Advierte que ha recorrido ya dos veces la Región de los Ríos, con sus doce comunas. Que le fascina la cercanía física con la gente y que sí, que es una experiencia totalmente nueva. Este viejo diplomático y nuevo político, como se retrata, está en plena carrera para convertirse en senador del Partido Socialista por Valdivia. Viaja por los pueblos, habla en reuniones y participa en los Mujerazos, donde ellas le preguntan, lo abrazan y lo hacen saltar arriba de los escenarios en sesiones de aeróbica política. Ahí vive ahora, trabaja con un equipo de seis personas y, además, hace clases de Globalización y Relaciones Internacionales en la Universidad Austral. Viaja a Santiago cada diez días, donde trabaja en RIAL, el Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina, que preside Ricardo Lagos.

—¿Se ha sentido afuerino? Algunos pensarán ¡qué hace este señor Valdés Soublette, este pije con trayectoria internacional, en Valdivia!
—En primer lugar, la gente se acuerda mucho de otro pije, Valdés Subercaseaux, que estuvo 16 años en el Senado representando esa región y se jugó por cada una de esas personas.

—Podrían decir que usted ganará por ser hijo de Gabriel Valdés Subercaseaux.
—Me importa poco. He hecho muchas cosas en mi vida solo, tranquilamente. Tengo mi propia historia y mi voluntad de servir se inspira en buena medida en el servicio que él dio.

—¿Cuánto le pesa la figura de su padre?
—La pregunta debe ser cuánta falta me hace…

—Le pesa porque ha seguido muchos de sus pasos.
—Es verdad, quizá. Tuve una relación muy fácil con él. Fue compleja cuando era un niño de siete años y a los 20. En mi adolescencia vivimos crisis y dificultades, como es normal. Pero me siento muy afortunado de la relación que tuvimos. Cuando había que pelear, peleábamos, nos gritábamos. Pero cada vez fue menos.

—¿Y era por asuntos personales o políticos?
—¡Podíamos agarrarnos porque yo estaba hasta la cabeza con Pavarotti! Alguna vez le dije que hasta cuándo tenían a ese gordo cantando y se armó una pelotera. O yo tenía una opinión sobre una persona y como mi padre de pronto cambiaba de idea —un día un senador era una gran persona y aldía siguiente, un desgraciado— discutíamos. Probablemente soy menos drástico en mis opiniones. El tenía cosas de la sociedad chilena antigua, muchas de ellas muy valiosas. Para mi padre era tanto más importante ser que estar haciendo.

—Algunos sostienen que debió ser presidente en vez de Patricio Aylwin.
—El presidente fue Patricio Aylwin. Lamentable que fuera así, pero no miro para atrás en ese sentido. Una vez Jaime Gazmuri le comentó a mi padre: ‘Los grandes personajes del siglo 19 no fueron nunca presidentes de la República’. Me lo dicen todo el tiempo los taxistas en Valdivia, en Santiago: ‘Quedó como el presidente que no fue’. Es verdad.

 

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No compitió con Frei en las senatoriales —“habría sido inadecuado hacerlo con una figura tan importante”— ni tampoco buscó una diputación mientras su padre era senador por la región. Y, ahora, finalmente da rienda suelta a su aspiración, aunque advierte que “lo de Frei no está claro. Voto en Valdivia desde el ’90, he tenido residencia aquí, mi relación y la de mi familia con mi región es muy antigua, pasa por tres generaciones. Por lo tanto, los afanes de algunos compañeros de decirme que no soy de ahí me parece, a estas alturas, un poquito majadero”.

Valdés ha sido canciller, embajador de Chile en España, Argentina y Naciones Unidas, y representante especial del secretario general de Naciones Unidas como cabeza de la Misión de Estabilizacion de Haití (Minustah). Obtuvo una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Essex, Inglaterra, e hizo un doctorado en Ciencias Políticas de la U. de Princeton, Estados Unidos. En 1976 trabajó en el Institute for Policy Studies de Washington como investigador ayudante de Orlando Letelier. Escapó de la muerte por milagro. Ese mismo año se radicó en México. Volvió a Chile en 1982. Hoy tiene 65 años, está casado con Antonia Echenique, tienen cuatro hijos y seis nietos.

—¿Cómo ha sido cambiar Madrid, Nueva York, Buenos Aires por Futrono, Valdivia, Paillaco?
—Nada fácil, pero una maravilla. Es un mundo donde los problemas están a flor de piel y uno se conmueve con la situación de las personas abandonadas, con la mujer que maneja sola una familia, con los que dicen ‘llámeme usted porque yo no tengo tarjeta para el teléfono’, los que están en un cuadro permanente de precariedad y, al mismo tiempo, ¡viviendo en uno de los lugares más bellos del mundo, como la Región de los Ríos!…

—Ellos no votarán por usted dada su trayectoria internacional.
—Claro. No tiene por qué interesarle mi experiencia en Haití ni en el Consejo de Seguridad ni como negociador comercial de Chile o como representante en distintas partes. Tengo que persuadir con que mi recorrido puede ser útil para que esa región se transforme en una estrella de Chile y no en un dolor, como sucede ahora. Y ocurre cuando mi presidenta vuelve y tengo la impresión de que ella requiere gente con experiencia, de mucha lealtad, en el Senado. Soy un convencido de que Bachelet será nuestra próxima mandataria.

