Nuestra nación no parece encajar en el continente sudamericano: las cifras revelan un país con una bonanza económica envidiable (mayor índice PIB per cápita de la región al año 2012, con US$ 18.419). Y aunque el umbral de perfección está lejos, Chile se encuentra cerca de alcanzar el nivel de los países con mayor índice de desarrollo humano. Sin embargo, la moneda siempre tiene dos caras: la globalización ha traído graves consecuencias que han perjudicado la salud de la población.

Chile ha dejado atrás el proceso de transición epidemiológica —superando las infecciones asociadas al subdesarrollo— para avanzar hacia las enfermedades propias de los países avanzados. Estas se caracterizan por ser degenerativas y asociadas a los hábitos de consumo y a la extensión de la esperanza de vida. Hoy, son cuatro los males que mantienen a la población en riesgo: el mal de Alzheimer, la depresión, los problemas cardiovasculares y la obesidad. Si la situación no se controla a tiempo, en 30 años el país alcanzará los primeros lugares en los índices globales de salud. Y, claro, no para bien.

Hoy, son cuatro los males que mantienen a la población en riesgo: el mal de Alzheimer, la depresión, los problemas cardiovasculares y la obesidad.

El cuerpo humano está diseñado biológicamente para no sobrepasar los 120 años pero la esperanza de vida de los chilenos sube progresivamente. Hoy ronda los 79 y dentro de una treintena alcanzará los 90 años. Como aclara Patricio Fuentes, neurólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, “esto se explica por una compresión de la morbilidad gracias a la evolución de la medicina a una mucho más segura y eficaz, que hoy nos permite atender a la población de mejor manera”.

Sin embargo, el alargue en expectativa de vida trae un problema mayor: el envejecimiento y el aumento de las enfermedades crónico-degenerativas. Según los datos del último Censo, la población en Chile mayor a 60 años alcanza un 14 por ciento, lo que equivale a 2,4 millones de personas, mientras que la población juvenil (0-14) ha tenido un retroceso importante siendo solo el 22 por ciento del total país. “El gran problema de Chile es que entramos al progreso con una población envejecida —a diferencia de Europa, donde ocurrió al revés— y mientras más avanzamos en calidad de vida, más viejos somos. Para el 2043 la población mayor de 60 años rondará un promedio de 3,5 millones y la geriatría será la especialidad del futuro”, afirma Fuentes.

Pero, ¿qué haremos con esa cantidad de ancianos?, ¿está preparado el país para esa avalancha senil? Según Víctor Carrasco, doctor y presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, “no existe una formación ni regulación que nos permita atender al adulto como se debe. Si hoy por cada 100 niños hay 60 adultos, para treinta años más serán 100 y 100. Existirá una dependencia que dejará a miles de personas a la deriva porque no hay casas de cuidados públicas ni geriatras suficientes”.

Para el 2043 la población mayor de 60 años rondará un promedio de 3,5 millones y la geriatría será la especialidad del futuro.

Aunque el envejecimiento es la mejor conquista de nuestro siglo, resulta un problema cuando las enfermedades degenerativas ganan terreno. El mal de Alzheimer, forma más común de la demencia, es calificado por la Organización Mundial de la Salud como la epidemia del futuro y afecta a los mayores de 60 años. Esta enfermedad es definida como un trastorno cerebral progresivo que va destruyendo en forma gradual la memoria de los afectados y paraliza las funciones básicas como el razonar y aprender. El 2010 fallecieron 3.707 personas por demencia y el mal de Alzheimer en Chile, según el Ministerio de Salud, pasó a ser la quinta causa de muerte.

“Para el año 2050 la prevalencia de la enfermedad se va a triplicar. Si estimamos que en Chile hay alrededor de 200 mil personas con demencia, es probable que para 2043 existan 500 mil casos. Si consideramos el entorno familiar, estamos hablando de 2 millones de chilenos afectados indirectamente”, señala Fuentes.

El mal de Alzheimer es una enfermedad aún sin cura. Si bien tiene un diagnóstico precoz, los esfuerzos de los especialistas se enfocan en retrasar la pérdida de la memoria. “Recomendamos que las personas, desde temprana edad, mantengan un estilo de vida saludable, controles de salud periódicos y estimulación intelectual —apunta Fuentes—. De parte del Estado, se espera una mirada menos indolente y la integración del mal de Alzheimer a la salud pública, además de crear casas de acogida que suministren un tratamiento completo a los afectados”.

Vivimos en una sociedad competitiva e individualista. El progreso y las nuevas tecnologías son responsables de esto. ¿Qué sería de nosotros sin ellos?, ¿en qué estaríamos convertidos? Como fuere, las enfermedades mentales han encontrado tierra fértil en este escenario, al punto que se han convertido en la segunda carga de salud en la población.

La última Encuesta Nacional de Salud cifró en 17,5 el porcentaje de la población chilena sobre 15 años que sufre depresión.

La última Encuesta Nacional de Salud cifró en 17,5 el porcentaje de la población chilena sobre 15 años que sufre depresión. Para 2043, se cree que esta enfermedad será la mayor responsable de que los chilenos pierdan años de vida saludable.

