquía eclesiástica. Si uno está con las trancas de que el sexo es malo, feo y pecaminoso, lo pasa mal. Así me ocurrió cuando era joven por escuchar a viejos sacerdotes de posguerra. Ya no más”.