Reconsideró su idea de retirarse de la política una vez que termine este gobierno. Ximena Rincón admite que lo dijo hace un año como ministra de la Segpres, en un momento de hastío por su encontrón con el diputado socialista Juan Luis Castro por la comisión Caval y por la falta de generosidad con el programa de Michelle Bachelet. Hoy la historia y el contexto es otro. Como titular de Trabajo, después de un largo trámite, logró que el Ejecutivo consiguiera la aprobación del proyecto de Reforma Laboral, aun cuando la oposición recurrió ese mismo día al Tribunal Constitucional impugnando cuatro puntos (negociación interempresa, titularidad sindical, la extensión de beneficios y el derecho a la información para la negociación colectiva) los cuales, según el senador Andrés Allamand, estarían lejos de fortalecer los derechos de los trabajadores. “Como servidores públicos, debemos ser responsables cuando instalamos el debate. No sé si no están informados, no entienden o quieren confundir a la opinión pública, porque siguen alegando ciertos puntos que ya fueron cambiados o que no son como ellos los plantean. Hay mucho prejuicio. Los invito a revisar cómo quedó la reforma final”.

Aunque se viene un trámite largo en el Tribunal Constitucional (TC), sacar adelante este proyecto fue para ella una inyección anímica, ya que, “viene a re-equilibrar las relaciones al interior de la empresa, propicia el diálogo maduro entre empleadores y trabajadores y restablece las confianzas”. Un paso que no sólo la motivó a seguir en política, sino también a no cerrarse a una aspiración presidencial futura, a partir del 2022. “No ando buscando una candidatura en las próximas presidenciales o parlamentarias, lo que no significa que en las que vengan no esté”, asegura la ex senadora, quien está confiada en la solidez jurídica de su proyecto.

“Me cuesta imaginar en la reflexión jurídica, la posibilidad del rechazo. Tenemos argumentos sustantivos, y al revisar el requerimiento que han hecho los parlamentarios de oposición, es difícil encontrar solidez para derribar nuestro proyecto. Confiamos en que el TC ratificará que está acorde con la Constitución y que cumple plenamente con los tratados internacionales”.

—Pero no sólo la oposición ha hecho sus reparos, economistas que apoyan al oficialismo como Sebastián Edwards, hablan de una “trasnochada y muy mala reforma”.

—Para entender lo realizado, debemos volver al origen, al porqué de las transformaciones. ¿Es necesaria la productividad?, obvio que sí, pero ¿para qué?, ¿para que la riqueza se siga concentrando? La productividad es imprescindible en el desarrollo del país, pero también para que todos sus integrantes accedan a los beneficios que genera y mejoren su calidad de vida. En los países de la Ocde, se ha visto que los sindicatos fuertes tienen un incremento en la productividad importante. Tenemos que ser capaces de construir un nuevo trato; el tejido social se reconstruye resolviendo los problemas, reconociendo los derechos, mejorando las oportunidades.

—¿Pero está la ley acorde a los nuevos tiempos?¿No mira hacia los años 60 como plantea el presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Ricardo Mewes?

—No podemos adentrarnos en el siglo XXI sin avanzar en la superación de las inequidades del siglo XX. La digitalización y la automatización han proporcionado más y mejores recursos y han permitido crear nuevos tipos de empleo y no es efectivo que éstos se destruirán. Rainer Stack, experto alemán sostiene que la tecnología sustituirá muchos puestos de trabajo, pero también se crearán otros, y los gobiernos debemos anticiparnos a las nuevas demandas de calificaciones y talentos.

—Lo que más inquieta a la gente común es que si no está sindicalizada no recibe los beneficios que negocia el sindicato, lo que de alguna manera los obliga a pertenecer a ellos. ¿Eso no transgrede el derecho a la libertad de asociación?

—Nadie puede alegar o pretender tener los beneficios de quienes no están en el club. Un club negocia un acuerdo y llega a un contrato que firman las partes, pudiendo éstas acordar si extienden o no los beneficios pactados; eso será parte de la negociación, y es uno de los puntos que está en discusión en el TC.

—Planteado así, obliga indirectamente a sindicalizarse.

—¿Sabes qué pasa?, nunca escuché a la derecha oponerse a que el empleador por sí solo pudiera extender los beneficios, sin embargo, ahora atacan que los trabajadores que se afilien gocen de estos. Entonces antes no era inconstitucional que el empleador lo hiciera, pero resulta que ahora lo sería, si la organización lo hace. Extraño, por decir lo menos.

—Muchos se cuestionan si era el momento para una reforma de esta envergadura, cuando se estima que el país crecerá apenas en torno al 1.5 por ciento.

