Cuando Homero llegó de su odisea vestido de mendigo, el único que lo reconoció fue Argos, su perro. Antes de morir, y lleno de garrapatas, le movió la cola a quien había sido su amo y guardián. Ya en la antigua Grecia la relación entre los perros y los humanos llamaba la atención; ya sea como la antítesis de lo humano, como representación de lo bestial o como símbolo de la lealtad, los perros han encontrado su lugar dentro de la literatura.

Es este lugar el que se indaga en El mundo de los perros y la literatura, que publicó el académico Bernardo Subercaseaux junto a otros dos investigadores. El libro contiene una serie de ensayos que repasan la participación de los perros en el imaginario literario, desde Grecia, pasando por la historia de Occidente y del continente americano. 

El texto nació como parte del mundo que rodeaba a Subercaseaux cuando era vicedecano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile y administrador del campus Juan Gómez Millas. Como en otras universidades públicas, los perros vagos eran parte del paisaje diario, pero también un problema. Acompañaban a los estudiantes y de igual forma los mordían al caer la noche. Eran portadores de enfermedades y podían calificarse como plaga. Pero ante las dos soluciones, matar o convivir, Subercaseaux se inclinó por lo segundo.

De su acercamiento a los canes nació también el interés. La investigación pone la lupa ahí donde los perros representan algo más que una mascota o una compañía. Los perros, tan cercanos al hombre, dan cuenta de una relación de necesidad mutua que no se da con otros animales domesticados. Ahí donde aparece el perro, aparece el reflejo de lo humano en un espejo negro: por un lado muerden, olfatean, se mueven por instinto; al mismo tiempo, son leales, buenos compañeros, se entregan por comida y abrigo. La investigación de Subercaseaux encuentra esta dualidad en la obra de Cervantes quien inicia la literatura perruna donde se tematiza la condición humana y la condición animal. Luego se retomará con Jack London, Mario Vargas Llosa con su obra monumental La ciudad y los perros, pasando por Fernando Vallejo y Mario Bellatin.

Así, la investigación se vuelve sobre ese personaje perruno que, en la literatura, siempre anuncia algo más que su animalidad. Mal que mal, de tanta cercanía, algo han aprendido los humanos de los perros, y algo los perros han imitado de los humanos.