Cuando la calle duerme, ellos se levantan. Toman su mochila, sus sprays blancos, unas plantillas milimétricamente preparadas y salen a recorrer la ciudad con un objetivo específico: humanizarla. 

En un principio actuaban a plena luz del día, se vestían de obreros y salían a pintar los muros grises inutilizados, pero el trabajar al margen de los permisos les ha traído millonarias multas que hoy prefieren evitar.

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Su última aparición con el proyecto “Madrid, te comería a versos” —voluntario y sin fines de lucro— ha inundado las redes sociales. Se trata de frases con tipografía sencilla que se mezclaron en los pasos de cebra de la capital española. “Mi más sentido bésame”, “Perdona rápido, agradece lento”, “No hay imposibles, sino improbables”, “Te comería a versos…” y así hasta 22 frases en el suelo de las calles más emblemáticas del centro de Madrid. El contenido corresponde a partes de canciones del músico Leiva y del rapero Rayden y el trabajo —aunque no han querido confirmarlo— evidentemente es de Boa Mistura

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Cinco cabezas, diez manos y un solo corazón. Javier Serrano, Juan Jaume Fernández, Pablo Ferreiro, Pablo Purón y Rubén Martín de Lucas tenían quince años cuando se conocieron pintando las paredes del barrio madrileño Alameda de Osuna. “En lugar de juntarnos a jugar fútbol nos relacionábamos pintando”. Con el tiempo, sus callejuelas y pasajes de infancia les quedaron pequeños y el grupo de amigos quiso ir más allá. Fue así como formaron un equipo multidisciplinario con raíces en el graffiti que se establecería con nombre y fecha de nacimiento. 

Boa Mistura, o “buena mezcla” en portugués, fue como bautizaron al movimiento que nació en 2001. “El nombre resultó premonitorio, porque hoy cada uno tiene formaciones universitarias que se complementan perfectamente: arquitectura, bellas artes, diseño gráfico, ilustración e ingeniería de caminos”. Para estos profesionales, algo que comenzó como un pasatiempo se fue transformando en un trabajo de tiempo completo, cuentan con un estudio en el centro de Madrid y se dedican 24/7 a él.

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Motivados por la acción de humanizar la ciudad y hacer del espacio público un lugar de interacción, Boa Mistura busca agitar a las personas en la calle. “Como artistas urbanos creemos que tenemos un compromiso importante con lo que hacemos. Nuestro trabajo está en la calle, a la vista de todo el mundo. El diálogo es directo con el espectador y si lo que propones es negativo, influirá de forma negativa en las personas que lo vean”.

La calle, el barrio, la cultura local. La inspiración viene del espacio específico que van a intervenir y la idea es que cada proyecto sea hecho a la medida porque “no tendría sentido de otra manera”. El trabajo de Boa Mistura es fruto de la decodificación de las costumbres y maneras de vivir de cada lugar. Esto se puede traducir en imágenes, en colores o en palabras. “Para nosotros la palabra tiene una fuerza especial, es como un puñetazo, algo directo y que todo el mundo entiende”, cuenta el grupo desde Lima. Escriben en el idioma de cada lugar y las frases solo tienen sentido en el sitio en donde están plasmadas. “Nadie puede llevarse las paredes y meterlas en una galería y en la calle se produce el contacto directo con el espectador, sin segregación alguna”, explican. 

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Hoy  su colorido estilo se encuentra en ciudades de todo el mundo, desde favelas brasileñas hasta la musulmana Casbah de Argel. Entre sus últimos trabajos están la intervención en las ruinas bombardeadas de Belgrano y el diseño de la portada del nuevo disco de Santana.

La última acción ya se está convirtiendo en viral en las redes sociales y pese a la negativa de Boa Mistura, no cabe duda sobre su autoría. Como ellos mismos dicen: “¡Somos más de pedir perdón que de pedir permiso!”.

Pero esto no es nuevo. Fue en 1996 cuando en Monterrey, al norte de México, el poeta Armando Alanis, preocupado por la poca lectura de poesías e inspirado en la ciudad, decidió llevar los versos a lugares más visibles para que lo apreciaran más personas. Bajo el lema “sin poesía no hay ciudad” nació Acción Poética Oficial, un trabajo que consiste básicamente en intervenir muros de las ciudades —cedidos por sus dueños o municipios— con una especie de graffiti poético. Los artistas–poetas son anónimos y las pintadas se firman con el nombre del movimiento, de esta manera se crea un sentido de pertenencia pleno para todo aquel que quiera formar parte del mismo. 

“Quise aprovechar los espacios urbanos para así mejorar un poco la rutina del automovilista y del peatón”, explica Alanis, quien además es autor de veinte libros de poemas. La idea es que aquellos transeúntes distraídos se vean empapados en su cotidianidad por estas frases. “Si leemos poesía habitualmente seremos mejores personas, mejores ciudadanos”, asegura el creador de Acción Poética Oficial.

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Aunque la idea principal siempre fue difundir poesía, se terminó convirtiendo además en un proyecto de promoción de valores, una instancia para homenajear a grandes autores —hoy es el turno de Octavio Paz por su centenario— y también como una forma de prevenir el delito y la violencia en México. 

Pero como todo movimiento artístico-literario tiene sus reglas: se escriben no más de ocho palabras y se pintan letras de imprenta mayúscula negras sobre un fondo blanco. Las frases —siempre optimistas— pertenecen a fragmentos de obras literarias, canciones y versos de amor o reflexión. Y el secreto fundamental está en no vincularlas con ninguna religión ni bandera política. 

Las creaciones pueden ser apreciadas principalmente en algunos muros del área metropolitana de Monterrey, pero desde hace algunos años la iniciativa ha traspasado las fronteras mexicanas y se puede observar este movimiento en más de setenta ciudades mexicanas, en toda Latinoamérica y en países de Europa y Africa. 

Chile ya tiene su versión particular de Acción Poética. Maipú, Macul, La Granja, La Reina, La Florida, Peñaflor y Colina son algunas de las comunas inundadas con estos versos. Como no es un movimiento centralizado, ha llegado a regiones. En Los Ángeles, Pichilemu y La Ligua, por ejemplo, también es posible ver estos rayados que ya son reconocidos por los locales, aunque Alanis reconoce que cuando se acercó a tocarle el timbre a Nicanor Parra en su casa de Las Cruces el antipoeta no le abrió la puerta. Pero él no se rindió. El movimiento se expandió de todos modos y aunque pocos saben de su origen y autor, cada vez se hace más conocido en nuestro país. 

Armando Alanis ve con gran valor esta propagación: “Estoy felizmente asustado, es un honor y un gran compromiso ver que una idea se difunda e inspire a tanta gente porque debe haber poesía en todos nuestros actos, debemos ser seres poéticos”.