Son curiosas, por decirlo de alguna forma, las reacciones en Chile a lo que ocurre en Venezuela. Porque -guardando proporciones y limitándonos a aspectos puntuales- lo que está pasando en la república bolivariana no está tan lejos de lo de Ucrania, Corea del Norte, China o en su momento Irak, Afganistán o casi cualquiera de esas repúblicas-ex-soviéticas-terminadas-en-tan.

¿Qué pasa, entonces? ¿Por qué a diferencia de otros casos, aquí corren a opinar y a sacar declaraciones desde los partidos políticos a las federaciones de estudiantes, pasando por el peatón común y silvestre que habitualmente no tiene mucho interés por lo que pasa fuera de nuestras fronteras?

Jugando por un rato a ser Navia Duck, creo que pesa mucho la cercanía -geográfica, idiomática, latinoamericanista si se quiere- que nos acerca a los venezolanos mucho más de lo que podremos estar nunca de, digamos, los kazajos. ¿Conoce usted algún kazajo? Ya me parecía. Yo tampoco. Pero también, y más importante, creo que la proyección ideológica es muy fuerte. ¿Qué es eso de la FECH acusando golpes de estado, conspiraciones internacionales y demases? Ellos, que llevan años marchando por sus demandas, desacreditan y denostan las marchas de estudiantes en Venezuela. Es raro, salvo que uno lo explique en el anhelo de tener en Chile un gobierno como el de Maduro.

Tan raro como la UDI, o parte de ella, defendiendo a ultranza la libertad de expresión y el derecho a manifestarse en las calles. Resulta que ahora son los paladines de la libertad, los defensores del pueblo contra la opresión del Estado. Está bien, podrá haber alguno que haya cambiado de opinión -ese también es un derecho- pero hay que tener un poco de pudor. Y no hablo del evidente y burdo conflicto con la defensa de Pinochet, sino con sus mucho más recientes críticas a las marchas estudiantiles.

Lo que está pasando, creo, es que izquierda y derecha -Nueva Mayoría y Alianza, en el nuevo lenguaje que dice lo mismo de siempre- buscan validar sus posturas en lo que pasa en Venezuela. No es que los venezolanos vayan siquiera a escuchar lo que dicen, pero ambos bandos sueñan con que su visión se imponga en las tierras del Puma. Es una especie de laboratorio ideológico flotando sobre petróleo.

Esta situación se presta mucho para el empate, es cierto. Para el “si no defendiste la libertad de expresión antes, no lo hagas ahora”, “si defendiste tu derecho a marchar, respeta el de los venezolanos” y todo eso. Lo acabo de hacer, no con el fin de buscar un empate, sino para ir a otro punto. Lo que pasa, en resumen, es que es fácil opinar desde afuera. Yo lo estoy haciendo, sin ir más lejos, y les aseguro que no cuesta tanto.

Pero creo que en estas ocasiones más vale guardar la compostura, entender que la realidad venezolana es compleja y diferente de la nuestra, y no proyectar en ellos nuestros propios traumas históricos recientes. Porque al final eso es todo. El capitalismo salvaje contra el paraíso socialista. O la máquina del Estado socialista todopoderoso contra la maravilla del neoliberalismo. La UP contra los militares, Allende y Pinochet, la libertad latinoamericana contra el imperialismo yanqui, y así hasta el infinito, porque conceptualizaciones y modelos prearmados tenemos de sobra.

Mi postura en temas de política internacional, o más bien en conflictos que suceden en otras partes, es la antiquísima y sabía doctrina de “ellos sabrán”. ¿Eligieron a Chávez? Ellos sabrán. ¿Eligieron a su delfín Maduro? Ellos sabrán. ¿Ahora ya no lo quieren? Ellos sabrán cómo salir, estoy seguro. Que no parezca, por favor, que avalo asesinatos de cualquiera de los dos bandos, ni que me parece bien lo que está pasando. Lo condeno (enérgicamente, desde una silla mirando al mar), pero bueno… ellos sabrán. Así como nosotros supimos, sabemos y seguiremos sabiendo siempre lo que hacemos como país, ¿no? ¿No? ¿¿NO?? Bueno, mal ejemplo. A ver si para la próxima encuentro uno mejor.

Comentarios

comentarios