—Habla como si ella ya hubiese ganado…
—No será así sólo si cometemos una enorme cantidad de errores… El afecto de la gente por Michelle Bachelet es abrumador, y uno lo percibe mucho más en regiones. No digo que la elección no será competitiva pero las condiciones de partida son muy positivas.

—La Concertación ha demostrado que sabe cometer errores…
—Claro, pero también aciertos. Y por años ha logrado sobreponerse pese a los malos augurios de la Alianza. Es básica para armar esa oposición en la cual veo al Partido Comunista, al MAS y a otros grupos más cercanos al centro liberal.

“El binominal es una obscenidad”, dice Valdés, quien irá a primarias aunque cree que son “un invento que no está en la cultura chilena”, y que han tenido éxito porque se levantan como un paliativo para el binominal, “hecho para que perdamos quienes desafiamos a los que se sienten propietarios del cargo”.
—¿No es un contrasentido que vaya a una elección y a primarias si reconoce todas esas restricciones del sistema?
—Sí, pero creo que más importante que observar es intentar mejorar este cuadro desde dentro y dar a Michelle Bachelet un apoyo mayoritario en el Parlamento.

—¿Es el heredero político de su padre?
—No, porque a los herederos no les toca competir. Y yo estoy en una competencia feroz en la cual he sido maltratado por algunos cercanos. Pero es la política, no me quejo.

—¿De quiénes es el mal trato?
—Algunos me han dicho que tengo poco que hacer ahí. No me ven como aporte sino como amenaza. Eso marca, sobre todo cuando viene de gente del partido de uno.

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—¿Cuál ha sido el apoyo del PS?
—La directiva nacional me ha garantizado que participaré en las primarias…

—¿Qué lo ha sorprendido del mandato de Piñera?

—Los ministros políticos. Han sido los mejores. Longueira, Chadwick, con oficio.

—¿Está satisfecho con el papel de la Concertación como bloque opositor?
—Pasó un tiempo muy perdida porque la derrota le produjo una sensación de desconcierto. Sin embargo, está recuperada; le falta poner en papel aquello que ya todos percibimos como una necesidad. Después de 20 años, pudo mirar y valorar lo hecho. Uno de sus méritos ha sido develar una sociedad civil que surge con gran capacidad de reclamo y que supera a los partidos.

—Las elecciones municipales tuvieron alta abstención electoral…

—Estoy muy descontento con los bajos niveles de participación, pero ésa es otra historia. La Concertación está reconociendo un país nuevo que se estructuró a partir de las transformaciones que ella misma hizo. Ahí Bachelet, estoy cierto, tiene una percepción distinta después de haber estado cuatro años en Naciones Unidas.

—La gente tampoco la elegirá por su exitosa gestión en la ONU…
—Efectivamente, los chilenos quieren un estilo de conducción política, una forma transparente de actuar, cercanía con las personas, gran sabiduría política. Pero su experiencia internacional le agrega un valor enorme a la lectura que hará del país y a las propuestas que traerá a la Concertación y a la oposición.

—Si ella, como presidenta, le ofreciera un cargo gubernamental, ¿aceptaría?

—Si llego a senador, estaré ahí los ocho años. La práctica de pedirle a parlamentarios que pasen al gobierno no me parece correcta.

—¿Qué piensa de las acusaciones a Bachelet por levantar la alerta de tsunami en 2010?
—Nunca imaginé que el gobierno entraría directamente en la manipulación del terremoto como arma política contra ella. ¡Es una vergüenza que se dará vuelta contra ellos! Todos sabemos qué pasó: el Shoah de la Armada indujo a error a las autoridades políticas al señalar una y otra vez que no debía declararse la alerta. Más grosero aún me parece que Allamand, que sabe de qué hablo, pretenda subirse al podio de la hipocresía. No tendrán éxito.

—Usted dijo en Tolerancia Cero que si Bachelet no viene existen serias posibilidades de otro gobierno aliancista. ¿Es ella o el diluvio?

—Como están las cosas, se aproxima a eso. Pero no tengo duda de que ella aceptará el llamado.

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—¿Y cómo evalúa en términos de costo/beneficio el férreo silencio de ella?

—Lo del ‘férreo silencio de Bachelet’ es una alharaca de La Moneda y las cuatro cuadras que la rodean. La gente del país entiende que está en un cargo internacional de primera importancia que no le permite referirse a la política de su país, pero sobre todo, que dijo que hablaría en marzo. La gente está feliz porque piensan —como yo— que eso quiere decir que aceptará la candidatura.

—¿Qué opina de Allamand como candidato?

—Tiene experiencia política. Lo conozco hace años, le tengo afecto, pero discrepo con él en que es el gran liberal que de un momento se transforma en un ultraconservador minutos después. Sin dudar de su vocación democrática, de repente le sale una veta nacionalista, a lo Onofre Jarpa.

—¿Es mejor que Golborne?

—No lo sé. Es muy sorprendente que la UDI de pronto tome una decisión en la cual ninguno de sus principios básicos, salvo el libre mercado y la postura neoliberal, se reconocen en su candidato. Demuestra los niveles de deterioro de los partidos.

—¿Qué rol debe jugar Ricardo Lagos en este año electoral?

—Siempre he pensado que es el mejor presidente que ha tenido Chile por capacidad, misión, sentido de nación, de futuro. Es un factor de prestigio en el mundo y de tal manera alerta a lo que sucede que su aporte intelectual resulta insustituible. Tiene un compromiso inclaudicable con el país y, por tanto, sigue planteando temas aunque duelan.n