Eres lo que comes. Una frase que escuchamos a diario y que generalmente relacionamos sólo con nuestra apariencia física. Sin embargo, su incidencia va mucho más allá de lucir una silueta delgada. El reconocido neurólogo y autor del bestseller Cerebro de pan regresa con Alimenta tu Cerebro, asegurando que nuestra salud mental está directamente relacionada con los alimentos.

“Padecimientos mentales –como el autismo, la depresión, el estrés e incluso el alzheimer– tienen directa relación con lo que pasa por nuestro sistema digestivo”, dice el médico.

Pero no hay que desanimarse, ya que la configuración bacteriana del intestino puede cambiar apenas seis días después de iniciar un nuevo protocolo alimenticio. Aquí, presentamos las claves esenciales para mantener una flora intestinal saludable y alimentar correctamente al cerebro, según el doctor David Perlmutter.

1. Elegir alimentos ricos en probióticos: Los probióticos son microorganismos –bacterias u hongos– que viven en los alimentos y que ayudan a combatir las bacterias dañinas del intestino. Además, mantienen la integridad del revestimiento intestinal, equilibran el pH del cuerpo y ayudan a mantener la mente en buen funcionamiento. Según el autor, es posible encontrarlos en yogures hechos con cultivos vivos, en el té de kombucha, chucrut, pepinillos y en frutas y verduras escabechadas en salmuera. Es importante consumirlos diariamente.

2. Disminuir los carbohidratos: Tal y como Perlmutter sostiene en Cerebro de Pan, la alimentación actual gira en torno a los carbohidratos y el gluten, aumentando la producción de citrinas inflamatorias, las que provocan trastornos neurodegenerativos. Por ello, el doctor destaca la importancia de disminuir su consumo y darle prioridad a las grasas ‘buenas’. Aceite de oliva extravirgen, palta, aceitunas, nueces y semillas como el girasol y la chía, son algunos de los alimentos que aportan la cantidad justa de grasas para que tu cerebro funcione como debe.

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3. Un buen vino, té, café o chocolates: Son ricos en “flavonoides polifenoles”, un poderoso antioxidante que se encuentra en las plantas. “En múltiples estudios se ha demostrado que añadir polifenoles a la dieta reduce significativamente los marcadores de estrés”, asegura. Sin embargo, y pese a sus beneficios, hay que ser cuidadosos con los excesos. Perlmutter es categórico al aclarar que no hay que pasarse de los 5 o 6 cuadros de chocolate amargo a la semana. En cuanto al vino, los hombres pueden tomarse máximo dos copas al día, mientras que las mujeres sólo una. El café debe limitarse a una vez diaria y el té –del tipo que sea– no tiene ningún tipo de restricción.

4. Consumir prebióticos: Los prebióticos –a diferencia de los probióticos– son sustancias vegetales que se encuentran en algunos alimentos y que sirven de comida para las bacterias benéficas, potenciando su desarrollo. Por lo mismo, su consumo es vital para mantener en orden el microbioma. Las siguientes comidas los contienen en altas cantidades: raíz de achicoria, hojas de dientes de león, ajo, porro, cebolla y espárragos, todo crudo para evitar que las altas temperaturas modifiquen sus beneficios.

5. Beber agua filtrada: Para evitar sustancias ‘matabichos’, como el cloro presente en el agua de la llave –que puede eliminar algunas de las bacterias buenas del cuerpo–, Perlmutter recomienda comprar un filtro de agua para la casa. Es importante que se mantenga en buen estado, ya que conforme la contaminación se acumula, éste se vuelve menos eficiente y puede liberar sustancias dañinas para el cerebro.

6. Ayunar: Un mecanismo fundamental del cuerpo humano es su capacidad para convertir la grasa en combustible durante las temporadas de escasez, lo que también ayuda a que el cerebro se active. Esto, ya que frente a la disminución de comida, las grasas se descomponen en moléculas, emitiendo beta-HBA, un ácido que aumenta la cantidad de mitocondrias y estimula la formación de nuevas neuronas. Por ello, el doctor recomienda el ayuno intermitente, es decir, la restricción absoluta de alimentos durante 24 o 72 horas en intervalos regulares a lo largo del año. Rutina que también ayudaría a desacelerar el envejecimiento, disminuir el desarrollo de enfermedades crónicas relacionadas con la edad y evitar el estrés.