¿En qué se parecen Donald Trump, Sebastián Piñera y Alejandro Guillier? En principio cuesta encontrar un denominador común, pero lo hay: los tres son contrarios al aborto libre. Y en el caso de los precandidatos chilenos, mientras Piñera ha sostenido que está por despenalizar tan sólo en dos causales (inviabilidad del feto y riesgo en la vida de la madre), Guillier lo apoya también en caso de violación, punto ante el cual el ex mandatario se opone de manera tajante.

Agrego a la lista a la senadora Carolina Goic —y más que segura carta presidencial de la DC—, que la pasada semana votó favorablemente ante la idea de legislar, dejando claro, eso sí, que sólo en las tres causales contempladas en el proyecto del Gobierno en 2015, y una de las promesas de campaña de Michelle Bachelet.

Hasta ahora, solo Ricardo Lagos ha demostrado ser más liberal: “Ni los hombres ni el Estado de Chile tienen derecho a privar a la mujer de decidir con libertad sobre situaciones tan extremas y dolorosas. Sería bueno que nos pongamos al día, por respeto a las mujeres”, dijo.

En Chile el aborto inducido o interrupción voluntaria del embarazo es ilegal de acuerdo con el Código Penal de 1874. En 1931, durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, se legalizó únicamente el aborto terapéutico. Sin embargo, en la Constitución de 1980 —a instancias de Jaime Guzmán— se estableció que «la ley protege la vida del que está por nacer», y en 1989, como una de las últimas obras de la dictadura, el Almirante José Toribio Merino, junto con el Cardenal Jorge Medina, influyeron para que en el Código Sanitario se terminara también con las intervenciones terapéuticas… La historia sigue y hoy todavía se discute el derecho de las mujeres a abortar (y eso que sólo se abordan las tres causales) , lo que ha avivado campañas como #YoDecido, sobre todo porque además han sido hombres los que se han arrogado el derecho a opinar e influir sobre el cuerpo —y la mente— femenina.

Vuelvo a Trump y el mortal parecido con los presidenciables chilenos. Luego de la Marcha de las Mujeres —las masivas protestas que tiñeron de rosa las calles a lo largo de EEUU y el mundo, con el aborto libre como una de las proclamas—, al mandatario poco le importó.

Y si bien en el pasado se había declarado partidario de este derecho, durante su campaña su viraje fue tal que incluso llegó a sugerir que se debería castigar a las mujeres que abortaran… Así, una de las primeras medidas fue reinstaurar la “regla de la mordaza global” —o también llamada Política de la Ciudad de México— que bloquea el financiamiento internacional a ONGs que —entre algunas de sus actividadades— apoyen o promuevan el aborto, lo que suscitó la inmediata reacción de países más liberales como Holanda, Francia y los Países Bajos.

De acuerdo a un informe de Amnistía Internacional, la medida “tendrán un efecto real y devastador en las organizaciones internacionales de salud que podrían verse obligadas a cerrar sus puertas a las comunidades necesitadas en todo el mundo. También es probable que sea extremadamente peligroso y, en algunos casos, mortal, para las millones de mujeres en todo el mundo que, como uno de los efectos, perderán el acceso a una salud reproductiva segura”.

El informe prosigue con un dato que nos atañe a los chilenos y chilenas directo al hueso: “El aborto está prohibido totalmente en siete países de la región, aun en el caso de que la vida o la salud de la mujer o la niña dependa de él: Chile, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Surinam. El aborto legal durante el primer trimestre de gestación está disponible en Cuba, Ciudad de México y Uruguay. En la mayoría de los países de la región, aunque sea legal, el acceso a un aborto para salvar la vida resulta muy difícil porque algunos profesionales se niegan a practicarlo por motivos ideológicos”.

Y mientras todo esto pasa, en nuestro país la discusión sigue, aún pendiente como una de las deudas de género aún no saldadas desde la transición democrática. Eso, pese a que en la encuesta de Cadem del 23 de enero, un 71% de los consultados está de acuerdo con el proyecto que legaliza el aborto en tres causales específicas. Pero eso poco importa entre nuestros legisladores, y pese a la evidencia —y la urgencia de contar con procedimientos libres y seguros, aunque sea en estas tres causales, y ojo que no se incluye el incesto—  , el tema sigue dividiendo a la clase política, la discusión se ha vuelto particularmente lenta, y recién en abril el proyecto podrá ser discutido en el Congreso, al fin luego de una serie de indicaciones y trámites…

Ser conservador es a costa de las mujeres, no de los hombres. Nada me saca esta idea de la cabeza.

Comentarios

comentarios