“La gente no quiere más drama”, explica. Su visión y estilo de trabajo deja huellas y la grúa del canal de Luksic se llevó a toda una unidad de creativos. Ella hace sus descargos.

Es acelerada. Imparable. La energía con que se pasea por los pasillos de Televisión Nacional es como la del huracán Katrina y empapa a sus equipos. Lleva más de veinte años ligada al canal. A la hora de las fotos se instala en el estudio de Separados y ruega: “Que nadie entre, que nadie entre, o me van a hacer bullying…”. Resulta curioso que la mujer fuerte de las teleseries de TVN se reconozca “planchosa” y hasta sufra con las indicaciones a la hora de someterse al lente de CARAS. Claro que personalidad no le falta para comandar una ‘fábrica’ que actualmente realiza seis teleseries anuales, y un engranaje conformado por un equipo de 200 personas, sumando  técnicos, creativos y una sesentena de actores. Pero ahí está: sonriente, controlada, aunque pronto reconocerá que el calvario va por dentro, que baja de peso cada vez que va a salir al aire, que pasa noches sin dormir y que ya se acostumbró a leer guiones y revisar imágenes hasta la una de la mañana. También que ha bailado con la fea. Pero que hay que ser optimista “y si el buque se hundió, el siguiente tiene que salir a flote”.

Obsesiva hasta la médula, no deja nada al azar. Difícilmente podría cuando sus teleseries representan el mayor ingreso de la estación, y un buen producto puede llevar el rating general a los cielos o arrastrarlo directo al infierno. “Pero es lo que me encanta. Para esto sirvo”, asegura.
Después de teleseries como Mi nombre es Joaquín y Reserva de familia, que obtuvieron una acogida bastante tibia, hoy la ‘flota’ del segundo semestre está compuesta por Pobre rico, Dama y obrero y Separados. Las tres lideran en su horario y de paso han ido reflejando una mirada del país hasta hace no mucho ausente, como las críticas a la desigualdad social, la diferencia de clases, el mundo de los divorciados, temas que caracterizan al Chile de hoy y que, según esta egresada de producción y dirección en el Incacea, han hecho que la gente se conecte y se sienta identificada.

“COMO TELEVIDENTE SOY BIEN RARA. VEO MUY POCA TELE, ME CANSO… A veces sigo algunas series por ahí. Me encanta Discovery channel, me puedo quedar toda la tarde viendo un documental. Pero ¿de nuestra televisión? Las puras noticias nomás”.
—¿Qué opina de Los ‘80?
—No la sigo, no porque no me guste o porque sea del 13, sino porque ya no me subí. Ocupo el tiempo leyendo, con mis hijos.
Nunca fue muy fanática de la TV. Con lo único que enganchaba, eran las  teleseries. “Me encantaban, las veía en la tarde después del colegio”. Así desfilaron por la pantalla Marta a las 8, La madrastra, La torre 10, íconos que quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva y donde ella ha aportado con otras tantas, partiendo con Amame —que marcó su debut como directora y de paso descubrió a Angela Contreras— y siguiendo con más de una treintena de producciones, como Rojo y Miel, Amores de mercado, y las nocturnas Los treinta, El señor de la Quena01Querencia, ¿Dónde está Elisa?
La pega se la toma en serio. Casi no tiene tiempo para ver tele y prácticamente no lee otra cosa que guiones. “Busco historias, mi tiempo de lectura es de trabajo”. No se le escapan los diarios, como ocurrió con un asesino en Holanda que descuartizaba a sus víctimas y las escondía en el refrigerador y que la inspiró para hacer la exitosa Alguien te mira. Ahora está con una historia que ocurrió en Chile, “pero no te puedo contar nada. ¡Imagínate!, se la daría al enemigo…”, y ríe a carcajadas aunque se nota que habla en serio porque la guerra de las teleseries existe. Hace poco Canal 13 les levantó un equipo de ficción completo, cuatro personas en total, “seguramente porque quieren armar un área dramática más potente”. Y concluye: “Ya es habitual que las miradas se dirijan a TVN: primero fueron ejecutivos, después del área de prensa, luego gente del matinal y ahora el área dramática…”.
—¿Le dolió?
—Por supuesto que golpea, no pasa indiferente. Igual nos adecuamos rápido… Siempre he dicho que aquí nadie es imprescindible, ni yo ni nadie; el área dramática es una máquina muy grande y es difícil que deje de caminar.