Aunque no se dispone de estadísticas que permitan evaluar y comparar las tasas de depresión, el aumento de los fenómenos asociados a ésta como la tasa de suicido, que en 20 años se duplicó llegando a las 5 mil muertes, permite vislumbrar una tendencia de los chilenos a los cuadros depresivos. No somos, en todo caso, bichos raros. Hoy existen, según la OMS, 350 millones de personas con depresión y ha especulado que para el año 2020 ésta ocupará el segundo lugar de enfermedades en el mundo.

Para Luis Risco, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, la depresión —definida como un desbalance de sustancias químicas en el cerebro— y su prevalencia se explica por una “propensión genética” de los chilenos a los trastornos depresivos.

“El problema de los cuadros depresivos es que son un trastorno que genera mayor discapacidad y esto se manifiesta en la cantidad de licencias médicas emitidas por depresión —de las referidas a trastornos mentales, son más del 50 por ciento—, provocando un descenso en la productividad de las personas”, explica.

En todo caso, no todo está perdido. Lo positivo de la enfermedad es que se puede combatir. “Confío en que cada vez más los gobiernos facilitarán el tratamiento y para ello es necesario una buena distribución del gasto en salud mental, la creación de una Ley de Salud Mental y profesionales competentes para el área”, afirma Risco.

Los problemas cardiovasculares son silenciosos y se han alzado como la primera causa de muerte en Chile. A nivel mundial, se han consolidado como la tercera causa de invalidez. En el año 2011 mataron a más de 17 millones de personas y para el 2043 la cifra superará los 20 millones. Los números se inclinan hacia la mujer: en el 2012, 37 mujeres morían diariamente. Treinta años después, la cifra se duplicará.

Las cardiovasculares no presentan síntomas y solo se manifiestan a través de un infarto al cerebro o al corazón y, a mayor edad, la mortalidad es severa. Para Juan Carlos Prieto, ex presidente de la Sociedad de Farmacología de Chile, “estas muertes podrían ser reducidas en más de un 80 por ciento si la población viviera sobre la base de una dieta rica en frutas y verduras, disminuyendo las grasas y el tabaco, además de hacer ejercicio. Un cambio difícil en una sociedad donde domina lo instantáneo y la alimentación saturada en grasas. Mientras no haya un cambio de mentalidad, no va a pasar nada. Uno es lo que come”, explica Prieto.

Los problemas cardiovasculares también apuntan los dardos hacia la clase más vulnerable. Aunque el ingreso per cápita sigue aumentando, la segregación existente contribuye a hacer el panorama más complicado. “Es difícil decirle a una persona lo que tiene que comer cuando sus ingresos no le permiten tener una alimentación adecuada”, sostiene.

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En Chile, el 72,4 por ciento de la población está enfocada en perder peso y, según la última Encuesta Nacional de Salud, 8,9 millones de personas se registran con sobrepeso. La OMS ha catalogado la enfermedad como epidemia puesto que a nivel mundial casi 3 millones de personas mueren por esta causa.

El aumento de los índices de obesidad en nuestro país obedece a un estilo de vida moderno que ha acentuado el sedentarismo. Y como dice Mariane Lutz, directora del Centro de Investigación y Desarrollo de Alimentos Funcionales de la Universidad de Valparaíso, “la disponibilidad de alimentos baratos y sabrosos es enorme y se produjo un cambio hacia el consumo de estos productos, que se han posicionado por encima de frutas y verduras, lo que ha afectado a los niños y a la población de menores ingresos”.

Según una proyección del informe “Food Price Watch”, hecha por el Banco Mundial, se espera que el número de obesos en Latinoamérica aumente de los 60 millones que había en 2005 a 191 millones para el 2030, por lo que para el 2043 podemos esperar un aumento sostenido.

Para Claudia Igor, docente de Técnico en Nutrición y Dietética de Duoc UC, sede Valparaíso, “el mayor problema de la obesidad radica en la diversificación de las enfermedades asociadas al aumento de peso, las que se verán magnificadas. Lo más grave será el alza en las enfermedades crónicas no transmisibles como enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer”.

Se espera que el número de obesos en Latinoamérica aumente de los 60 millones que había en 2005 a 191 millones para el 2030.

Además, 1 de cada 3 niños chilenos tiene sobrepeso antes de los cinco años. Para Igor, “la predisposición a la obesidad en la edad adulta nos permite proyectar que, como a edades tempranas los hábitos alimentarios están fuertemente condicionados por los patrones alimentarios de su familia, un niño obeso en el presente criará niños obesos en el futuro”.

A principios de siglo, el gasto en salud pública para la obesidad rondaba el 7 por ciento. Aunque hoy el porcentaje es mayor, el problema radica en la utilización de los recursos para combatir la enfermedad cuando se exige prevención. “El mejor tratamiento es enfatizar la educación del paciente y a la comunidad de los beneficios de una vida más saludable desde temprana edad y fomentar espacios recreativos al aire libre”, sentencia Igor.

Habrá que estar preparados. Y pedir, de aquí en más, cada noche de Año Nuevo eso de “salud, dinero y amor”, pero sobre todo salud para llegar en buen pie a 2043.