Y al escuchar la respuesta, quizás enfureció: en menos de dos meses Holanda tendrá una reina nacida y criada en Buenos Aires. Una plebeya, igual que Cristina, que también ama la Patagonia, el bife de chorizo y los tangos de Piazzolla.

“La mejor de todas”. Etimológicamente hablando, el destino de Máxima Zorreguieta estaba escrito desde el día en que nació. Criada en Barrio Norte junto a sus padres y sus tres hermanos menores, estudió Economía, trabajó en Nueva York y en Bruselas, hasta que a través de una amiga en común conoció al príncipe Guillermo Alejandro, heredero de la corona holandesa. Se enamoraron, se casaron y tuvieron tres hijas rubias como él, pero con ojos café, como ella.
Si fuese una historia de ficción, seguramente sería un best seller. Pero cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia…

MÁXIMA Y CRISTINA TIENEN MUCHO EN COMÚN. A las dos les gusta la moda, saben elegir diseños que disimulan sus curvas latinas y no ocultan las anchas pantorrillas. Sus looks siempre dan que hablar. La presidenta argentina jamás repite tenida y, dicen, sólo utiliza modelos originales de modistos internacionales. A la futura reina, en cambio, más ecléctica, no le preocupa usarla dos o más veces. En su última gira por Asia se la vio con el mismo vestido largo de seda bordado con cristales que se puso en 2011, para la apertura de las sesiones del Parlamento.
Otro gusto que comparten es el amor por las provincias del sur argentino. Cristina tiene miles de hectáreas en El Calafate, Máxima prefiere Villa la Angostura. Allí vive y trabaja Martín, su único hermano hombre, un chef al que no le gusta dar entrevistas, tal como a los Kirchner. La diferencia es que él siempre sonríe frente a las cámaras. No ‘ladra’ ni huye, como suelen hacer los parientes de la mandataria.

LAS DOS SON MILLONARIAS. La monarquía holandesa es la más rica de Europa, y Kirchner, antes de morir, ostentaba el mayor patrimonio de los ex presidentes.
¿Las últimas inversiones de cada una? La futura reina y su marido acaban de comprar una villa en Kranidi, el Peloponeso griego, por 4,5 millones de euros. La mandataria argentina fue un poco más austera: según La Nación, gastó 3 millones de dólares en dos departamentos y ocho cocheras en Puerto Madero.
Pero más allá de las semejanzas, el principal punto de encuentro de las dos mujeres es el carisma. Máxima y Cristina atraen a las masas cada vez que realizan una aparición pública.

Según las encuestas, en los últimos diez años la futura reina se ha convertido en la más amada por los holandeses. Incluso más que su suegra. Con Cristina la cosa es distinta: su popularidad baja al mismo ritmo que crece el fanatismo por su persona, casi como si se tratara de un mito viviente frente al cual no existen los matices. Según Clarín (señalado por el mismo gobierno como un medio opositor), en 2012 la mandataria contaba con un 30 por ciento de aceptación. Menos de la mitad de la que gozaba en 2011. Pero cada vez que se organiza un acto público el lugar se llena de gente que la aclama.

Si Cristina fuese la madrastra del cuento de los hermanos Grimm, el papel de Máxima obviamente sería el de Blancanieves. En su historia no hubo enanos ni cazadores, pero sí un príncipe vestido con uniforme militar que la rescató de su caja de cristal y la llevó a vivir al palacio. De eso han pasado 12 años (dos menos de los que Fernández lleva viviendo en la Casa de Gobierno argentino) y todo ha sido o se ve como auténtico libro de hadas.
Las princesitas Catharina-Amalia Beatrix Carmen Victoria, Alexia Juliana Marcela Laurentien y Ariane Wilhelmina Máxima Inés tienen la piel blanca como su papá, el futuro rey de Holanda, pero hablan español con acento argentino. Es que a pesar de que varios medios insisten en que su mamá ha intentado “amputar” las raíces latinas desde el momento de su boda, lo cierto es que la nana que cuida a sus hijas nació en Santiago del Estero (a 1.049 km de Buenos Aires, hacia el norte). Más aún: ése habría sido el principal motivo de su contratación.

LOS HIJOS DE CRISTINA SE CRIARON COMO REYES… SIN TENER LINAJE. Florencia, la menor del clan, el 14 de abril de 2010 usó el avión presidencial para volar desde la Capital Federal hacia Río Gallegos al cumpleaños de una amiga. Fue la única pasajera y hasta se inició una causa judicial por malversación de fondos públicos por aquella ‘aventura’. Algo impensado para los Zorreguieta. A Jorge, el padre de Máxima, el mismo que no pudo asistir al matrimonio real por tener vínculos con el gobierno militar de Jorge Rafael Videla, lo fotografiaron arriba de una micro el día después de la abdicación de la reina Beatriz.

Más allá de las similitudes y diferencias, lo concreto es que en dos meses Máxima será reina. Un cargo que podría ejercer de manera vitalicia. Cristina, en cambio, tiene los días contados. A menos que modifique la Constitución y vuelva a ganar las elecciones, en tres años más dejará de ser la jefa del Ejecutivo y se transformará en una humilde ciudadana… Humilde tal vez no, pero plebeya sí y sin vuelta.