Ya sabemos que el discurso de Donald Trump como presidente electo se ha moderado e intenta mostrarse como un líder de unidad nacional, lo cual queda desmentido por las protestas y los cuestionamientos a sus capacidades e impacto de sus decisiones a nivel mundial. Hasta ahora, sus acciones aparecen moderadas y comprometidas con el sistema democrático. Sin embargo, es urgente conocer cuáles serán las características de su mandato y de qué forma ellas impactarán al interior de EEUU y en el resto del mundo. Veamos un somero análisis.

Quizás lo más relevante para América Latina, y Chile en particular, sea su voluntad de evaluar y derogar eventualmente los Tratados de Libre Comercio. Al plantear esa posibilidad significa que ello incidirá directamente en los aranceles, lo cual se suma al hecho declarado en su campaña que quiere aumentar los aranceles a países como China, entre otros.

Si finalmente lo hace o al menos anuncia su decisión de iniciar ese proceso, significará el inicio de un debate al interior del gobierno y un proceso de negociación con el Congreso, sin dejar de lado a las empresas y distintos intereses que desplegaran sus capacidades de lobby para defender o criticar esta iniciativa. Ello tendrá un efecto en el resto de los países, los cuales deberán optar por esperar la resolución final -que puede demorar meses o un par de años, según cuente con el apoyo del Congreso- o simplemente aplicar aranceles a las importaciones de EEUU en sus respectivos países.

Este solo riesgo significa que parte importante del proceso de globalización asociado al libre comercio se verá enfrentado a un retroceso de tal magnitud que afectará rápidamente la economía mundial, al volver a lo que era en décadas pasadas. La probabilidad de que esto ocurra la consideramos alta, básicamente por ser un slogan permanente de su campaña que tiene en el mundo rural e industrial bastantes adeptos.

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De allí, entonces que el apoyo que le pueda brindar el partido Republicano en la Cámara de Representantes y en el Senado resulte crucial. En este escenario, los países potencialmente afectados ya deberían estar analizando de qué manera se puede influir en ellos y en las demás instancias institucionales que participan de esta iniciativa. Con todo, se debe considerar que Trump es pro mercado y de menos regulaciones pero de exigentes condiciones de parte del Estado para lograr sus objetivos.

Otra área sensible es la que dice relación con seguridad y defensa. Dado su perfil y los anuncios de campaña, es altamente probable que el sector denominado Los halcones tenga un lugar privilegiado en la administración de Trump, con lo cual las soluciones militares y directas, con o sin aliados, serán una opción prioritaria a la hora de analizar la respuesta a riesgos o amenazas. Con ello también se considera un auge de la industria militar y la importancia de fortalecer la capacidad existente para dejar a EEUU como una superpotencia en condiciones de actuar en solitario.

Nada de lo que se puede vislumbrar es similar a lo ya existente o que Estados Unidos haya priorizado en los últimos doce años. Quizás lo único sea la guerra contra el terrorismo, pero todo lo que se refiere a seguridad internacional, cooperación y otros ejes significativos quedan en cuestión mientras no se conozca a su equipo y podamos percibir de qué manera enfrentara el cambio climático, de qué manera impulsará el desarrollo industrial y tecnológico y, en particular, de qué forma hará de Estados Unidos una gran nación en solo 4 años.

En suma, y hasta ahora, el mejor apodo para Trump es “Incertidumbre”.