HOY SU TAREA SE CONCENTRA EN ‘OLFATEAR’, ANTICIPAR LO QUE VIENE, “VER PARA DÓNDE VA EL PAÍS y reflejar lo que pasa”. Una fórmula que a poco andar ha traído éxito. “Hoy los jóvenes están involucrados en muchas cosas, son proactivos; se manejan en temas que a mí por ningún motivo se me habrían ocurrido a esa edad. La misma sexualidad. Antes yo no me atrevía a preguntarles nada a mis padres. Y la diferencia social hoy ha arremetido con mucha fuerza. ¿Por qué no hacernos cargo? La contingencia es importante. En las últimas nocturnas hemos tratado la pedofilia, el incesto, temas duros que empezaron a aparecer con mucha intensidad. Lo mismo que la diferencia de roles: hoy la mujer trabaja, es jefa de hogar, tiene que ser eficiente las 24 horas, versus padres que muchas veces ganan menos y tienen problemas en el trabajo. Tratar esto es parte de nuestra labor. Ya no podemos mirar para el lado”.
—Y esos temas en lo personal, ¿cómo la tocan?
—Obvio que lo siento. Mientras existan problemas como la desigualdad nos va a costar más como país salir adelante.
Cuando joven María Eugenia se involucró en grupos sociales, iba a las poblaciones a ayudar, a recolectar ropa. “Siempre he sido muy religiosa”, reconoce.
—¿Qué opina entonces de los múltiples casos de sacerdotes acusados de pedofilia, abuso sexual y de poder?
—Es súper jodido, me ha llevado a replantearme. Ahora, aclaro que tampoco es que sea religiosa al punto  de ir todos los domingo a misa. Más bien me definiría como creyente, ¡pero no soy una monja!
—¿Haría por ejemplo una teleserie sobre el Caso Karadima?
—No hay ningún tema tabú. Lo único claro es que hay que manejarlos con el cuidado que se necesita. Qué más delicado que tratar la pedofilia con niños de siete años. Y lo hicimos súper bien: tuvimos un promedio de 20 puntos (dice por El laberinto de Alicia).
—Marcó menos que otras nocturnas.
—Era un tema duro y lo sabíamos. A veces cuesta ver este tipo de situaciones; la gente no quiere darse cuenta.
Hoy la tecla está puesta en el humor. Después de una seguidilla de producciones bastante oscuras, Quena Rencoret reconoce que el género se agotó. Eso, sumado a un año convulsionado, marcado por marchas y protestas sociales, llevaron a TVN a dar un giro. “La gente no quería más drama. No puedes llegar a la casa y después de tener un día estresante, ver un problema espantoso en la noche. Optamos por ‘alivianar’ un poco la pantalla. Así surgieron Aquí mando yo, Pobre rico, Separados”.
—Llama la atención que hoy la televisión haya puesto el foco en los separados.
—Las rupturas dan para mucho en una teleserie, alimenta la pena, la soledad, el sufrimiento, las ganas de volver con el otro. Son muchas las aristas.
María Eugenia sabe de lo que habla. Es conocida por involucrarse hasta el fondo en la fase creativa, algo que literalmente la desvela. “Es muy entretenido. Echas a volar tu imaginación, pones sobre la mesa los temas que te gustaría tocar, la contingencia, la familia, todo lo necesario para crear buenas historias.Participo activamente con los guionistas”.
—Hoy existe una fuga de creativos; muchos han partido a trabajar fuera de Chile…
—Pero aunque estén lejos, igual funcionamos. Con Sebastián Arrau, con quien estamos haciendo la nueva producción de las 20.00 hrs, no nos hemos mirado nunca la cara. Todo es por Skype. Las reuniones son con él en la pantalla, el productor ejecutivo y yo en la oficina, y vamos pimponeando. Otras veces me voy con el equipo un par de días fuera de Santiago a puro trabajar en la historia, o partimos a la playa o nos encerramos en un hotel.

