¿Por qué las dietas no nos funcionan a todos por igual? ¿Por qué algunos engordan más que otros? La respuesta está en el último descubrimiento de la ciencia y vendría a dar esperanzas a los más de 500 millones de personas que sufren de sobrepeso y obesidad en el mundo.

De acuerdo a un grupo de científicos del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) junto a la Escuela de Medicina de Harvard decidieron indagar en paradigmas que nos agobian a diario. ¿Uno de ellos? Relacionar la obesidad con la comida que ingerimos y la frecuencia con la que realizamos actividad física. Sin embargo, para los científicos “esta idea deja de lado a la genética, con la cual se controla el metabolismo”. Y por tanto, la cantidad de energía que liberamos y que quemamos en nuestras células. Entonces, ¿por qué varía tanto el metabolismo en cada persona?

Más de 100 tejidos, entre células de europeos saludables y de ratones fueron analizadas por este grupo de expertos. Hasta que dieron con lo que buscaban. La respuesta fue clara y estaba en las células progenitoras de adipocitos, los responsables de que ocurra la termogénesis, proceso por el cual se libera la energía en lugar de almacenar grasa. Pero, ¿cómo incentivar a que este proceso ocurra con mayor frecuencia y así olvidarnos de morir desgarrados en el gimnasio para quemar esas calorías de más?

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La historia científica ha comprobado que la comida baja en grasa, la exposición al frío y el ejercicio promueven la termogénesis. En consecuencia, la liberación de esta energía nos ayuda vernos más delgados. Pero esta investigación fue más ambiciosa y determinó que la activación de la termogénesis sería responsabilidad de los genes, de ahí que algunas personas quemarían más energía que otras.

Específicamente se trata de los genes IRX3 e IRX5. “Ambos son los mayores controladores de la termogénesis. Cuando ellos están encendidos, inhiben la termogénesis y por lo tanto, acumulamos más grasa”, asegura el comunicado de prensa que los investigadores publicaron en el sitio Science Daily.

Siguiendo la huella del ADN, la pista final estuvo en descubrir cómo destruir el efecto de esos genes que inhiben la termogénesis. “La diferencia está en un simple nucleótido intercambiado por otro, la citosina en lugar de la timina”, especificaba el comunicado. Fue así como los expertos decidieron manipular el ADN y descubrieron este master switch (el cambio maestro) que “permite escoger entre disipar energía o almacenar grasa”, afirmó Manolis Kellis, miembro del equipo. El resultado fue comprobado con roedores sometidos a una dieta alta en grasas y a un switch de nucleótido. ¿La gran sorpresa? No subieron un sólo gramo a pesar de comer casi el doble de porciones.

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Pero más que un tema de ‘kilos’ para los vanidosos, el aporte de estos investigadores va para enfermedades como la obesidad. “Estamos buscando transformar este descubrimiento en un nuevo tratamiento para estas enfermedades”, dijeron los expertos. El tema va más allá de un look estético, sino que apunta a reducir problemas cardiovasculares, diabetes tipo 2 y hasta cáncer.

¿Cuáles serán las próximas jugadas de la ciencia con estos conocimientos? Los optimistas, o soñadores, piensan que habrá una pastilla que logre hacer por si sola el master switch o cambio genético. Otros más incrédulos, creen que la fórmula no saldrá de los laboratorios. Para el resto de los mortales, sólo queda la esperanza. Y ver qué pasa. Porque, al menos, no perderemos el tiempo sudando y martirizándonos con dietas. Ya sabemos: es cuestión de genética. Ahora habrá que esperar a que este relevante descubrimiento de la ciencia se vuelva realidad.