—No podemos enfrentar la discusión señalando que esta ley significará aumento de las remuneraciones y, por tanto, mayor desempleo. Hay que entender que el crecimiento de los salarios va asociado al aumento de productividad, donde hay un compromiso de las partes, donde en épocas difíciles los mismos sindicatos bajan sus planillas para que no haya despidos. Ahora, ¿era el minuto?, es una vieja discusión. Creo que este es el momento para dejar de lado las trincheras.

—¿Por qué lo estima así? Economistas señalan que no era prioritario considerando que siete de cada ocho trabajadores no están sindicalizados.

—Llegamos a esa cifra en Chile porque hubo un cambio en las normativas laborales que hicieron que las relaciones fueran individuales con el trabajador, y el empleador decidía si extendía o no los beneficios que negociaba con el sindicato o grupo negociador. Esa frase de por qué se legisla para unos pocos es mentirosa y mañosa, porque ahora lo que hace el sindicato termina extendiéndose a muchos. Además, se nos olvidan las grandes protestas del 2010, 2011. Desde el 2000 viene generándose una sensación de abuso, de falta de defensa. Pasamos dos tercios de nuestro tiempo en nuestro trabajo, entonces canalizar los espacios de diálogo, de entendimiento, es algo que el país reconoció como necesario. Esta, junto a las otras reformas, es una respuesta a la desconfianza y malestar ciudadano, y una vez que la Presidenta decidió impulsarlas, era muy difícil volver atrás. Estaba su palabra empeñada.

—Aun así, se ve que continúa el malestar a pesar de las reformas.

—Esa es una paradoja, estaba la demanda ciudadana y a la vez la incertidumbre que se generó al no tener nosotros la varita mágica de cómo estos debían ser implementados y comprendidos de inmediato por la gente. Todos hemos aprendido de este proceso, ahora estamos llegando a consensos en distintas materias, aunque hay sectores que siguen resistiéndose. Pero creo que no haber hecho las grandes reformas, era una amenaza para la paz social; se habrían generado procesos contra el sistema que más vale no imaginar.

Dice que lo que viene ahora es salir a explicar las transformaciones realizadas, despejar mitos y las malas interpretaciones que, según ella, se han instalado. Su segundo tiempo como ministra estará abocado al estatuto del temporero agrícola, el fortalecimiento de la Dirección del Trabajo y —junto con ingenieros, técnicos y abogados— conversar con los sectores productivos y sindicatos para que la Reforma Laboral tenga un tránsito de aplicación fluido. Además, se concentrará en todo lo que tiene que ver con el capital humano. “En este mundo globalizado se viene una escasez de mano de obra especializada, por lo que tendremos un desajuste de competencias. En ese sentido llegó el momento en que Chile debe preguntarse ¿qué es lo que queremos hacer como país?, ¿hacia dónde vamos?, y obtenida la respuesta, plantearnos, ¿qué haremos, entonces, como gobierno?, ¿qué harán las empresas para satisfacer ese objetivo? Y ahí la estrategia tiene que estar basada en las personas, en el capital humano, entendiendo que los trabajadores son recursos, no costos, nóminas ni máquinas”.

—Hartos pendientes tiene para dos años que quedan de gobierno.

—Cuatro años es muy poco tiempo. Procesos transformadores como los que hemos vivido requieren un segundo tiempo, consolidación y proyección.

—¿Cree que la gente le dará otra oportunidad a la Nueva Mayoría, considerando el descontento y bajo apoyo en las encuestas?

—Hay una crisis mundial de credibilidad con las instituciones. Chile se ha visto golpeado por las revelaciones de financiamiento de la política, y los hechos denunciados comprometen a un espectro amplio y transversal, que vulneró la fe en sus representantes y en la democracia. Esto nos obliga a que actuemos con decisión, celeridad, transparencia y consecuencia. Eso sí, la crítica se ha quedado sólo en quienes ejercen en lo público, cuando en realidad se arrastra por años en contra de quienes detentan el poder y abusan de éste. Sin embargo, somos el único país que en pocos meses ha reaccionado, con la Comisión Engel, el fin del Binominal, la ley de los partidos, del financiamiento de la política, el nuevo Servel; o sea Chile se hace cargo, instala la agenda contra la colusión y no hemos sabido valorarlo.

—Hay una sensación de que las formalizaciones se han cargado solo para un sector.