No corre riesgos. Cada nueva idea, cada posible tema, todo es contrastado con el área de estudios de TVN, a cargo de Matías Chaparro. A diario conversan, revisan encuestas, tendencias de mercado, focus groups. Se diría que es todo un trabajo de laboratorio. “Esta pega consiste en anticiparse. Ahora estamos con la cabeza puesta en el segundo semestre de 2013, allá adelaaaante. En el fondo son apuestas y muchas veces le achuntamos. Por eso los otros canales tienen los ojos puestos en nosotros; hacemos bien la pega”
—¿Es cierto que baja tres kilos antes de lanzar una teleserie?
—Noo, nada que ver, que son exagerados, es mucho menos (ríe).
—¿Cómo hace con las presiones?
—Tirando todo pa’ fuera, bien histriónica. Pero soy positiva y a los problemas le pongo el hombro.
Quena02—¿Qué pasa cuando le va mal?
—Buu, he bailado con la fea muchas veces; son seis meses enteros que entro al canal pidiendo perdón, con la cabeza agachada y disculpándome desde el guardia al director ejecutivo. Es que todos tenemos claro lo que significa para el canal que a una teleserie le vaya mal. Es duro. Es un trencito que no es muy fácil de revertir. Te sientes responsable, lo pasas mal. No queda otra que mirar pa’ delante. Si se hundió el buque el otro tiene que flotar.
—¿Hasta autocrítica al extremo de lo cortopunzante?
—No, si una está vieja ya. Ya no me voy a ir a tirar al Mapocho.
—¿En su vida personal también es igual de tiraparriba? Hace poco tuvo que enfrentar la muerte de su papá.
—Sí, me golpeó mucho. El recuerdo sigue siempre. Es jodido. Yo soy la más chica de cinco hermanos, una familia muy aclanada. Y el papá era un pilar en la familia. Lo admirábamos. Era muy de piel. Cualquier problema, vieja como estoy, me sentaba en su falda y todo estaba bien.Se echa mucho de menos (se emociona). Hablaba todos los días con él. En el fondo aprendes a llevar la pena. Cuesta. Van a ser tres años. Hablo con él en la noche. Tengo una foto al lado de mi cama y lo miro, le digo ya pues papá, ayúdame con esto… Pucha viejo, acuérdate de mí. Se echa de menos el viejito.

“ESTAMOS TODOS EN DEUDA. LOS CANALES DEBIÉRAMOS PREOCUPARNOS DE HACER UNA MEJOR TV —dice la Quena entrando de lleno a la televisión a secas—. Si nosotros nos preocupamos de no hacer cualquier teleserie, ¿por qué los demás no? Las billeteras de goma buscan el rating fácil. Así se va reventar la industria con esas prácticas de elevar desmesuradamente los costos. TVN claramente no puede entrar en ese juego porque no tiene una espalda económica. El negocio actual consiste en ganar plata, no en poner contenidos. De verdad espero más. Sobre todo de las nuevas apuestas”.
—¿Se refiere a Mega y Canal 13?
—Claro, pero ahora están parados en la farándula y en los realities, nada más. Esos son sus pilares. Cambiaron, llegó un equipo de ejecutivos de primera, pero chuta, yo no veo que hayan hecho algo que valga la pena… Nada más que televisión fácil. Pero a nosotros se nos exige más como canal público. Nos podemos pelear con las mismas armas que los otros canales, simplemente porque no las tenemos; hay que preocuparse de la misión, de poner temas en pantalla que digan algo, hablar de cosas importantes.
—¿Cómo calza ahí el docurreality de Las Argandoña?
—Bueno, esas son decisiones que no tomo yo. No influyo tanto… Soy directora ejecutiva de un área.
—¿Pero qué opina de esta producción?
—No me pareció mala. Es muy parecida a Los Méndez, que funcionó, y creo que la lógica fue seguir con algo similar. Pero la boicotearon, en Twitter se hablaba de la plata que recibieron (alrededor de 200 millones), aunque honestamente no tengo idea si habrá sido cierto. Ahora, uno ve cuanto se les paga a los del reality del frente…
—¿Le consultan esta clase de decisiones?
—A veces, pero no siempre.
—¿Se proyecta en otras áreas de la TV?
—No tengo tiempo. Olvídate la cantidad de pega que tengo.
—Vicente Sabatini pasó en algún momento de director del área dramática a director de contenidos del canal…
—Pero yo no tengo esa clase de ambiciones. Estar en esos cargos es tremendo. Hay que dedicarse a lo que manejas.
—Se ven pocas mujeres en las altas esferas del canal. En la dirección ejecutiva, a excepción de María Elena Wood, todos los mandamases han sido hombres.
—No sé por qué, no tengo idea, pero pierde cuidado que no me interesa. Estoy súper bien aquí con mis pollos, cuidando mi granja. Tampoco me iría a otro canal.
—Dicen que es bien maternal para relacionarse con sus actores.
—Se requiere de harta sicología. Pero también son relaciones de tanto tiempo que hay cariño. Por nuestro trabajo, nos movemos mucho por los afectos, las emociones, y uno se entrega…
—Aunque se arriesga a que todo sea mucho más intenso.
—Hay que aprender a separar las cosas. Cuando estás hablando algo netamente profesional, te concentras y hablas seriamente. Después podemos conversar con un cafecito y un puchito.
—Dicen que son bien  especiales los actores, con sus altos y bajos, los egos…
—Pero los egos los tiene todo el mundo, hay que saber administrarlos.
—¿Cuáles son más difíciles de administrar, los de los hombres o de las mujeres?
—¡Los hombres son terribles! (ríe). Nooo, mentira. Ahora si viene alguien muy inflado, le digo yaa, sale, bájate un poco. Aquí no hay nadie que se sobregire y se crea George Clooney.

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