La última semana de abril conocí finalmente Panamá. Invitó Kenneth Cole a celebrar los 10 años de la firma en Latinoamérica, incluyendo una entrevista con el diseñador.

La agenda permitió compartir un día martes entero con el neoyorquino. Salimos del hotel a un cuarto para las ocho de la mañana hacia la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA).

Estuvimos juntos hasta cerca de las 10 de la noche.
En el auditorio tipo aula magna, Kenneth Cole, de polera y camisa, con una chaqueta azul marina oscura, cuenta su historia delante de los estudiantes: “Usé mi nombre como marca porque era más fácil registrarlo”. Son historias entretenidas, y él está lleno de dichos y aforismos. “Comprométete con lo que haces, y hazlo bien”. Dice cosas sencillas, llenas de sentido común, como eso de que es relativo que un par de zapatos sea caro: “puedes comprar zapatos por un dólar, pero si no los usas te salieron caros”.
“Repensamos lo que hacemos todo el tiempo; no porque lo hicimos la semana pasada, y resultó, tenemos que hacerlo de nuevo esta semana”.
Llama la atención que muchísimos (también hay colegiales) entienden inglés y se ríen con los chistes, que abundan en el discurso del diseñador neoyorquino.

Al final del día los periodistas latinoamericanos -venidos de Perú, El Salvador, República Dominicana, Bolivia, Venezuela, Colombia- ya nos habíamos dado cuenta de que Cole (“El Diseñador”, como lo llama su entorno) repite los mismos cuentos. Como, por ejemplo, “fundé mi empresa hace treinta años; tenía 8 años en ese entonces”…

En realidad tiene 58 años, los mismos que tenía yo en ese momento a fines de abril, y no se ve mucho más joven. Claro que es inmensamente más rico y más popular. Además, es tremendamente activo y está pendiente de todo lo que pasa. La primera vez que nos encontramos en persona, en la Fundación Nutre-Hogar, me golpeé en la cabeza debajo de una escala, y él se compadeció de mí. (Menos mal que después no se acordó de este poco memorable incidente. En la noche, en la fiesta de celebración de los 10 años de Kenneth Cole en Latinoamérica, me palmoteó en la espalda. (Bueno, ya que te toque un gringo es curioso en el país del “Don’t touch me!”; por eso son tan populares las terapias de abrazos como las del “Club de la Pelea”.)
Cuando terminé en la tarde en su penthouse la entrevista de 15 minutos, me dijo: “See you in Chile!”.
Al terminar la conferencia de la mañana en la USMA, todos los jóvenes se acercaron a él como si fuera una figura rock, se armó una tremenda confusión, y las niñas gritaban: “¡Lo toqué, lo toqué!”.
La Fundación Nutre-Hogar fue nuestra segunda parada del día. (No tengo ninguna certeza de dónde estábamos en ningún momento del día, pero me imagino que en las afueras de Ciudad de Panamá. Nunca había estado en Panamá antes.)

Curiosamente, esta fundación que enfrenta el problema de la desnutrición infantil estaba dirigida por una chilena, Vanessa Vicuña, hija del exiliado político Manuel Vicuña Ugarte. Ella me contó que su papá era amigo de Salvador Allende, y que después del 11 de septiembre fue detenido. Fue su segundo apellido el que le salvó la vida: era medio pariente de Augusto Pinochet Ugarte, de modo que éste le dijo, o le mandó a decir: “Ya, que se vaya, pero que no vuelva más”. Se quedó en Panamá para toda la vida. En esta Fundación han aprendido mucho de Conin y del INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos).

Los niños bailaron bailes típicos delante de Kenneth Cole y gritaron “¡kewe!”. Kenneth Cole les regaló estilosos zapatos y en la conferencia de prensa de la tarde le donó a la Fundación Nutre-Hogar un cheque por 15 mil dólares.
Después de pasar la mañana en la USMA y en la Fundación Nutre-Hogar, volvimos a almorzar al Hotel Riu Plaza Panamá. Kenneth estaba comiendo, con su entorno, en una mesa más allá. A las 3 de la tarde comenzaban las entrevistas personales de 15 minutos en su penthouse en el piso 34 del hotel. A las 6 de la tarde era la conferencia de prensa, a la que acudieron todos los periodistas panameños interesados, y a las 8, la fiesta de celebración. Todo en el mismo hotel.

En la tarde, cuando daba la última charla en el Hotel Riu Plaza Panamá, Kenneth se ve cansado: no era capaz de enderezar el micrófono.
Así fue ese día martes. Habíamos llegado la noche del lunes. Nos fuimos la mañana del miércoles. Gracias a que fui el primero en asistir a la entrevista de 15 minutos, pude salir a la calle por un ratito y me compré en 10 dólares una tarjeta de memoria de 8 gigas para la cámara. Me perdí, por supuesto; pero siempre me pasa.

>En Twitter: @Ajeldrez