“Amigo, ¿usted sabe dónde está la embajada de Venezuela? Me dijeron que era por aquí…”. La frase se repite a diario a la salida de la estación Inés de Suárez del metro de Santiago, hasta donde llegan numerosos ciudadanos venezolanos para tramitar algún documento en la representación diplomática de su país ubicada en calle Bustos, a pocas cuadras de la plaza Pedro de Valdivia. El más solicitado es el certificado de antecedentes penales, requerido para regularizar su situación migratoria en Chile y postular a un trabajo.

El mismo documento por el cual, desde fines de julio, la embajada comenzó a cobrar 50 dólares; una cifra que, por cierto, no todos los solicitantes pueden pagar. Hace ya varios años que Chile se convirtió en uno de los destinos más atractivos para la migración venezolana, al igual con Colombia, Ecuador y Perú. La estabilidad política y económica, sumada al tema de la seguridad, fue lo que —en gran medida— hizo que el año pasado ingresaran a nuestro país un total de 177.347 venezolanos y este año, solo entre enero y julio, la cifra ya alcanza 147.429. Sin embargo, el éxodo venezolano también ha alcanzado varios otros países, como lo constata la Organización Internacional de Migraciones dependiente de Naciones Unidas: Estados Unidos ya ha recibido 290.000, México 32.500, Panamá suma 36.000, Ecuador casi 40.000, Brasil llega a los 35.000, Argentina poco más de 57.000 y España cerca de 208.000, entre otros. Colombia, en su calidad de país vecino, registra oficialmente 600.000 venezolanos, pero la cifra podría llegar a un millón.

De acuerdo a la ONU, un total de 2.3 millones de personas han abandonado Venezuela en los últimos años (principalmente desde 2015), huyendo de la peor crisis económica de su historia reciente. Una cruel ironía, considerando que se trata de uno de los países con mayores reservas de petróleo del mundo: 300.000 millones de barriles según la Energy Information Administration, superando las de Arabia Saudita y Rusia, por ejemplo. Pero al mismo tiempo es el país que tiene la mayor inflación del mundo, con una proyección que el FMI estima podría llegar a 1.000.000% a fines este año. A eso se agregan incontrolables problemas de seguridad y un grave desabastecimiento de alimentos, medicinas y productos básicos. Medidas desesperadas La migración venezolana es un proceso que comenzó antes de la actual crisis, lo que ha definido dinámicas y procesos diferentes, dependiendo de quiénes y cuándo fueron tomando la decisión de dejar el país. Por eso, en opinión de Dany Bahar, analista especializado en temas económicos y de migración en la Brookings Institution, en Washington D.C., la migración venezolana se puede entender por etapas.

0000227588

“Los datos son muy escasos, pero aquellos venezolanos que salieron después de que Chávez llegó al gobierno (1999), en especial entre 2012 y 2015, fueron aquellos con mayores recursos, lo que les permitió llegar a destinos más lejanos como Estados Unidos, España o México. Esto corresponde a los años previos a la profundización de la actual crisis humanitaria”, explica. Bahar destaca que la emigración más reciente, la ocurrida a partir de 2014-2015 —“y que se acentuó de manera más dramática en 2017 y 2018”—, a diferencia de la primera etapa ahora es masiva: “Por lo general las personas con menor poder adquisitivo no migran tanto, precisamente porque no tienen un capital suficiente para usar en caso de emergencia. Y eso demuestra lo desesperados que están por salir del país, incluso sin ningún tipo de recursos”.

Efectivamente, los venezolanos hoy están saliendo de su país por cualquier medio. La mayoría lo hace usando buses en viajes que pueden durar hasta una semana. Otros, simplemente han optado por cruzar la frontera a pie, sin claridad alguna sobre su destino ni sobre el lugar donde encontrarán refugio. Para Francisca Vigaud-Walsh, defensora senior de mujeres y niñas desplazadas de la organización humanitaria independiente Refugees International (con base en Washington y Nueva York), el alcance de la crisis va más allá del ámbito estrictamente migratorio. “Hemos visto personas huyendo de Venezuela hacia varios países, por lo que perfectamente calificarían como refugiados según la definición de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados”, afirma la experta. “Y con mayor frecuencia, las personas que están huyendo a países vecinos lo hacen escapando de un colapso total de servicios básicos y de la violencia generalizada que se vive en Venezuela. No obstante, independientemente de los motivos de su huida, hay que reconocer que estas personas ameritan una protección internacional conforme con la Declaración de Cartagena sobre Refugiados de 1984”. Incierto futuro El punto es que la migración venezolana —de un país de 32 millones de habitantes— ha empezado a repercutir en la región, al punto que varios países comenzaron a tomar medidas fronterizas y administrativas para contrarrestar las facilidades que encuentran los venezolanos para cruzar la frontera hacia países como Colombia, Perú o Ecuador solo con su cédula de identidad.

En el caso de Chile, desde abril pasado rige la Visa de Responsabilidad Democrática, que considera un permiso de residencia temporal de un año, prorrogable por una vez y que debe solicitarse en la representación consular chilena en Venezuela. Ecuador, por su parte, en agosto comenzó a exigir pasaporte a todos los venezolanos que pretendan cruzar por su territorio, aunque la medida fue rápidamente revocada por la Defensoría del Pueblo de este país. Poco después, Perú también estableció la exigencia de pasaporte. Y hace pocos días el presidente de Brasil, Michel Temer, ordenó desplegar a las Fuerzas Armadas en la frontera con Venezuela, luego de violentos choques entre brasileños e inmigrantes de ese país. En ese escenario, no hay que perder de vista que hoy no es fácil obtener un pasaporte en Venezuela. ¿La razón? Las autoridades no están entregando documentos nuevos porque no hay materiales para fabricarlos, de modo que solo están renovando los que ya existen. Y frente a eso, ya han surgido mafias que cobran entre 800 y 2.500 dólares a gente desesperada por salir del país. ¿Qué se puede esperar a futuro? “No hay ningún indicio de que las cosas vayan a mejorar en el corto o mediano plazo. Los anuncios económicos de Maduro no resuelven para nada los problemas que están originando esta ola migratoria y que es, básicamente, la crisis humanitaria más grande del continente”, sostiene Dany Bahar. “Eso hace que sea factible que dentro de un año salga otro millón de venezolanos o más”.