Cuando una pareja se casa, lo único que anhela es que su matrimonio sea duradero, estable y feliz. Aunque ad portas de dar el sí, el futuro se vislumbre prometedor y todo en la relación sea miel sobre hojuelas, es necesario tomar en cuenta que la rutina puede complicar las cosas. Para asegurar el éxito, los expertos concuerdan en que antes de formalizar la unión hay que evaluar si están listos para dar el Sí, ¿Cómo? Muy simple, solo deben preguntarse: ¿Qué quiero?; ¿deseo casarme?; ¿por qué lo hago?… Si son capaces de dilucidar estas interrogantes, están en el camino correcto.

Porque el autoconocimiento es fundamental para proyectar una vida en pareja promisoria. Recordemos que un matrimonio constituye un tremendo desafío y para que funcione se requiere invertir tiempo y trabajo constantemente, por eso es relevante estar claro de lo que se desea y por qué se busca.

Para adquirir un compromiso hay que internalizar, “lo que configura el matrimonio hoy es muy distinto de lo que pasaba hace 20 ó 30 años, cuando estaba establecido por un mandato social y estructuras religiosas o culturales, las cuales complicaban la soltería y más aún que esa unión fracasara”, comenta Edmundo Campusano, sicólogo clínico y académico de la Escuela de Sicología de la Universidad Mayor.

Sin embargo, todo eso cambió radicalmente, hoy la gente dice ‘no creo en los papeles’; ‘quiero ir a vivir para probar’; ‘lo que importa es el amor’. Lo que eso establece un escenario muy diferente, pues significa que lo único que sostiene actualmente el vínculo es la voluntad o la capacidad de decidir que se quiere estar con el otro, expone el profesional.

En un contexto evolutivo de la anterior opinión coincide Paula Rodríguez, especialista en coaching para parejas, “entre los años 40 y 60 el matrimonio se consideraba un evento definitivo, donde por más que la relación no funcionara, hubiera caos, falta de comunicación y una vaga sexualidad no existía la opción de una separación. A partir de la década del 80, nace la posibilidad de un quiebre, de que si no somos felices podríamos, eventualmente, proponer una separación, con los costos que esto significaba para ambas partes. En los 90 el matrimonio se convirtió de alguna manera en ‘desechable’, lo que se reflejaba en la respuesta a la pregunta: ¿Estás segura/o? Lo más recurrente era decir: “si no resulta me separo”. No obstante, las nuevas generaciones “han tomado conciencia de que quieren una relación definitiva, con permanencia en el tiempo y que les asegure la felicidad, ya que no quieren repetir la historia de sus padres”, agrega Paula.

En ese sentido, cada día más novios toman conciencia, que si bien el amor es uno de los elementos más importantes en el buen resultado de la vida en pareja no es el único y buscan herramientas eficaces que puedan ayudarlos en la construcción de una unión sólida. Aunque parezca que hoy hay más libertad y menos convencionalismos en torno al tema, las personas igualmente desean formar un proyecto que dure ‘para toda la vida’, es ahí cuando el psicólogo plantea una gran interrogante: si todas las estructuras que sostenían el matrimonio quedaron en el pasado, ¿cómo lo harán para que un proyecto que solo se sustenta en una emoción (amor) y en un compromiso de palabra dure ‘para siempre’? “El matrimonio más duradero tiene que ver con los niveles de maduración de cada una de las partes, es decir, con la capacidad de ser responsable, autónomo e independiente emocionalmente”, afirma Edmundo Campusano. También destaca que es vital darse cuenta de esto antes de tomar decisiones como vivir contigo hasta que alguno muera.

A su juicio hay que darle tiempo a la relación, “las parejas no se conforman porque se diga ‘te amo’, ni porque pensemos que nos gustan las mismas cosas, las relaciones se consolidan en el tiempo, estando juntos, compartiendo y conversando”.

En este último punto vale la pena detenerse, porque en general las personas aunque nos comuniquemos no somos conscientes de todo lo que nos pasa, “por eso la capacidad de darme cuenta de que es lo que quiero, para dónde voy, por qué lo estoy haciendo es muy relevante para poder conversar lo medular y no de quedarse pegado en estupideces”, advierte el académico.

Asimismo, enfatiza en que no hay que apurarse, pues las condiciones que sostienen una relación, entre ellas la lealtad, la confianza, la aceptación, la intimidad y sentir que puedo ser yo mismo, son aspectos que se dan después de un año, “entonces si se va a casar y está un poquito apurado tendría que darse cuenta si la relación está preparada para sostener una convivencia diaria y resolver los problemas dentro de la casa, en caso de que la pareja todavía no está en madura, no dé ningún paso, ya que nada lo apura, espérese, siga pololeando y vaya regulando los espacios”, sugiere.

Otro punto que debe ser considerado cuando se toma la decisión de contraer matrimonio es determinar cuán desarraigada está cada una de las partes de la familia de origen. “Se complica mucho la unión cuando las personas no han sido capaces de soltar y de poner su lealtad y prioridad en su nueva familia, siguen atrapadas en los mandatos, dinámicas y afectos básicos del clan de origen. Por ejemplo, se comete un gran error si al resolver un conflicto antes de solucionarlo conmigo toda tu familia ya está enterada”, añade el académico de la Universidad Mayor.

