Ligar las trompas y resolver su problema de incontinencia urinaria era lo único que Valentina (43, cuatro hijos, diseñadora) tenía en mente cuando fue a la consulta del doctor.  El le sugirió aprovechar la oportunidad para realizar un procedimiento de rejuvenecimiento vaginal. “Jamás se me habría ocurrido. Me explicó que en la etapa de los 40 a 50 años es cuando la mujer más disfruta de su sexualidad y me pareció perfecto. Lo hice y con mi marido notamos el cambio de inmediato”, recuerda.

Todavía tabú en Chile, las cirugías funcionales y estéticas para mejorar la experiencia sexual se conversan sólo en el círculo de amistades más cercanas e incluso es algo desconocido para muchos. Sin embargo, la posibilidad está presente.
Jack Pardo, ginecólogo y especialista en uroginecología, cirugía vaginal y cosmetoginecología del centro médico Biomer, comenta que el parto natural daña —aunque no siempre— los genitales femeninos, lo que afecta la vida sexual. Hay patologías vinculadas a ese esfuerzo como la incontinencia urinaria, el prolapso y los desgarros que surgen en el momento del parto en forma espontánea o bien realizados por el médico. Entre estos últimos está la episiotomía, que suele repararse de inmediato como parte del tratamiento.
No obstante, cuando el daño es intermedio y no se ve a simple vista, la vida de la mujer cambia no sólo en lo físico, sino también en lo sicológico. “Entre el 60 y 70 por ciento de las pacientes que ha tenido un parto queda con una sensación menor de placer. Por décadas se culpó a la edad o al cuidado de los niños la falta de deseo, cuando la causa real estaba en la amplitud vaginal”, aclara Pardo.
Fue el doctor norteamericano David Matlock quien diseñó una técnica llamada láser vaginal rejuvenation hace poco más de una década; cirugía que reconstruye los tejidos, refuerza los músculos y elimina el exceso de mucosa. Con ello se recupera la sensibilidad. El doctor Pardo tiene la  licencia en Chile desde 2003.

A la fecha, ha efectuado unas 500 intervenciones de este tipo, a las que suma las de incontinencia urinaria y las de prolapso, patologías que inhiben el deseo sexual.
También están las operaciones estéticas, como la labioplastía. La cirugía demora 45 minutos, es ambulatoria y casi indolora. La recuperación total tarda cuatro semanas.
Otra intervención es el lifting láser de los genitales. La edad, gravedad, aumento y baja de peso, provoca flacidez. Funciona muy parecido al estiramiento de la piel de la cara.
También para modelar y mejorar el desempeño sexual está la lipoaspiración del Monte de Venus; técnica que suele acompañarse con una labioplastía mayor de aumento, que ayuda a adquirir una apariencia más juvenil al trasplantar grasa proveniente de la misma paciente.

HASTA EL PUNTO G PUEDE AUMENTARSE MEDIANTE UNA INYECCIÓN de grasa o algún otro componente —como ácido hialurónico— que incrementa su diámetro funcional ubicado en el tercio inferior de la vagina. Su efecto dura unos seis meses. Otras técnicas son la despigmentación con láser, himenoplastía o reconstrucción del himen, eliminación de verrugas o lesiones en la zona íntima y aplicación de toxina botulínica en el tratamiento del vaginismo.
Si bien el costo total de estos procedimientos depende de la clínica y planes de salud del paciente, las cirugías estéticas fluctúan entre 1.7 a 2 millones de pesos y la de rejuvenecimiento vaginal entre 2 a 2.5 millones de pesos. El prolapso y la incontinencia urinaria son cubiertos por las isapres.
Los hombres también pueden potenciar su vida sexual. El doctor Rodrigo Leyton, urólogo de Clínica Indisa y director de la Sociedad Chilena de Urología, explica que estas cirugías permiten corregir malformaciones como curvaturas congénitas (penis plásticas) y otras adquiridas (enfermedad de Peyronie), cuyo efecto es un pene curvo en la erección. Esto puede impedir tener relaciones sexuales, por el dolor en la pareja o en el mismo paciente.
El procedimiento se realiza al interior del órgano y no es de larga duración. En algunos casos más severos se puede requerir el uso de injertos del mismo paciente o externos, como tejido de cerdo o de vacuno tratado médicamente. La cicatriz cierra en 10 días y se puede iniciar la vida sexual en seis semanas.
En el caso de la impotencia, primero se realiza tratamiento con hormonas; si no da buenos resultados, se puede recurrir a medicamentos.
Si ninguna de estas alternativas resulta, se puede optar por las cirugías que consisten en poner prótesis para reemplazar la función de los cuerpos cavernosos. Hay dos tipos: una maleable, que mantiene una erección permanente. El pene puede doblarse hacia arriba o abajo para ocultarlo durante el tiempo en que no haya actividad sexual y un calzoncillo deportivo con una parte frontal más fuerte ayuda a disimular el abultamiento en la zona.

LA OTRA POSIBILIDAD ES UNA PRÓTESIS QUE USA UN SISTEMA DE BOMBA. Se colocan los dos cilindros de silicona que sustituyen a los cuerpos cavernosos y que se inflan con un líquido (mezcla de agua salada y agente de radiocontraste que sirve para ver el funcionamiento del aparato) contenido en un depósito en forma de globo que se inserta detrás de los músculos de la ingle. Mediante una bomba ubicada debajo de la piel suelta del escroto, que el paciente debe apretar cuando quiere tener la erección, se bombea el líquido que dilata el pene como lo hace la sangre en forma natural. Luego, se presiona una válvula de escape de la misma bomba, los cilindros se desinflan y el agua salada regresa a su depósito, con lo cual el pene regresa a un estado flácido.
Leyton señala que incluso hay un modelo que hace crecer el pene un 15 por ciento en el largo y en el ancho al cabo de unos meses.
La elección de la prótesis depende principalmente del costo, que va desde los 400 mil a cinco  millones de pesos.
Otras cirugías permiten corregir un frenillo corto, que es una anomalía que causa dolor y hasta sangrado en la penetración, pero que se soluciona en forma ambulatoria y con anestesia local; un pene sumido o enterrado —que se ve en obesos donde está escondido en la grasa— requiere una liposucción, o la circuncisión, que elimina el prepucio y que algunos plantean reduce la eyaculación precoz.
El urólogo sostiene que para la estimulación sexual femenina importa más el grueso del pene. Por ello, se ha tratado de engrosar de diferentes maneras. Una es inyectando grasa del mismo paciente, pero la duración del efecto es de tres a seis meses, ya que luego se absorbe por el propio cuerpo. La repetición del procedimiento es riesgosa, ya que puede generar una infección y hasta una fibrosis, que es un exceso de tejido conectivo que empeora la situación.

También es posible utilizar colágeno o implantes que tienen la forma de una lenteja o bolita (de acero, por ejemplo) que se ponen debajo de la piel. Otro procedimiento es usar polímeros de silicona que son bien tolerados y forman una red sobre la cual se genera una cicatriz. No obstante, el resultado visual no siempre queda natural, ya que pueden aparecer zonas más levantadas que otras. Además, su valor es alto, 1 cc cuesta 300 mil pesos y a veces se requiere usar 10 cc. Ninguna de estas últimas técnicas se ha definido como la mejor. Todavía están en investigación, mientras tanto algo de erotismo nunca está de más para disfrutar en la intimidad.