Por Marcela Corvalán

Given un boom. Hacerse las manos ya no es una moda, sino una necesidad. La variedad de productos y lugares para la manicure abundan. La gracia eso sí es atreverse. Aplicar colores. Para las audaces están los esmaltes con diseños y los magnéticos con partículas metálicas.

Lo que alguna vez fue un signo de frivolidad ahora es señal de preocupación personal, parte de la rutina básica. Y también puede ser un panorama, para ir en pareja o con las hijas.
Hoy, la oferta de servicios de manicure va desde cadenas especializadas hasta módulos express en los centros comerciales, pasando por las peluquerías tradicionales.

Las uñas son cada vez más pequeñas obras de arte, una tela en blanco donde la mujer refleja sus gustos y personalidad. La variedad de productos disponible ayuda. Desde el esmalte tradicional de un color hasta los magnéticos, que incorporan partículas metálicas que forman un diseño cuando se les acerca un imán. También está el craquelado, las pegatinas y el esmalte seco, en sus versiones caseras y profesionales.
Si el problema de fondo es el tiempo, los esmaltes permanentes mantienen las manos impecables por tres semanas. Algunos se aplican en una capa delgada y se curan con luz UV. Para retirarlo, a diferencia de geles coloreados, no es necesario limar. Otros vienen en cintas que se pegan sobre la uña y se adhieren con la aplicación de calor. Permiten salir con unas manos de pasarela en minutos, duran dos semanas y ofrecen una variedad de diseños. Si no hay tiempo, los esmaltes autoadhesivos caseros  aseguran un resultado impecable rápidamente, incluso sobre esmalte, aunque la duración no es la misma.
Ximena Schaymann, dueña de la importadora que representa a Konad y Minx, cuenta que cuando trajo los primeros productos de nail art al país todos le dijeron que no iba a resultar, que las chilenas eran demasiado convencionales, pero vendió todo. Eso fue en 2003, y desde entonces el mercado no para.

El gerente general de manicure.cl, Bruno Sergiani, concuerda en que el crecimiento del negocio ha sido explosivo. Sus ventas aumentan al menos 20 por ciento anual y se espera que sigan así otros cinco años. Las perspectivas son buenas porque en la actualidad no más de ocho por ciento de las chilenas va a un salón a hacerse las manos, muy por debajo del 28 por ciento de las colombianas y el 35 por ciento de las venezolanas.
Algunas empresas del rubro han surgido por el buen ojo de personas que vivieron en el extranjero y vieron un potencial nicho comercial. Crearon la necesidad y abrieron un mercado para sus servicios, en sus versiones tradicional y express. En los últimos años, además, un flujo creciente de inmigrantes se ha traducido en un aumento de la popularidad de la manicure y le han puesto color.

Pilar Larraín, dueña de Amano, ha vivido la explosión. Comenta que la demanda actual también es mayor. Cuando partió hace seis años la pedicure era un servicio de verano y eran pocas las que lo pedían en invierno. Hoy, están cada vez más parejos. Los hombres le han perdido el miedo: casi 10 por ciento de la clientela es masculina, en especial dentistas, médicos, abogados, que saben que la presentación y salud de sus manos es fundamental en su profesión. Si al principio buscaban el sillón más escondido del local, ahora no es tema y se instalan adelante sin problemas. ¿Sus servicios? Manicure completa (obviamente, sin esmalte), exfoliación e hidratación.

EN LAS TENDENCIAS impera la manicure permanente, en sus versiones francesa y en colores, que dura dos semanas completas y que está desplazando a las uñas acrílicas y de gel. Se ve más natural y es menos agresiva con la uña. Y lo que viene en colores —para las más jovencitas— son los fluorescentes: naranjos, amarillos, verdes. Mejor si se pintan un dedo de cada color.
Para las más grandes, los tonos ‘barro’, café con un tinte terroso, y los grises están muy de moda. También los inmortales rojos fuertes, rojo sangre o burdeos. Para el verano, los colores se avivan: el rojo se hace frambuesa o frutilla.
Pilar Larraín dice que las niñitas hasta los 12 años piden mucho manicure con florcitas, pero que el diseño no ha entrado tanto en Chile como en otros países (Brasil y México). Acá las mujeres se atreven más con los colores. El craquelado ha funcionado porque forma parte del color.
¿Cómo saber si el servicio es bueno? La duración es clave. Una manicure bien hecha debe durar una semana, sin que se rompan las cutículas y sin que la uña quede resentida. Hay que aplicar una buena base y jamás el esmalte directo a la uña. La exfoliación debe ser una rutina semanal, lo mismo que la aplicación de calcio. La hidratación es diaria.

La demanda por servicios más sofisticados ha ido a la par con la preocupación por la salud. La uña es porosa y si se aplica un producto en las manos durante años debe ser lo más inocuo posible. Hay que leer las etiquetas y ver si está libre de tolueno y formaldehido. Un buen esmalte es cremoso, no líquido, y ¡jamás! debe dejar las uñas teñidas o manchadas.

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