Como es un proceso lento y costoso, hay que tratar de no tener guagua en el primer tiempo, el mejor consejo es estar solos en una casa propia aunque sea chica. “Un espacio en que puedan pelearse y amarse solos, configurar las reglas de esa unidad nueva y una vez que el ‘dúo’ esté estructurado y organizado, y que ante una pelea no le den ganas de volverse donde su ‘mamita’ o ‘papito’, pueden empezar a pensar en tener un hijo, para que así esa guagua llegue a un hogar sólido”, advierte el experto. Al mismo tiempo agrega, “toda relación debe saber cómo construir un nosotros, cuando te casas y tienes hijos, ese espacio son los hijos porque las responsabilidades son compartidas. Aunque no se deben transgredir los espacios de individualidad. La pareja equilibrada es aquella que tiene un espacio de compartir un montón de cuestiones, desde las obligaciones hasta el disfrute, pero también es capaz de tolerar la diferencia”.

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Pánico escénico

Es muy usual que una pareja que lleva un par de años pololeando, cuando decide casarse empieza a presentar problemas. Pero no hay que asustarse ni salir arrancando, son los síntomas propios antes del compromiso, es como la tensión antes de dar la prueba. “Simplemente al haber expresado ‘quiero quedarme aquí para toda la vida’ los niveles de angustia suben y cuando se está angustiado pensando que aquí se quedará para siempre, la gente empieza como a mirar debajo de la alfombra para buscar cualquier defecto y garantizar de que va a ser feliz”, dice Paula Rodríguez, quien se ha especializado en el coaching para parejas y ofrece un programa especial para que los novios sienten las bases de un buen matrimonio. “El susto es comprensible si tomamos en cuenta que antiguamente las personas decidían casarse para toda la vida y eso equivalía a 25 años, hoy si tienes 30 en promedio equivale a 50 años juntos, es lógico afligirse un poco. Aunque uno debe hacerse cargo del resultado y éxito de un proyecto. Es nuestra responsabilidad. Así como nos capacitamos profesionalmente o aseguramos nuestros bienes, debemos tomar la decisión de asegurar nuestra felicidad en pareja”, propone Paula que a su vez, cree firmemente que el éxito depende de la capacidad de internalizar que además del amor, el compromiso consta de variados aspectos que merecen ser analizados, entendidos y superados antes de comenzar a caminar juntos.

Para ella la preparación es indispensable para vivir en pareja y por eso enseña a los futuros matrimonios a abordar de manera directa, responsable y a conciencia temas recurrentes como el conocimiento del tú (¿con quién me estoy casando?), aprender a comunicarse, independencia, compromisos eficaces, negociaciones efectivas, cierre de círculos, decisiones en pareja, sexualidad sana, entretenida y divertida, manejo de nuestras finanzas, familia sanguínea (¿dónde están los límites?), amigos, diferencias entre discusiones y peleas (cómo diferenciarlas y manejar cada una), todas herramientas que los ayudarán a enfrentar de mejor manera el matrimonio.

La especialista explica que buen matrimonio se define por ser los mejores partners con dos elementos fundamentales: comunicación eficaz 60% + sexualidad plena 40%”. El inconveniente es que “al casarnos dejamos de ser esos partners para convertirnos en ‘esposos’ y eso hace que mi inconsciente entienda que el otro está adquirido a perpetuidad dejando de trabajar día a día por la relación”, concluye Paula. Por eso más allá de preocuparnos si estamos o no preparados, hay que trabajar por no dejar cabos sueltos y al tomar la decisión de contraer matrimonio haber conversado temas esenciales para fundar una familia. Esa será la llave del éxito.

¿Están listos? Hagan la prueba

El éxito o fracaso del matrimonio puede centrarse en lo bien que la pareja maneja los asuntos financieros, la comunicación, los conflictos, los hijos, los suegros, el entretenimiento, la sexualidad, la familia de origen, la espiritualidad y las expectativas. El problema es que la mayoría no discute estos temas antes de casarse. Por eso es importante que antes de dar el sí, se tomen un tiempo para conversar y revisar esta lista de interrogantes que ayudarán a abrir la comunicación:

1/ ¿Por qué se van a casar? Si se tiene clara la motivación, hay menos probabilidad de que tenga expectativas irreales.

2/ ¿Cuáles son las expectativas respecto a las finanzas? ¿Planean compartir todo al 50/50? ¿Gana uno de los dos significativamente más que el otro o tiene mayor cantidad de bienes? Es importante saber las expectativas del otro respecto a las finanzas. Hablando y suponiendo cómo dividirían los bienes si se diera un divorcio reduce el potencial de un conflicto.

3/ ¿Planean vivir bajo un presupuesto? ¿Quién pagará las cuentas? ¿Cuáles? ¿Tendrán una cuenta corriente bipersonal? ¿Cuáles son sus metas financieras a largo plazo?

4/  ¿Cómo dividirán las labores del hogar? ¿Cómo tomarán las decisiones si entran en un desacuerdo? ¿Qué sucederá si uno no cumple con su parte del acuerdo? ¿Están dispuestos a resolver sus conflictos? ¿Han tenido éxito en el pasado resolviéndolos?

5/ ¿Desean tener hijos? ¿Cuántos? ¿Adoptarían uno? ¿Cómo criarán a sus hijos? ¿Se quedará uno de ustedes en casa?

6/ ¿Juega la religión un papel importante en sus vidas? ¿Creen que la fe y la espiritualidad son importantes en el matrimonio?