Comer con el tercer ojo puede sonar como una frase mística hecha para la galería. Sin embargo, es la mejor manera de definir este sistema que no sólo promete eliminar impurezas y grasas desde los huesos a la piel sino que además restaura el equilibrio orgánico modificando la relación con los alimentos.

Esa es la razón de por qué su creador exige la práctica de meditación para tomar consciencia de todo el proceso de depuración. “Más allá de la pérdida de peso y el rejuvenecimiento de la piel, este plan nos conecta al cuerpo y nos alinea con aquello que es indispensable para su salud y bienestar”, sintetiza el doctor Alejandro Jurger, quien ideó el plan luego de contraer una serie de alergias y problemas en el sistema digestivo.

“Cuando mis colegas me recetaron medicamentos, supe inmediatamente que ese no era el camino y comencé investigar. Luego, estuve por 10 días en un centro en California siguiendo un plan de desintoxicación a base de jugos naturales. El resultado fue sorprendente y clave para desarrollar un sistema para desintoxicar el cuerpo en condiciones menos extremas”.

Traducido a más de 30 idiomas, el libro del método Clean fue destacado por The New York Times y sus mejores promotores fueron figuras del entretenimiento como Demi Moore, Robert Downey junior, Kate Hudson, Stacy Keibler, Donna Karan, Jake Gyllenhaal, Madonna, Demi Lovato y Gweney Paltrow.

Antes de empezar, hay que acondicionar el organismo para la limpieza. Durante este periodo que dura siete días, no se puede consumir cafeína, naranjas, plátanos, lácteos y huevos, trigo, maíz, avena, carne, embutidos, mariscos, soja, palta, tomates, papas, berenjenas, pimientos, manteca, aderezos, alcohol, gaseosas, azúcar, miel y chocolate. También se aconseja restringir los alimentos ácidos y con efectos inflamatorios, y preferir los alcalinos. La obligación es consumir un mínimo de 2 litros de agua diarios y están permitidos los tés de hierbas y el mate.

Durante los 21 días que dura el plan, el desayuno y la cena están compuestos únicamente de batidos, jugos y sopas. Estos deben ser preparados con frutas frescas (menos plátano y naranjas), vegetales verdes, quínoa, amaranto, legumbres, avellanas, nueces, almendra, castañas, semillas de sésamo, calabaza y girasol, leches de arroz, avena y coco. Los aceites permitidos son de girasol y oliva prensado en frío. Para el almuerzo, la pauta indica una porción de proteína, como pollo, pescado fresco, cordero y animales de caza (como pato), con verduras de la estación y una fruta de postre.

Un buen batido para comenzar el día es el de mango y piña que se prepara con media taza de leche de coco, medio mango, 3/4 de taza de piña, una cucharada de stevia y media tapita de extracto de vainilla. Para la última comida del día, una de las favoritas de los seguidores de este plan es la sopa verde que mezcla zapallo con zapallito verde, un puño de espinacas crudas, dos tazas de agua caliente, una cebolla salteada, pimentón y sal marina. Sin embargo, lo ideal es ir experimentando nuevas recetas con los alimentos autorizados. Es fundamental que transcurran 12 horas entre la última y la primera comida del día para que el cuerpo tenga el tiempo suficiente para activar el proceso de depuración.

Durante las tres semanas, incorporar cualquier técnica para meditar diariamente es clave para empezar a distinguir el hambre de la ansiedad. Terminada la dieta, la recomendación es hacer una comida líquida y dos sólidas durante varios días antes de volver a comer normalmente.

Como el organismo estará como una hoja en blanco será mucho más fácil identificar cuál es la reacción que tiene frente a cada bocado. De acuerdo a las necesidades de cada uno, se recomienda repetir el plan entre dos y cuatro veces por año. “La manera en que reaccionamos a las distintas situaciones que enfrentamos en nuestra vida diaria está íntimamente relacionada con lo que comemos, pero eso es algo que sólo se entiende a través de la experiencia”, explica Jurguen.