—Mal podría yo juzgar al Ministerio Público, a la fiscalía o al Servicio de Impuestos Internos, porque supongo que lo han hecho con los antecedentes que tienen, y ha caído el que ha caído. Me duele ver a conocidos pasarlo mal. Lo que ha ocurrido no es bueno ni sano, pero hay que transparentarlo. En Chile no habíamos querido asumir que el financiamiento de la política era necesario, que debía ser con equidad e igualdad para todos.

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—¿Cómo financiaba sus campañas en tiempos de parlamentaria?

—No tengo fortuna ni soy mujer de riqueza. Pude ser candidata al Senado porque soy sujeto de crédito, a diferencia de otras personas que no tienen cómo financiar una candidatura. Quedé con una deuda de campaña en que debo pagar por siete años, un millón y medio de pesos mensuales (hasta febrero del 2017). La política tiene que ser financiada con equidad por el Estado, porque hasta ahora se hacía igual con la plata de todos los chilenos (rebajando impuestos), sólo que mediante el aporte anónimo de las empresas que decidían a quién le daban, lo que no corresponde, no es equitativo ni justo, ¿por qué a unos sí y a otros no?

—Aunque era una práctica habitual, hasta ahora ningún político ha transparentado el tema.

—Porque es doloroso, complejo. Esto estaba mal hecho, mal diseñado, y tiene que ver con quienes en el pasado decidieron cómo se financiaría la política. Hoy no sólo las leyes son importantes, también las actitudes, el cómo nos comportamos en lo público y privado. Hay que tener valentía y decir “me equivoqué”, y los legisladores de la Nueva Mayoría la han tenido al cambiar las sanciones si no se cumplen las normas de financiamiento y al votar a favor del término del binominal, porque significa que metimos competencia, cambiaron las reglas del juego; ya no tienen garantizado salir reelectos.

—Hace un año anunciaba su retiro de la política, ¿por qué reconsideró esa idea?

—Lo dije en un momento y en un contexto determinado. Me tocó vivir cosas muy duras, con unos egoísmos y egos impresionantes. Hoy estoy abocada a impulsar un desafío de transformación importante y necesario para el país, y eso me tiene muy entusiasmada. Como dijo la Presidenta, terminamos la obra gruesa. En todo caso, no me arrepiento de lo que dije; era lo que sentía. Pero sigo en política, es mi vida.

—¿Vuelve entonces a ser una carta presidenciable disponible?

—Mucha gente me lo pregunta en la calle, lo que me emociona y reconforta el espíritu. La verdad es que mis esfuerzos están centrados en lo que estoy haciendo hoy que para mí tiene todo el sentido, que es colaborar en recomponer las confianzas. No estoy buscando una candidatura presidencial, no al menos en las próximas elecciones presidenciales ni parlamentarias, lo que no significa que después, en las que vengan, no esté. Hay una frase del Dalai Lama que dice: “sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada, uno se llama ayer y otro mañana, por tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y vivir”.

—No desecha la opción entonces.

—Podría ser, pero no para las próximas elecciones. Lo que viene es el recambio generacional y quiero ayudar en ese proceso. Que la ciudadanía se sienta representada por sus instituciones, por sus legisladores, que esos espacios sean copados por nuevos espíritus. Para eso es necesario ganar poder y dar paso a esos nuevos intereses, liderazgos y visiones de futuro. Porque hoy, mientras la elite, la clase política se debate en las reformas y cómo salir de los cuestionamientos, la sociedad ya cambió, va diez pasos más adelante. Tenemos que asumir que las velocidades son distintas y anticiparnos a lo que viene.

—Sin embargo, los nombres que hoy suenan para La Moneda, Lagos, Piñera, Insulza, no son precisamente nuevos.

—Insisto, debemos permitir que los distintos liderazgos florezcan, porque seguir discutiendo sobre la base de los mismos nombres no es bueno para el país ni para la sociedad.

—A propósito de Insulza, ¿fue deslealtad con la Presidenta que se haya manifestado en contra del proceso constituyente?

—Su lapsus claramente no sirve al gobierno, pero luego aclaró que lo que quiso decir fue que el proceso constituyente si no es validado y la gente no participa, no sirve. Me tocó trabajar un año con la Presidenta en este proyecto, sé lo que hay detrás y debiéramos sumarnos todos.

—Pero no deja de tener razón él al decir que cuando un debate se amplía tanto, al final, no llega a ningún puerto.

—Invito a leer la autobiografía de Mandela. En la Constitución que creó por la libertad, todas las personas de ese país multicolor, de distintas tribus, creencia, cultura e ideología, escribieron una palabra. La Presidenta nos ha hecho una invitación a eso, a que sintamos que la Carta Fundamental no sea algo impuesto, sino construido por todos.