A veces me da por las preguntas raras. Voy del haikú japonés, tipo ¿cómo suena el aplauso de una sola mano?, a la aporía, ese razonamiento en el que surgen paradojas irreconciliables, como cuando al pensar en la nada se supone la existencia de algo, que se supone no existe. No lo hago tanto de manera ociosa y mecánica, motivado por alguna fantasía edificante –como la tan chilena “kinoterapia”- o por pesimismo inverso –“¿qué habría pasado si no me diagnostican a tiempo…?”- como por genuino deseo de conocer la verdad. Uno de mis tópicos favoritos dice relación con la naturaleza humana y su supuesta bondad o maldad intríseca, las motivaciones verdaderas de los
actos y especialmente en plan autocrítico-autoflagelante.

El ejercicio filosófico estriba casi de manera implícita cuestionamientos sobre la ética y la virtud, la moral y lo correcto y, créanme, eso es algo un poco más profundo y complicado que el acumular argumentos para convencerse uno mismo –al otro jamás se le convence- de que tenemos la razón.

Lógicamente, la respuesta no siempre llega fácil. Si así ocurre, es otra trampa del ego. Pero si algo he aprendido en la vida es que la respuesta que vale nunca se encuentra en los canales oficiales y mucho menos es la que se da por sentada.

Así las cosas, me he estado preguntando recientemente ¿a quién le debe dinero Grecia? Recurrí como primera fuente a mi amigo el destacado Pablo Cuéllar (ojo con este nombre, especialista internacional emergente) quién hizo un resumen rápido: “Los acreedores son el Banco Central Europeo y los otros de siempre: el FMI, el Banco Mundial, además de países europeos, principalmente Alemania”. Surgieron de acá una serie de dudas que se pueden resumir reiterando la pregunta y agregando un par de cosas: ¿OK, pero, a quién en realidad le debe dinero Grecia?

Porque a fin de cuentas el dinero de esos organismos y países es de alguien. O mejor dicho, la deuda es de alguien, ya que como sabe todo el que sí sabe, el dinero en realidad no existe, no es más que un número escrito en alguna parte.

He visto con gran sorpresa como las autoridades griegas han dado otro ejemplo de dignidad y democracia al mundo al consultar a los ciudadanos si están dispuestos a que el gobierno de turno los hipoteque a ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, para repactar con sus acreedores. No me sorprendió tanto el rotundo no, porque a fin de cuentas, la mayoría preferiría no pagar algo aunque esté consciente de estar en deuda. Tampoco me sorprende, aunque me parece triste, que los acreedores hayan perdido toda paciencia y estén dispuestos a cobrar sea como sea. Ahí operando para los verdaderos dueños habrá cientos de profesionales formados en las mejores escuelas y universidades del mundo, gente que habrá leído y conocerá de memoria a los clásicos, que probablemente más de alguna vez se habrá maravillado de la grandeza del mundo antiguo, el saber y la ciencia que nos legaron los griegos, ante los pies mismos del Partenón, la Victoria de Samotracia o la Venus de Milo, por de pronto, gente que se llena la boca hablando de democracia, ciudadanía, libertad.

Ahí están Merkel y Hollande actuando como esos ejecutivos de cobranza que aterrorizan a la gente mencionando como si nada las palabras “cobranza judicial” o “embargo” y al mismo tiempo se muestran generosos y comprensivos ofreciendo una repactación (ese, sépalo, es su verdadero objetivo, lograr que la deuda crezca porque ese y no el dinero es el capital en el mundo de hoy), mandados por algún poder en las sombras con la misma moral de quien haría a un anciano hipotecar su casa para mejorarle una pensión de hambre.

Entonces me pregunto ¿no sería acaso democrático preguntarle al pueblo europeo, o a los ciudadanos del mundo, ya que estamos, si creemos que vale la pena este modelo económico?

¿Vale la pena oprimir a un país para perseguir una deuda de porquería? ¿No es mejor ayudar, sin condiciones, a los descendientes de aquellos a quienes les debemos todo? Porque el dinero recuperado irá al pueblo europeo ¿no? ¿O irá a los bolsillos de algún privado? ¿De quién es el dinero que se le prestó a Grecia?.

Porque una cosa es obvia. Alguien sin duda ha de ser el dueño del dinero que le cobran a Grecia, a usted y a mí, pero nadie más que cada uno de nosotros es dueño de la riqueza verdadera. Del trabajo, el arte, los sueños que se hacen realidad. ¿Será por eso que nunca nadie nos pregunta nada?

Comentarios

comentarios